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Las historias jamás contadas de la vida de Dee Dee Ramone en La Plata

Las historias jamás contadas de la vida de Dee Dee Ramone en La Plata

Enamorado de una platense el bajista vivió un mes en La Plata: ensayó en un sótano, ofreció un show legendario y hasta fantaseó con comprar un terreno.

Hey Bárbara, look at this ladder! May I go out? —preguntó sorprendido y con la alegría inocente de un nene que estaba descubriendo algo maravilloso.

Dee Dee Ramone quería subir por una escalera precaria al techo de la casa de Mario Gimeno, su nuevo amigo platense. Estaba terminando enero de 1999 y en City Bell hacía calor. El bajista y compositor de Ramones, la banda de punk-rock nacida en Nueva York a mediados de los 70, estaba contento, conociendo junto a su novia platense, Bárbara Zampini, la nueva sala de ensayo en la que iba a tocar y donde prepararía el único show que ofreció de aquellos días en que vivió en la ciudad de las diagonales, una estancia llena de mitos, anécdotas y detalles pintorescos. Antes de trepar al techo, Douglas Glenn Colvin -el verdadero nombre de Dee Dee-, había paseado por Circunvalación y diagonal 73 en un Peugeot 504; se había devorado una ensaladera repleta de tomate con orégano en un asado en Los Hornos y molesto por el sonido había destrozado una guitarra Samick Les Paul recién comprada.

Dee Dee, Mario y Bárbara en Tolosa: el trío que tocó en Chacal

Las alternativas del paso por La Plata del creador de muchos de los éxitos de la banda que inventó el punk-rock se erigieron casi en una leyenda: a lo largo de los años, los rockeros platenses se encargaron de alimentar la historia y hoy es difícil saber qué fue cierto y qué no. Por entonces no existían los teléfonos celulares con cámaras de fotos y menos las redes sociales. Y eso vuelve fascinante a todo lo que rodea a esta historia. La versión de que el músico estaba en la ciudad había empezado a correr de boca en boca generando una gran expectativa entre los jóvenes que aún mantenían fresco el recuerdo de los cuatro neoyorkinos con sus camperas de cuero negro tocando en River, tres años antes, en lo que fue el show despedida de la banda nacida en 1974 y el nacimiento de la leyenda. 

PIZZAS, ESPÁRRAGOS Y MORRONES

"Yo soy un enfermo de los Ramones y ese tipo -por Dee Dee- a mí me cambió la vida: yo iba a ser uno y fui otro, por él", reflexiona con los ojos brillosos Emiliano Elso mientras observa el paso de un Norte repleto de gente desde la amplia ventana de un bar ubicado sobre la avenida 7. Elso, al que todos conocen como el "Cabeza", es el histórico bajista de Embajada Boliviana, mítica banda punk de la ciudad que aquel verano del 99 fue tocada por la varita mágica.

De familia numerosa, las reuniones multitudinarias que convocaban a hermanos, primos y tíos eran una constante en la casa de sus padres en Los Hornos. Y quiso el destino que en una de ellas, a finales de 1998, sucediera algo impensado: "No me olvido más, yo tenía 23 años y en un cumpleaños estaba con una remera de los Ramones. Se acerca mi tío Carlos -que en paz descanse-, y de repente me dice 'a vos te voy a presentar a uno de esa banda'. Yo me reí y le dije que sí, le seguí la corriente". "¿Puede ser que haya uno que se llame Tití o algo así?", ensayó y le hizo parar la oreja: "Está saliendo con una chica que es de acá de La Plata y el padre es vecino mío, va a venir a pasar las Fiestas". El tío le tiró el bombazo sin anestesia que dejó perplejo al Cabeza.

Bárbara conoció a Dee Dee en un concierto. Tiempo después, se irìan a Estados Unidos.

Pocos días después hubo un nuevo encuentro familiar y el tío insistió: "¡Mirá que viene, eh!". Emiliano se lo empezó a tomar en serio. Y todo lo que vino después fue un regalo de Papá Noel: el 25 de diciembre a la tarde recibió un llamado telefónico del padre a la casa de Kontacu -guitarrista de Embajada-, diciéndole que el tío Carlos se había comunicado para avisarle que en ese momento Dee Dee estaba en el barrio. "Me fui corriendo en malla y en cuero por la calle hasta 4 y 67", se ríe el Cabeza, que actualmente integra el grupo En Bajada.

