La mayoría de los platenses asocia el apellido Franchini con algo innegablemente delicioso: helados. Y también con una importante cadena de locales de venta de helados que fueron casi parte del patrimonio de la ciudad por casi 50 años.
La mayoría de los platenses asocia el apellido Franchini con algo innegablemente delicioso: helados. Y también con una importante cadena de locales de venta de helados que fueron casi parte del patrimonio de la ciudad por casi 50 años.
Pero Franchini paso a paso comenzó a identificarse con un rubro bastante diferente, a partir de que Mariano Franchini, hijo menor del fundador de la primera heladería en Berisso, allá por 1975, decidiera colgar los guantes con la gastronomía y dedicarse a los negocios inmobiliarios.
Nadie en su familia lo acompañó en su decisión, pero le bastó la autoconfianza para comenzar a recorrer un camino que iba más en sintonía con él y sus intereses. Diez años más tarde, Mariano Franchini, ya matriculado como martillero, puede asegurar hoy que fue buena la decisión tomada.
“Fui aprendiendo en la marcha, mientras trabajaba en el rubro inmobiliario, y me resultó fácil porque ya era comerciante. Esta actividad es de relaciones y negociaciones. Mi experiencia hizo que me sea mucho más fácil cerrar operaciones… me di cuenta de que es una herramienta que no todos tienen, y eso hace la diferencia”, puntualiza Franchini.
A esa herramienta, además, se le agrega un factor primordial a la hora de sostener un negocio inmobiliario: la confianza del cliente. El martillero de 43 años asegura que hoy cosecha mucho de las relaciones y buenos vínculos que fue creando en conjunto con su familia, desde la primera sucursal de Heladerías Franchini, pasando por los 10 locales que llegaron a coexistir en La Plata y alrededor, hasta el último. “Después de tantos años gran parte de mis clientes son viejos conocidos y familiares, y hoy veo el fruto de los valores que me dejaron mis viejos en cuanto a cómo conducirte en la vida y con las personas. Hace, a su vez, que ésta hoy sea una linda actividad, que te brinda mucho”, dice además.
El equipo de Franchini Propiedades está abocado exclusivamente a la venta. A la inversa de lo que indicaría el sentido común, el movimiento en ese rubro es constante. Cada año se arriba a un número satisfactorio de operaciones -que oscila entre las 25 o 26 ventas concretadas-, y este año no parece ser diferente. La mayoría de ellas apuntan a inmuebles de un valor cercano a los 50 o 55 mil USD, con lo cual se deduce que hoy el comprador es el ahorrista de clase media interesado en invertir, en lugar de guardar bajo el colchón, antes de un posible cambio de signo político en el Gobierno.
Tras una década en el rubro, Franchini sabe que cada año de elecciones la gente se anticipa a posibles cimbronazos, pero nada hace pensar que eso pueda pasar en los próximos meses.
“Este es un mercado de oportunidades, y hoy es el momento de comprar”, apunta Franchini, y retoma su idea: “Las propiedades dudo que bajen mucho más, pero hoy el que tiene ahorros producto de una herencia, venta o lo que fuera, puede comprarse un departamento de un dormitorio, cuando antes llegaba a un monoambiente. Y así en escala hacia arriba, hasta que el mercado se reactive o estabilice”.
En tanto, desde el lado del vendedor, son otras las variables que hay que entender y Franchini sabe que ahí aparece claramente su función como martillero: más allá de los índices de inflación, si a su propiedad el vendedor no la pone a precio de mercado - lo que implica bajar ese precio-, no logrará venderla. Esto ocurre hoy, en un contexto de operaciones agresivas y en un presente donde quien tiene el mando es quien tiene el dinero, y no la propiedad. Por ello, para Mariano los vendedores no deberían cerrar las puertas ante una oferta agresiva sino agradecerla, porque una oferta implica interés de la otra parte, y, por lo tanto, la posibilidad de venderla.
Pero en los últimos años Franchini no solamente se abocó a su rol de martillero sino que comenzó a desempeñarse también como desarrollador, otra de las facetas motivadoras que tiene el rubro. En conjunto con el EstudioGR arquitectas, trabajan actualmente con el desarrollo de edificios, uno de ellos ubicado en una bella zona del barrio de Gonnet, en calle 504 entre 14 y 15. Usualmente, la venta de las propiedades de estos edificios, desarrollados y ejecutados por el propio Franchini, se vendían cómodamente de pozo, una opción redituable para el comprador y beneficiosa en cuanto al precio, que siempre es más bajo respecto de la cotización una vez que recibe su inmueble.
Como efecto post pandemia, las propiedades bajaron, y también la venta por pozo, al estar detenida la construcción durante tantos meses. En la mayoría de los casos, no se pudo cumplir con la fecha de finalización pactada, además de que los propios inversores tampoco pudieron reunir el capital en tiempo y forma.. “Muchas veces vemos carcazas de edificios y la deducción es rápida: construcciones sin terminar… gente estafada que ni siquiera sabe quién es el desarrollador. Antes de comprar por pozo, hay que tomar muchos recaudos”, apunta Franchini y agrega que es importante informarse sobre quién desarrolla el proyecto, que se acuerde todo por escrito, pactar las cuotas claramente de antemano y disponer de los papeles necesarios para poder escriturar.
Nuevamente, la confianza vuelve a ser el pilar sobre el que se asienta este tipo de venta. Por eso, en su experiencia la venta siempre fue del “pozo entero” antes de que el edificio salga a la comercialización. En otras palabras, al momento de escriturar, la totalidad de las propiedades de ese edificio está vendida.
REDES Y COMUNIDAD
El respaldo y la confianza construidos, como generar y mantener relaciones en el rubro y fuera de él, son los ejes fundamentales para sostener y hacer crecer el negocio. Así, la Comunidad de Negocios Inmobiliarios cumple un rol fundamental para Franchini por la sinergia que crea, la posibilidad de crear una red entre pares y trabajar en conjunto.
A la par de ello, es fundamental también -considera- mantenerse proactivo, lo que implica estar atento a muchos factores del mercado, pero sobre todo a los intereses de los futuros compradores o clientes. Como en la mayoría de las inmobiliarias, el primer contacto de lo que podría convertirse en una transacción tiene lugar en las redes -Instagram y Facebook a la cabeza-, pese a la proliferación de plataformas, apps y Mercado Libre. Por eso la inversión en redes es clave, pese a que no todos lo entienden así.
“Lo que sucede es que a nadie le gusta invertir en uno mismo, a mí me cuesta menos porque siempre invertí en publicidad en medios de comunicación, trabajando en las heladerías”, asegura Mariano. “Pero la deducción es simple y rápida: si uno no invierte en sí mismo, ¿por qué debería creer que otro debe invertir en mí? Si uno no se crea esa publicidad o no genera esa venta, no la va a generar otro”, concluye.
Una suma de valores y convicciones que, asegura, recibe y perpetúa de su familia, desde la fundación de la primera heladería Franchini hasta el presente. Y que, pese a los cimbronazos de la economía en el país, acompañaron el éxito de cada emprendimiento.
Redes Sociales