A medida que se avanza por el túnel, la oscuridad y el olor penetrante a humedad y podredumbre impregnan todos los sentidos. Al principio, la respiración se dificulta. Adelante, guiando el recorrido, camina Lisandro García, un guardavidas que trabaja en el área de Protección Civil del municipio.
—Si seguimos por acá podemos llegar hasta el centro de la ciudad–, dice Lisandro apuntando con la faca hacia una antigua abertura con forma abovedada.
Estamos ingresando al subsuelo de la ciudad donde una extensa e intrincada trama de conductos y tuberías conforma el sistema de desagües pluviales diseñado para evacuar los excedentes hídricos en cada tormenta y la consecuente crecida de los arroyos.
Como un baquiano avezado García conoce cada recoveco de estas profundidades. Sujeta con una vincha lleva en su cabeza una linterna como las que usan los mineros. Entre sus manos maniobra con destreza un machete con el que se abre camino, reduciendo malezas y pequeños montículos de sedimento y basura. Su marcha sigue un ritmo continuo y, como si cada uno de sus pasos estuviera estudiado, eleva la rodilla y luego estira la pierna en busca de afirmarse lentamente con el pie sobre el suelo invisible, cubierto por unos treinta centímetros de aguas turbias.
Aunque para la mayoría de los platenses sea una realidad desconocida debajo de la superficie la ciudad planificada está surcada por un enjambre de casi 50 kilómetros de corredores subterráneos, ramales derivadores y cañerías.
Nuestro guía tiene 59 años y trabaja para el municipio desde hace casi dos décadas Inició su labor después de la inundación de 2013 cuando junto con su amigo Sergio Martínez presentaron a las autoridades un proyecto para organizar grupos de emergencia frente a situaciones similares. Al poco tiempo, fue convocado por Fernando Carlos, que en ese momento se había hecho cargo del área de Defensa Civil en La Plata; juntos desarrollaron un primer y muy básico esquema de respuesta que luego se fue desarrollando pero que, en un principio, contaba con apenas cinco guardavidas sin espacio físico ni equipamiento asignado. De hecho García puso a disposición sus propios kayaks.
"Es clave mantener una limpieza permanente de estos conductos", sostiene García
En la infausta noche de la inundación de 2013, Lisandro salió de su casa en Tolosa a pocos metros del arroyo Del Gato y comenzó a recorrer su barrio en kayak. Esa madrugada socorrió a decenas de personas y animales.
TRAVESÍA SUBTERRÁNEA
Conforme nos internamos en el túnel, cuyos muros alcanzan unos cuatro metros de altura, la luz del acceso debajo del puente se va achicando hasta convertirse en apenas un destello lejano, que se vuelve casi imperceptible hasta desaparecer por completo a nuestras espaldas.
Los primeros comentarios cargados de asombro dan paso a un silencio que permite distinguir el zumbido de respiraciones agitadas solo interrumpido por el chasquido repetitivo de las botas incrustándose en el agua.
El avance se hace más dificultoso debido a la falta total de luz. Es preciso caminar con cuidado y estar atento ante la posibilidad de la aparición de algunas alimañas. Es común toparse en estos corredores con ratas, comadrejas o víboras.
Cada tanto, pueden verse escalerillas de hierro que terminan en aberturas más pequeñas que conducen a bocas de inspección situadas en distintos puntos de la geografía urbana. Solo es posible acceder a esas tuberías secundarias agazapados deslizándonos con la ayuda de pies y manos.
–Ya estamos a la altura de la avenida 13–, calcula Lisandro mientras con el machete libera residuos que cargados con sedimento impiden el drenaje fluido.
Durante mucho tiempo existía, sobre el desaguadero debajo del puente del arroyo Del Gato una malla plástica que recogía desechos, pero ésta fue retirada años atrás.
A través de los túneles es posible atravesar la ciudad por debajo de la superficie.
Ocurre que el sistema de desagües presenta suciedad y acumulación de desperdicios ya que se producen descargas clandestinas de cloacas y basura arrojada a lo largo del curso aguas arriba. “Acá es indispensable realizar una limpieza periódica porque si no el sistema se obstruye y no funciona cuando se lo necesita”, indica García.
Consultado al respecto por 0221.com.ar el director de Hidráulica municipal, Luis Caruso, asegura que hay un programa permanente de recorrido, inspección y limpieza ya que existen interferencias y vuelcos clandestinos de cloacas”, señala el funcionario. Y aclara que “la competencia de la limpieza de la red es de la comuna mientras que el manejo de los cursos de agua a cielo abierto corresponde a la provincia”.