"Cuando llegué vi que había un tipo canoso con musculosa sentado en una mesa en la vereda, al lado de otro. Me lo presentaron, le di un abrazo, se rió y enseguida me hizo entrar a la pizzería, propiedad de Gustavo Zampini, el padre de su pareja. Fuimos hacia el fondo del local donde estaban Bárbara y Dee Dee y me invitaron a que me quedara a comer. Dee Dee pidió una 'pizza with salami'", rememora, Elso, que se sintió más que afortunado por merendar una de muzzarella con su ídolo, el compositor de Poison Heart y Pet Sematary, entre otros clásicos ramoneros.

Durante el tiempo en que vivió en La Plata Dee Dee y su novia Bárbara Zampini cultivaron un bajísimo perfil. 

Bárbara tocaba el teclado y tenía 15 años cuando en 1994 fue a Capital a ver un show de ICLC (Inter Celestial Light Commune). Allí conoció al bajista -entonces de 44 años- y se enamoraron: hoy sería cuestionado por esa relación con una menor edad. La historia es conocida. Tras ese recital se fueron a vivir juntos y luego se casaron. Tras un fugaz paso por La Plata, recalaron en Lomas de Zamora, al Sur del conurbano, cerca de la cancha de Banfield. Allí convivieron durante algún tiempo hasta que, finalmente, decidieron mudarse a Estados Unidos donde el músico murió el 5 de junio de 2002 a causa de una sobredosis de heroína. Alguna vez, Dee Dee resumió en una carta su visión sobre el país, al sostener que "la Argentina es como un desvío del tiempo". No obstante, la leyenda dice que la pareja pasaba varias temporadas en La Plata, especialmente en City Bell, cultivando un bajísimo perfil.

En un reportaje al que accedió mientras estaba en La Plata, Dee Dee dijo: "Me gusta mucho City Bell, es un barrio hermoso. También me gusta Lomas de Zamora, hay una zona comercial muy buena, sin la locura de Buenos Aires. A lo mejor compro algo acá". "Lo que espero de la Argentina es que mi mujer me cuide (después de haberle pedido perdón a su familia por robármela y eso) y que los fans me adopten... Mi idea es ir y venir, de la Argentina a los Estados Unidos... Vivo de mis regalías, y mientras pueda pagarlo, es una situación ideal", agregó.

Lo cierto es que cuando llegaban las fiestas de fin de año de 1998, el país gobernado por Carlos Menem crujía envuelto en una crisis social y económica que crecía aceleradamente. En La Plata no se hablaba de otra cosa que del Gimnasia de Carlos Griguol, que había dejado escapar el campeonato a manos del Boca invicto de Carlos Bianchi. Aquella Nochebuena el fundador de los Ramones brindó en una casa de 4 y 67, donde vivía su suegro.

La esquina de la casa de los padres de Bárbara.

Los pocos que lo vieron en los días que pasó en La Plata coinciden en señalar que Dee Dee estaba fascinado con la ciudad. Dos décadas después reflexionan que la estrella de rock transitó aquel verano a gusto. Todos recuerdan en que su sola presencia imponía respeto y que pese a ser una estrella siempre fue cordial y amable y nunca se mostró soberbio. Su única exigencia fue que no lo agobien: Bárbara era la encargada de pedir que no se produjeran tumultos ni todas esas cosas que les suelen ocurrir a las celebridades cuando se exhiben en público.

“Los pibes del barrio se sentaban a una casa de distancia y lo veían, pero él no quería que lo molestaran. Aunque ahora me pongo a pensar y digo que en realidad él sí quería que lo molestaran, así los echaba. Se la rebancaba, tenía mucha calle, mucha noche”, dice Emiliano, que va a estar agradecido de por vida a su tío que le facilitó el contacto que le permitió compartir la intimidad con su ídolo durante varios días: desde la tarde de Navidad hasta los primeros días de febrero de 1999 lo vio todo el tiempo, mañana y tarde. La primera vez fue esa tardecita de las pizzas, que continuó esa misma noche en la casa de la abuela de Bárbara para disfrutar de una cena familiar, invitado por Dee Dee. Esa jornada pasará a la historia para el Cabeza por ser su debut con los espárragos: "No sabía ni lo que eran, estaban buenos; Dee Dee los comía con mayonesa". Un par de semanas después, otras personas también se sorprenderían por las elecciones culinarias del ramonero: una tarde lo fueron a visitar a una habitación del Hotel Roga de 54 entre 1 y 2, y arriba de la cama tenía pepinillos, papas fritas, dulce de leche, galletitas, sánguches de salame y leche condensada, todo junto. Eran los días en los que el nacido en Virginia, Estados Unidos, también disfrutó de unos morrones con aceite y ajo que habían sido quemados en las hornallas de una cocina en City Bell, al lado de su sala de ensayo improvisada.

