El 8 de marzo se sentó en la sala de conferencias de City Bell con el presidente Martín Gorostegui a su izquierda y Marcos Angeleri a su derecha, y con su tono de voz tranquilo y reflexivo en cada respuesta, afirmó: "Mi primer objetivo es encontrar el equipo y una forma que nos guste para sentirnos cómodos. Si encontramos eso rápido, veremos qué tan lejos estamos de los objetivos que ya se han planteado. Esto recién empieza".
"Vamos a intentar hacer cosas simples, que no es algo sencillo pero es por dónde se empieza. Tenemos un buen mix de experiencia y juventud, como para competir. Vamos a buscar encontrar el equipo lo más rápido posible para empezar a ponernos nuevos objetivos", fue otro de sus mandamientos.
Y así se hizo camino al andar. El sábado 11 salió el Estudiantes de Domínguez por primera vez a la cancha, con la idea de empezar a dejar rápidamente en el olvido el destructivo ciclo de Abel Balbo, que lo único positivo que logró fue su salida. Ya quedó dicho en su momento -y no hoy con los resultados en la mano- que los dirigentes tomaron la mejor decisión. Estuvieron rápidos de reflejos para cambiar un rumbo que no conducía a nada bueno.
Fue triunfo ante Huracán, con el agónico gol del Rusito Ascacibar. Un partido que solo dejó el triunfo y algo de lo futbolístico en el primer tiempo. Domínguez se apoyó en la experiencia y luego vino la derrota después de 13 años en el clásico ante Gimnasia, que generó enojos pero mirando hacia atrás significó el comienzo de un cambio.
Esa tarde, Domínguez volvió a hablar con su tono pausado y dijo: "No me gustó nada el segundo tiempo, salimos como ante Huracán a esperar que el tiempo pase. Eso no puede suceder. Ahora tenemos 15 días para trabajar el próximo partido".
Las decisiones fuertes se iniciaron por la defensa. Adentro los jóvenes Santiago Núñez y Gastón Benedetti, Lollo como líbero y partido a partido la mejoría fue notable. De un equipo permeable, al que le llegaban fácil y le convertían mucho, pasó a convertirse en un conjunto más seguro y con siete vallas invictas.
Se observó la mejor versión de Lollo en el club, con voz de mando y protegido por Núñez y Zaid Romero. Jorge Rodríguez volvió a estar en su mejor versión y, de a poco, el comandante Fernando Zuqui recuperó sus jinetas. Volvió a sentirse importante en el funcionamiento del equipo.
Así fue pasando con cada protagonista. Benjamín Rollheiser, al que se pedía colgar en Plaza Moreno después del clásico, se convirtió en un hombre clave, aún con ocas por mejorar, en la estructura ofensiva del equipo.
Los números gobiernan el mundo. El rendimiento con Balbo en ocho partidos fue del 27,77%. Con Domínguez, en once partidos la eficacia trepó al 78,78%. Más claro y contundente, imposible. Con el Barba en el banco, ganó ocho partidos (cuatro de seis de visitante), empató dos (los únicos juegos donde no convirtió goles) y perdió solo uno. Marcó 17 goles y recibió apenas cinco (dos en los últimos nueve encuentros).
¿Se transformó en un equipo invencible? De ninguna manera. Ese equipo no existe ni acá ni en el mundo. ¿Puede perder con cualquiera? Seguramente, y tal vez le toque en cualquier momento. Pero lo que se nota que Domínguez logró en este poco tiempo, sin elegir el plantel pero tomando decisiones, no poniendo excusas por las muchas lesiones ni por la seguidilla de partidos, es que Estudiantes es un equipo distinto, difícil, confiable, compite y genera esperanzas.
En las últimas conferencias analizó: "Hemos logrado en este tiempo una forma de jugar, donde los jugadores están bien y se sienten cómodos, queda mucho por mejorar pero el camino es este".
En mayo se le vienen compromisos fuertes. En horas, Vélez, a pesar de su irregular momento; Defensa y Justicia en Varela, y Tacuary en Paraguay, en otro desafio para buscar la clasificación en la Sudamericana.
Domínguez, en poco tiempo, hizo mucho y le queda mucho por hacer. Uno de los desafíos será ir alargando un plantel que, en especial en materia ofensiva, le quedó cortó y el DT también marcó el territorio post Bragantino: "Hay que entender que no nos pagan para entrenar bien en la semana, nos pagan para jugar bien y ganar". Más claro, imposible. Muchos tendrán que entender el mensaje y aprovechar las oportunidades para seguir arriba del barco.