“El casco fundacional de La Plata es una especie de techo a dos aguas que, cuando llueve divide en dos el caudal de agua caído. Un 70 por ciento vierte hacia el cauce del arroyo Del Gato, mientras que el 30 por ciento restante derrama hacia el arroyo Maldonado y una pequeña porción al arroyo del viejo Zoológico en el Paseo del Bosque”, explica el director de Hidráulica del municipio.
Los días de lluvia, las casi 4000 bocas de tormenta ubicadas en las esquinas absorben los excedentes hídricos y los trasladan hacia la red de cañerías y túneles que conducen el agua hacia el Río de La Plata. El sistema de desagüe del casco tiene unos 50 kilómetros de los cuales la mitad corresponde a conductos troncales, informa Caruso. Los conductos troncales corren debajo de las calles 25, 19, 13, 11, 7 y 5. De ellos, el que va por 19 desde 58 y llega por diagonal 76 hasta la Plaza Belgrano es el más antiguo. Sus paredes al igual que el techo abovedado están recubiertas de ladrillo en lo que los técnicos denominan una “sección modelo”.
La limpieza periódica de bocas de tormenta y sumideros es clave para mantener en condiciones los conductos subterráneos.
Tras una gran inundación ocurrida el 27 de enero de 2002 que afectó principalmente la zona norte de la ciudad, la Municipalidad de La Plata dispuso la creación de la Dirección de Hidráulica local. En ese contexto se empezaron a construir rampas para permitir acceder a los túneles con equipamiento pesado, de modo de proceder a realizar tareas de manutención. A partir de entonces se comenzó a elaborar un Plan Maestro de Obras y Acciones que implicó un replanteo sobre el deficiente sistema de drenaje de la capital bonaerense. La primera de las rampas se hizo en proximidad del Monumento al Gaucho a metros de Distribuidor.
DESCUBRIMIENTO
Lisandro García descubrió los túneles en su adolescencia. Jugaba al fútbol cerca de un puente cuando de pronto la pelota se cayó por la barranca hacia el arroyo. Uno de los chicos bajó a buscarla y llamó al resto. “Primero nos alumbrábamos con una vela y luego con antorchas. Entramos intrigados por el misterio de lo que habría ahí y a dónde conducían esos túneles”. Tantas veces ha ingresado desde entonces que ya conoce de memoria los circuitos por los que se puede atravesar la ciudad bajo tierra.
“Es algo bastante peligroso. Solo se puede hacer con la guía de alguien que conozca del municipio porque es posible perder la orientación y también es necesario tener en cuenta que no puede ser un día lluvioso porque con una tormenta aunque no sea muy fuerte rápidamente cambia el caudal y se produce una correntada muy fuerte”, explica y asegura que durante una tormenta esos conductos se transforman en verdadero rápidos donde el agua circula a una velocidad capaz de arrastrar lo que encuentre a su paso. Recuerda una anécdota: “Una vez nos agarró adentro una lluvia repentina y salimos con el agua al pecho. Nos arrastró la correntada y por suerte pudimos salir pero en una tormenta grande este lugar puede ser una trampa mortal”, advierte.
Podría decirse que la vida de Lisandro García está ligada al agua. De chico pasaba casi cuatro meses en una casa familiar en San Bernardo donde su padre Eliseo Juan Ramón Garcia tenía un estudio como contador. “La pasábamos todo el día en el mar”, recuerda. También disfruta mucho el Rio de La Plata y en La familia hay muchos guardavidas, empezando por sus tres hijos: Martina, Facundo y Lucio. Martina, la mayor, es hoy la titular de la Subsecretaría de Gestión del Riesgo que funciona en la Central Operativa de Emergencias Municipales (COEM). Sus hijos varones hoy trabajan en playas de Mallorca.
Lisandro García gran conocedor del esquema de túneles y cañerías del sistema de drenaje platense
Lisandro es uno de los responsables de capacitar a agentes del área de Protección Civil en tareas de salvataje frente a un evento extremo. Esos cursos también están pensados para bomberos y guardavidas.
“Los llevamos al río y les enseñamos a usar los kayaks, los botes y la moto de agua” cuenta. “El primer día los hacemos caminar varios kilómetros con el agua al pecho y le vamos indicando cómo manejarse, como prever la existencia de zanjas, cables y otros objetos peligrosos porque para un salvataje las condiciones en un medio urbano inundado son muy diferentes a las del mar o el río”, subraya.
También se les indica a los empleados cómo usar un desfibrilador y hacer maniobras de reanimación en situaciones críticas, así como el modo seguro de subir y bajar a una persona de una embarcación.
Antes de emprender el retorno al punto de partida Lisandro Garcia se detiene y echa un último vistazo girando la cabeza con su linterna. Con sus brazos en jarra suspira y dice: “Pensar que en una lluvia como la del 2 de abril de 2013 todo esto se ve sobrepasado y no alcanza a evacuar el agua con eficacia sin que termine por inundarse la superficie”.