LA PLATA EN UN 504

La noche que conoció a Dee Dee, a Emiliano le costó dormir. No sabía si era un sueño. Pero la aventura recién comenzaba: al día siguiente Bárbara lo llamó por teléfono invitándolo de nuevo porque Dee Dee lo quería ver, y ahí definitivamente comprobó que todo era real. "Volví a 4 y 67, nos saludamos y Dee Dee me hizo entrar a la casa. Tenía una bolsa colgada con un tronco que él mismo había armado porque decía que era como Bruce Lee, que le gustaban las artes marciales. Hacía esos movimientos típicos de esas películas de los noventa con un palo de kung fu; contaba que le habían dicho que acá robaban, entonces él iba a salir con ese palo porque nadie lo iba a joder", rememora el Cabeza, que esa misma tarde se sentó a su lado y lo escuchó tocar unas canciones con una guitarra. Todavía no habían hablado de música: él lo respetaba y no quería entorpecer nada. Luego, el tema saldría naturalmente.

"Yo tenía un Peugeot 504 y salíamos a pasear con él por la ciudad. Le gustaba cruzarla por todos lados; una de sus zonas preferidas era diagonal 73, me hacía parar en un kiosquito de la esquina de 47 para comprar sus Philip Morris y también anduvimos por Circunvalación, una vez que le pregunté si quería recorrer otro camino. Escuchábamos música y hablábamos de los Ramones, yo intentaba sacarle charla con lo poco que sabía de inglés, entonces le preguntaba y él respondía", recuerda veintitrés años después el conductor del vehículo. Mario Gimeno, baterista del único show de Dee Dee en La Plata, también cuenta que su hijo Luciano llevó a Dee Dee a pasear en una Vespa Sidecar, saliendo de un viejo bar de 5 y 44. En varias de esas recorridas Dee Dee elogió un terreno baldío cercano a la casa de Gustavo y hasta llegó a decir que lo compraría para para venirse a vivir.

El miembro del clan Ramone ofreció en la ciudad un solo show en el boliche Chacal de 8 y 42 sin hacer promoción previa.

Un día, con ganas de nuevas aventuras, pidió salir a dar una vuelta y el Cabeza se hizo cargo. En aquella ocasión, Bárbara se quedó en 4 y 67 y Dee Dee se subió al 504 con dirección a 42 entre 17 y 18. Ahí los estaban esperando dos amigos, nerviosos por ser anfitriones de semejante personaje. "Cuando llegamos al departamento, Dee Dee se quedó maravillado. Era un lugar chiquito, oscuro, normal, con una planta de marihuana en el medio que nosotros no teníamos ni idea de cómo se cultivaba. Cuando entró, Dee Dee se soltó: nos habló de todo, nos contó cómo teníamos que tratar a la planta, recordó viejas anécdotas de sus peleas callejeras en Nueva York -se levantó la remera y nos mostró una herida producto de un navajazo-, hizo unas anotaciones en un cuaderno, nos habló de las cuerdas que usaba en sus instrumentos y otros temas más", detalla Emiliano. "¡La pasó tan bien en aquel departamento que le quiso ir a golpear la puerta al de al lado para preguntarle si estaba desocupado, se quería mudar ahí!", se ríe.

En un descanso de su trabajo al frente de Pulp Store, el negocio de ropa de la Galería Central en 7 entre 48 y 49, Martín Moyano se toma su tiempo para viajar con la memoria a 1999. Guarda en su corazón ramonero los detalles de aquella historia. Por entonces estaba terminando el colegio secundario en el turno noche de La Legión, el histórico establecimiento de 12 y 60. En una hora libre hablaba de música con un compañero y al momento de nombrar a los Ramones, Eugenia, una chica sentada junto a ellos dijo que uno de esos músicos estaba viviendo en el hotel de su familia. "No lo podía creer. Me acuerdo que le recriminé que no me lo haya dicho antes", dice con el mismo énfasis de aquella noche.

Dee Dee junto a los músicos de Embajada Boliviana, en un parate de un ensayo.

Durante su estadía platense Dee Dee durmió en varias casas y hoteles cerca de la Estación de Tren, de Plaza San Martín, en City Bell y en Gonnet. A metros del Hospital San Roque, en 19 entre 507 y 508, existía un pequeño hospedaje que administraban la madre y los primos de la compañera de colegio de Martín, que al rememorar aquella experiencia vuelve a emocionarse. "Los primos de ella iban con guitarras a verlo todo el tiempo pero a mi amiga no le interesaba, además decía que Dee Dee no sabía hablar nada en castellano, que solamente pedía 'una Coca Cola por favor' y a veces un café", detalla. "Ella me decía que Dee Dee 'estaba como en su mundo', como un bohemio, pero siempre muy respetuoso", agrega.

"Obviamente yo le pedí que me llevara a conocerlo -cuenta Moyano- y le taladré el cerebro todos los días. Un día me llamó y me dijo que fuera, que estaba. No me olvido más, me subí a un taxi y cuando llegué, Dee Dee se había ido hacía dos minutos. No lo podía creer", se maldice el vendedor, que interrumpe su relato para atender a tres mujeres que buscaban un pantalón. Unos minutos después continúa: "Yo para ese entonces, además de ir al colegio nocturno, durante el día trabajaba, así que no tenía mucho tiempo libre como para ir a hacer guardia al hotel. Los primos de mi amiga sí iban a la noche y se quedaban hasta cualquier hora tocando la guitarra con Dee Dee".

Los que tuvieron más suerte fueron sus amigos: "Uno de esos días caen temblando a mi laburo contándome que acababan de cruzar a Dee Dee en el centro. Fue en un local de comidas frente a Plaza Italia; incluso uno lo ayudó a pedir una ensalada con pollo porque él no sabía hablar castellano". La anécdota es graciosa: agradecido por el gesto Dee Dee accedió a firmarle la tapa del CD Halfway to Sanity y después de charlar unos segundos, con un fibrón escribió solamente "Diego", entonces cuando el destinatario lo vio, se quedó duro, y con timidez le explicó en inglés que lo que quería era su firma, su dedicatoria; y ahí, entre risas, el fundador de los Ramones completó: "Para Diego, Dee Dee Ramone". El chico le contó que tocaba en una banda y que estaban influenciados por Ramones. Antes de despedirse Dee Dee les dejó un consejo categórico: "Hagan algo suyo, algo propio, no traten de copiar a nadie, eso no está bueno". Hasta el día de hoy lo recuerdan.

Quienes tuvieron contacto con el bajista recuerdan que en más de una oportunidad expresó su interés por comprar una propiedad en La Plata.

El paso de Dee Dee por La Plata hubiese estado incompleto si no compartía un asado familiar, cosa que ocurrió promediando el primer mes del 99, en Los Hornos. Durante su estadía en 4 y 67 más de una vez se hablaba de hacer algo a la parrilla; Gustavo -el padre de Bárbara- y Carlos -el tío de Emiliano, a quien Dee Dee llamaba "The capitan"- lo prometían pero no concretaban. Entonces fue el Cabeza quien lo organizó, con la autorización de Bárbara, que un día decretó que había llegado el momento: "Dee Dee quiere comer el asado". "With my friends or with my parents?", le preguntó Emiliano. "No, no, with your parents", respondió. Y así fue.

El fuego se encendió en la mañana de un sábado y al agasajado lo fueron a buscar al mediodía en el Peugeot 504. El destino: la casa de los padres del Cabeza, en 60 y 140. "Cuando llegamos, mis viejos nos estaban esperando. Dee Dee estaba chocho, me acuerdo que lo que más comió fue una ensalada de tomate con orégano que había hecho mi vieja; él se puso la ensaladera enfrente y se la bajó toda", rememora el anfitrión, al que todavía le cuesta creer que una vez puso unos chorizos en la parrilla de su casa para el bajista de los Ramones. Después del almuerzo lo llevó a conocer su pieza, decorada en las paredes con posters y recortes de revistas del cuarteto neoyorkino, cosa que a Dee Dee lo sensibilizó: "Le pregunté si todavía conservaba una de esas camperas, Bárbara me dijo que no, que no tenía más nada de todo eso, y no sabés cómo bajó él; tuvimos que sacarlo de ahí porque se bajoneó. Se sentó al sol con ella y se puso a jugar y a abrazarse con los perros".

La familia Elso guarda todavía un par de fotos sacadas con una Minolta de aquella tarde en Los Hornos. Pero ese sábado no terminó de la mejor manera para el compositor de Sitting in My Room y Rockaway Beach: al asado había ido vestido con un chaleco tipo inflable de los que todavía por acá no se veían y producido especialmente para una entrevista que le habían prometido desde Crónica TV para más tarde, cosa que no ocurrió porque lo dejaron plantado. "Un rato después me llamó el suegro diciéndome que Dee Dee estaba medio deprimido porque se había preparado para la entrevista y nadie fue; se puso mal, estaba ilusionado y contento por esa nota que le iban a hacer y terminó muy triste".

"Well, I just want to walk right out of this world 'cause everybody has a poison heart", había escrito Dee Dee siete años antes. Y Joey lo cantó de una manera desgarradora.

LOS ENSAYOS

La aventura de Dee Dee Ramone por La Plata se verá reflejada en los libros de historia con una única fecha, que es la de aquella noche de febrero en la que tocó en Chacal, el extinto bar de 8 y 42 que lo cobijó con una formación creada para la ocasión integrada por músicos locales a la que llamaron "The Dee Dee Ramone Band". Pero antes de ese show, la estrella se colgó la guitarra -no el bajo- y cantó al micrófono en varias salas de ensayo de la ciudad, dejando momentos memorables para quienes tuvieron la dicha de presenciarlos.

Un trofeo. La letra de Wart Hog escrita a mano por Dee Dee para que la cantara Emiliano Elso en un ensayo.

Una tarde, cuando ya la relación entre el Cabeza y Dee Dee se había afianzado, el padre de Bárbara intentó oficiar de representante y se propuso conseguir fechas para presentaciones. "Gustavo me llamó y me dijo de armar una banda", cuenta Emiliano, abriendo el capítulo musical que lo unió con su ídolo. Dee Dee le preguntó si sabía los temas de Ramones, porque los iba a cantar; además le anticipó que Bárbara tocaría el bajo, él la guitarra, y que necesitarían un baterista. Convocaron a Matías Isla, de Embajada Boliviana, para que se hiciera cargo de la batería, y así empezaron a ensayar. "Te lo llevo a tu casa", le dijo el Cabeza a su compañero de banda, y lo dejó atónito. "Un día salí del laburo, lo pasé a buscar a Dee Dee y fuimos al garaje de la casa de Matu, que es donde ensayaba Embajada. Cuando entró, se le iluminaron los ojos; dijo 'oh, the studio!'". La estrella fue con una guitarra que no sonaba del todo bien, recuerdan los músicos locales. Les dijo que se iba a comprar una nueva y cumplió: al segundo ensayo estrenó una reluciente Samick Les Paul, pero no colmó sus expectativas, así que la dejó de lado y tocó con una Squier Stratocaster de Kontacu, el guitarrista de Embajada Boliviana, que sí le gustó. "Al tercer ensayo ni siquiera trajo la Samick: nos dijo que la había roto toda contra el piso; nos decía 'finish to the guitar'", se ríe el Cabeza.

Dee Dee escribió a mano las letras de Wart Hog y de I Wanna Be Sedated y así comenzaron aquellos ensayos, que se sucedieron uno tras otro con la incertidumbre de no saber cuándo ni dónde tocarían: el padre de Bárbara hablaba de una fecha en el camión de Seven Up y en algunos bares, pero eso nunca ocurrió. El Cabeza recuerda este episodio puntual con cierta nostalgia: dice que el lugar en el que más feliz notó a Dee Dee fue en aquel garaje transformado en sala de ensayo, y hasta el día de hoy se pregunta por qué nunca pudo tocar en vivo con él.

El que sí se dio ese gusto fue Mario Gimeno, un baterista consagrado de 71 años que paradójicamente nada tiene que ver con el punk rock. Ajeno al one two three four de Queens, se las ingenió para tocar sin problemas Blitzkrieg Bop y gritar Hey ho, let's go! junto a uno de sus creadores, a metros de Plaza Italia. "Yo nunca fui ramonero, lo mío era más el rock progresivo, el rock sinfónico de Yes, Génesis, el blues; no era que yo menospreciara al punk, pero no era lo mío", se sincera quien hizo la secundaria en el Bachillerato de Bellas Artes junto a Mario Serra, baterista y miembro fundador de Virus. Fue de la mano de él que empezó a codearse con músicos de primer nivel como Los Plateros, con quienes tocó la legendaria Only You, entre otras canciones, en varias giras por el interior del país a finales de la década del setenta.

Mario es carpintero y su llegada a Dee Dee tuvo que ver indirectamente con ese oficio. Un día que trabajaba en su taller escuchó en Radio Universidad que el bajista de los Ramones estaba en La Plata y estaba en busca de un baterista, y se le vino a la cabeza el recuerdo de un show televisivo de The Chinese Dragons -uno de los proyectos que Dee Dee presentó en 1992 en "Hacelo por mí"- que lo había dejado impresionado por el nivel de quien marcaba el tempo. Hoy Mario cuenta con gracia que en ese momento, su pareja Gabriela González tuvo una premonición: "Vos vas a tocar con ese tipo", le dijo.

En aquel verano de 1999, Mario estaba haciendo un trabajo en el futuro local de comidas de un amigo de uno de sus hijos, y cuando comentó que más tarde iba a escuchar la radio para ver si tenía novedades del paradero de Dee Dee, se alinearon los planetas: "¿Vos querés tocar con él?", le preguntó el dueño del negocio y automáticamente llamó a su novia. Resulta que ella repartía gaseosas y uno de esos envíos lo hacía en la pizzería de Gustavo, el padre de Bárbara Zampini. "Me hizo el contacto y a los dos días me llamó Bárbara para convocarme a un ensayo", recuerda Gimeno.

Set de fotos en los pasajes peatonales de la estación Tolosa.

Esto se dio cuando promediaba la segunda quincena de enero, momento en que el Cabeza y Matu se habían ido de la ciudad con destino al glaciar Perito Moreno, en unas impostergables vacaciones que tenían planificadas desde hacía mucho tiempo. "Las fechas no salían y yo me tenía que ir; se lo dije al suegro y no sé si le cayó tan bien. Yo le decía que estaba todo bien con Dee Dee, que me quería quedar y no quería perdérmelo, pero no salían esas fechas que prometía y yo no podía dejar tirados a los pibes, con los que estábamos planificando ese viaje al sur hacía un año", se lamenta Emiliano.

Los días previos al encuentro en una sala con Dee Dee y Bárbara, Mario recorrió casas de música para averiguar información del ramonero. Él sabía que había estado en Eco Music -histórica casa de instrumentos- porque la dueña lo había atendido una vez, y quedó en que si volvía a pasar, le avisaría. A los pocos días ella lo llamó a su casa con la novedad: "Me dijo que fuera al negocio porque había pasado un tipo tatuado con una chica y dejaron una lista de temas para mí". A esa lista escrita por Dee Dee la encabezaban Sheena Is A Punk Rocker y I Don't Wanna Go Down to the Basement, recuerda Mario, que fue a buscarla enseguida porque el ensayo sería al día siguiente en 9 entre 60 y 61, una pequeña habitación con una batería humilde y equipos precarios en una vieja casa refaccionada para la ocasión. Al músico le quedaban menos de 24 horas para aprender las canciones que hasta ese momento desconocía, entonces su periplo continuó por La Vitrola, legendaria disquería de 7 entre 54 y 55.

Allí lo recibieron Gustavo Zurita y Rocambole, que estaban hablando entre las bateas. Mario les explicó su problema y enseguida le dieron la solución: "Andá a la góndola del medio y buscá un CD en vivo de los Ramones en Londres de 1977, ahí tenés la mayoría de esos temas. Me lo llevé a mi casa y cuando lo puse en la disquetera empezó el verdadero inconveniente para mí, porque todos los temas eran 'one two three four', uno tras otro ¡Todos iguales!", cuenta, aunque enseguida reconoce que este estilo tiene sus secretos. "Así fui al ensayo al día siguiente, bastante asustado", confiesa. Llegó primero y desde la vereda recibió a Dee Dee y Bárbara, que bajaron de un taxi y lo saludaron. Dee Dee le ofreció un cigarrillo y Mario le agradeció pero lo rechazó porque estaba intentando dejarlo: "Oh, I'm sorry", dijo el ramonero.

Una vez adentro, Mario rompió el hielo haciendo una aclaración con sinceridad, en inglés: "Te quiero advertir una cosa, los temas de los Ramones yo no los voy a poder tocar a la velocidad que los tocaba Marky, por ejemplo". "Don't worry", le respondió con tranquilidad Dee Dee. "Me dijo que él tampoco los quería volver a hacer a esa velocidad porque estaba harto, y que además iban a tocar también temas clásicos de Chuck Berry y mucho rhythm and blues", recuerda Gimeno. Ensayaron más de una vez en ese lugar a dos cuadras de Plaza Rocha antes de trasladarse a City Bell, cosa que se produjo tras una serie de episodios turbulentos.

"Un día me llamó Bárbara a mi casa y me dijo que Dee Dee había enloquecido, que se quería volver a Estados Unidos ya, y me preguntó si yo podía hablar con él", dice Mario. Esa era una escena que se repetía con frecuencia, describen las personas que conocieron esta aventura platense del bajista de los Ramones. "Le pasó el teléfono, me puse a hablar con él y en un momento me dijo una cosa muy loca que todavía la tengo muy presente: 'Can you give me your opinion, your advice?', o sea, me preguntó si yo le podía dar mi opinión y mi consejo. ¡Me preguntó a mí, que hacía cinco días que me conocía! Entonces yo le dije que acá se podían hacer algunos shows interesantes, que se podía hacer una buena guita, que yo tenía algunos contactos", detalla el baterista, que en esa charla telefónica le retrucó a Dee Dee: "¿Tenés algo que hacer ahora?". A los 15 minutos lo tenía en su casa.

Bárbara en la cocina de Mario en City Bell

Por esos días Dee Dee estaba parando en el hotel a dos cuadras del Hospital de Gonnet, así que se tomó un taxi y enseguida llegó a City Bell para continuar charlando con Mario, ahora cara a cara.

Como solía ocurrirle cada vez que abría la puerta de un nuevo lugar, Dee Dee se enamoró a primera vista de la casa de Mario y Gabriela. Se trata de una construcción de más de 120 años que perteneció al bisabuelo de ella, y que gracias a las manos de la pareja se mantiene en pie, siempre a base de refacciones y parches que le dan un estilo particular. Al neoyorkino le fascinó ver esa cocina antigua en el sótano, las paredes con los ladrillos a medio revocar, pisos de adoquín, sillas de todos los modelos y colores, y gatos y perros revoloteando por los pasillos. La conexión fue instantánea y desde ese momento hasta que retornó a Estados Unidos, Dee Dee fue a visitarlos casi todos los días. La segunda vez tuvo que pedirle a Guillermo que lo guiara, porque estaba perdido. Guillermo era un peruano conocido por todo el barrio por ser el vendedor de diarios de la esquina. "Me tocaba el timbre a las 10 de la mañana, alguna que otra vez se peleaba con Bárbara y venía a verme. Iba a la mañana y se quedaba todo el día, hablábamos mucho y de cualquier cosa", recuerda Mario con mucho cariño.

Y así empezaron a ensayar ahí mismo, en un desnivel de un metro que transformaba una habitación en una especie de sótano en donde estaba armada la batería.

"Ensayábamos un mismo tema diez veces toda una tarde, una y otra vez, sin parar; apenas terminaba lo empezábamos de vuelta", dice Mario, que no deja de resaltar el profesionalismo y la disciplina del fundador de los Ramones. De a ratos Gabriela -a quien luego Dee Dee le ofrecería ser la representante del grupo- interrumpía los ensayos para invitarlos algo de tomar y de comer. "Buenísimo café leche", balbuceaba en castellano Dee Dee, previo a averiguar de qué marca era el producto: en el almacén de la vuelta se compró el mismo café, la misma leche, las mismas galletitas y se llevó todo a su hotel.

Ramone afinando una guitarra bajo la mirada de los gatos y los perros de Mario y Gabriela en City Bell.

En aquellas jornadas en las que el tiempo parecía detenerse, los cuatro pasaban horas y horas hablando alrededor de la mesa, y Dee Dee fantaseaba con shows y giras. Mario cuenta que llegó a hablar con Carmen Castro, mas conocida como La Negra Poli, sobre la posibilidad de un show en Obras con Dee Dee y los Redondos. No obstante, la idea no prosperó entre otras cosas porque que el músico norteamericano no quería tocar en lugares grandes. "Una vez le dije que teníamos que armar una estrategia y ese fue el único chisporroteo que tuvimos, porque reaccionó mal, enojado, diciendo que estaba cansado de estrategias, que esto no se trataba de estrategias, que estaba podrido de que lo manipularan, de las compañías discográficas y de que le hicieran cortar el pelo”, revela el baterista.

En uno de los viajes desde City Bell al centro de la ciudad por el Camino Belgrano arriba de la Ford F-100 modelo 66 de Mario, apareció un patrullero con la sirena encendida. "Dee Dee se puso duro y dijo en voz alta 'Hi guys, we have not drugs we have not weapons', como si lo estuviesen persiguiendo en Estados Unidos", recuerda el conductor del vehículo.

Por esos días hicieron reportajes para diarios y canales de televisión y hasta sesiones de fotos en la estación de Tolosa. Mientras tanto los ensayos se sucedían: "El día anterior a tocar en Chacal, Dee Dee llegó al sótano de casa con una actitud que nunca le había visto; peló musculosa y una postura muy profesional, como diciendo 'acá estoy en el escenario desde ahora'. Eso me impactó".

SHOW 

Sin promoción previa y con unas pocas invitaciones personales Dee Dee tocó algunos temas en el boliche Chacal, en la esquina de 8 y 42. Fue una noche de febrero de 1999 ante un reducido grupo de personas. En YouTube hay colgado un fragmento del show filmado por Claudio "Topi" D'Orazio para el programa Rockollection. También existió otro registro más completo del recital que grabó el realizador Fernando Arizaga pero el VHS con ese material, que había quedado en manos de Mario, se habría estropeado con la inundación del 2 de abril de 2013. Así las imágenes de aquella noche de verano solo permanecen intactas en las cabezas de los afortunados que casi de casualidad se enteraron del evento.

El show se gestó una noche en que Bárbara y Dee Dee tenían ganas de salir y los llevaron a Chacal. A Mario lo habían acompañado también algunos de sus amigos que integraban el extinto grupo de trabajo Músicos Excéntricos Autoconvocados de Rock (MEAR) y todos fueron testigos del ok que dio el ramonero para tocar ahí: le gustó mucho el lugar y entonces Gabriela se encargó de organizar todo. Dee Dee había dejado atrás el alcoholismo y durante ese verano había intentado no beber, pero aquella noche tuvo un permitido para celebrar su próximo show. 

La relación entre la platense Bárbara Zampini y Dee Dee Ramone prosperó e incluso en algunos medios se la presentaba como Bárbara Ramone.

En su única presentación en un escenario platense Dee Dee ofreció algunas perlas de blues y rock and roll para terminar con algunos clásicos ramoneros. Cantó acompañado por una guitarra, junto a su novia Bárbara en el bajo y Mario Gimeno en la batería. Entre el público estaba el Cabeza, que el día anterior había vuelto de sus vacaciones en el glaciar Perito Moreno y llegó a saludar a Dee Dee. Aquella fue la última vez que lo vio.

"Cada vez que lo pienso, me digo que quizás me pasé de respetuoso en todo ese tiempo. Siempre hice lo que me decía. A través de Bárbara le confesé que sentía que no me podía soltar porque era mi ídolo. Él me dio el espacio para que seamos amigos, pero a mí me costaba: para mí él no era un humano, era un marciano", reflexiona Emiliano mientras revuelve lo que queda del café. "Era bien under, tenía ese espíritu. A mí nunca me preguntó a dónde íbamos a ensayar, nunca dijo nada; 'yo te llevo' le dije, él me siguió y cuando entró a la sala, que era el garaje de una casa, dijo '¡Oh, the studio!'.Siempre voy a estar agradecido a Bárbara y su familia, que me abrieron las puertas y me dieron la posibilidad de conocerlo. Bárbara fue muy buena mina, él la quiso mucho y le dejó todo”, cierra.

Fue Bárbara quien una vez más llamó a Mario dos días después del show y le dijo que repentinamente Dee Dee quería regresar a Estados Unidos. Se fueron sin despedirse de nadie. Tiempo después, cuando Mario lo llamó al famoso Chelsea Hotel de Nueva York le preguntó qué le había parecido el video del recital en Chacal. Dee Dee le dijo que le había gustado mucho. Luego se comunicaron telefónicamente varias veces más, hasta que la vida misma puso una pausa. "Siempre me acuerdo que en una de esas charlas me dijo 'take this as a cumpliment: you could be a very good drummer for an orchestra', y yo me lo tomé realmente como un cumplido", se ríe el carpintero y baterista de 71 años mientras prepara la funda con sus platillos -siempre lo acompañan- y se levanta para volver para City Bell, porque se hizo tarde.

"El Dee Dee que conocí era un tipo impredecible e ingobernable pero muy querible. Tenía una faceta como de niño desprotegido, o algo así. Y eso te hacía tenerle aún más afecto", rememora. Fue Bárbara la que en junio de 2002, cuando volvía de trabajar, lo encontró en su casa de Los Ángeles, muerto por sobredosis. A partir de allí, Bárbara Zampini se quedó a vivir en Estados Unidos. No ha dado entrevistas a la prensa.

Se hace una pausa y Mario apela a esa imagen del músico que nunca se le borra: Dee Dee está parado en silencio y contempla la escalera. De pronto pregunta si puede subir al techo. Cuando sube, sus ojos se abren tanto que parece que van a explotar de sorpresa por las enormes antenas de televisión en las terrazas del barrio. Detalles de una gran sensibilidad que dejó en su corta pero intensa vida en La Plata.

¿QUÉ ES BEGUM?

Begum es un segmento periodístico de calidad de 0221 que busca recuperar historias, mitos y personajes de La Plata y toda la región. El nombre se desprende de la novela de Julio Verne “Los quinientos millones de la Begum”. Según la historia, la Begum era una princesa hindú cuya fortuna sirvió a uno de sus herederos para diseñar una ciudad ideal. La leyenda indica que parte de los rasgos de esa urbe de ficción sirvieron para concebir la traza de La Plata.