Por Flavia Delmas(*)
Por Flavia Delmas(*)
El 11 de julio, leíamos la noticia de la prisión preventiva por "comercialización y distribución de estupefacientes y facilitación de la prostitución", de Carlos Rodríguez, alias “el Cabezón”, reconocido proxeneta de la zona roja. La medida fue dictada por el juez federal Alejo Ramos Padilla. Es la primera detención producida en la causa en la que se investiga la desaparición, en contexto de trata para la explotación sexual, y posterior femicidio de Johana Ramallo. Por primera vez, después de 5 años, un juez presenta una línea de investigación.
El 26 de julio de 2017, Johana no regresó a su casa. A partir de allí el derrotero de su búsqueda transitó por varias narrativas jurídicas. La primera, la más importante en plazos de búsqueda, en manos de la justicia penal de la provincia, a cargo de la fiscal Betina Lacki, quien consideró que Johana se había ido por propia voluntad y dejó la investigación en manos de la Dirección Distrital de Investigaciones, que sumó a las tareas de búsqueda a las policías involucradas por territorialidad, el destacamento Ponsatti de Berisso, donde fue radicada la denuncia, y la comisaría Novena.
La fiscal no aceptó el cambio de carátula pedido por la querella, eso motivó lo que derivó en la segunda etapa, tras el pedido del ingreso de la causa a la Justicia Federal como trata de personas, en el marco de la Ley Nacional 26.364. Fueron dos los jueces a cargo, primero tuvo la causa el juez Ernesto Kreplak. En ese lapso, a través de un contacto con Rosa Bru, se pudo dar con un resto humano encontrado por un baqueano en la playa Palo Blanco de Berisso, más tarde se localizó otro resto. Cada uno de ellos fue a parar a diferentes fiscalías, la impericia llevó a que no se conservaran los restos y quedaran sólo los huesos para ser identificados. En 2019, el juez federal Adolfo Ziulu le informó a Marta que los restos hallados un año antes pertenecían a Johana.
La vida de Johana fue difícil, conoció la intemperie y la violencia a muy temprana edad. Tuvo la gracia de tener una mamá persistente y resistente, que creció con ella, con quien compartió la ilusión de una casa propia y la alegría de levantarla con las propias manos y el nacimiento de su hija.
Johana sufrió una doble desaparición. La primera, social. La segunda, la desaparición de su cuerpo, más emparentada con las desapariciones durante la dictadura cívico-militar. Ambas ocurridas en gobiernos neoliberales.
Durante años la familia de Marta Ramallo con sus hijas e hijos, fueron desaparecidas/os sociales, es decir que estuvieron en una “situación relacionada con formas de violencia estructural” (Irazuzta et al, 2018), que tiene múltiples dimensiones, una de ella es la de género, también la situación de pobreza extrema, la discriminación por raza, la edad. La desaparición por invisibilización opera en la “normalidad”, está tan a la vista que se evade en la naturalidad de la vida social cotidiana. Se busca borrar a las personas a través de “la privación de derechos o a través de su ocultamiento bajo la forma de la `ilegalidad, condenados a desaparecer para ser”.
La aparición en la escena pública es un valor principal de lo social, una dimensión de reconocimiento para poder ser ciudadana o ciudadano.
Durante el período de 12 años de gobiernos peronistas-kirchneristas, el de Néstor Kirchner y luego dos períodos de Cristina Fernández de Kirchner, Argentina saldó sus compromisos con el FMI y este organismo internacional no marcó los designios de la política como había ocurrido hasta entonces. Aquí se produjo un hito en las vidas de Marta y Johana. Ingresaron al programa de políticas públicas Ellas Hacen, dirigido a mujeres pobres en situación de violencia que sufrieron las consecuencias de la gran inundación del 2013 en la ciudad de La Plata. Durante ese año hasta el 2015, ambas comenzaron a construir sus casas en el marco de dicho programa que las capacitó para tales fines, tenían un salario registrado, es decir con aportes de obra social y jubilación, les proporcionaban un espacio de cuidado para sus hijas e hijos pequeños y les brindaban acompañamiento psicológico. Johana estudiaba para terminar la secundaria en el Fines, un programa para la terminalidad de estudios, podía proyectarse en un futuro, tenía planes.
En 2015, con el triunfo electoral de Mauricio Macri, según una investigación del Centro de Investigación y Formación de la CTA[1] (Cifra-CTA), con la emisión de más de 32 mil millones de dólares de deuda promedio anual, la administración PRO cuadruplicó el ritmo de endeudamiento que dejaron juntos, entre 1976 y 2001, la dictadura cívico-militar, Raúl Alfonsín, el menemismo y la Alianza (7192 millones por año). Según señala el informe, el rasgo sobresaliente de la valorización financiera fue el endeudamiento público que no sirvió para incrementar el nivel de actividad económica –el cual cayó 8,8% en términos del PIB per cápita entre 2015 y 2018– sino para financiar la fuga de capitales al exterior.
En diciembre de 2015, las trabajadoras del Ellas Hacen fueron retiradas del predio donde construían sus casas, muchas de ellas a punto de ser finalizadas para la entrega. Se desarmaron los equipos profesionales y las mujeres quedaron sin espacio laboral, percibiendo un salario social ahora con fines de capacitación. Se cambió el nombre del programa fusionándolo con otros dos.
En este marco es donde se puede ver cómo el sistema arrasa a las mujeres, como no es indiferente la existencia de las políticas públicas que significan, ni más ni menos, la diferencia entre un buen vivir y la precariedad de la vida.
En una nota del 2/04/2018 en Página/12 [2], se describía la situación denunciada por las integrantes del programa: “ellas siguen recibiendo el pago establecido en el programa, pero están en contra de ‘estar sin realizar ningún trabajo y limitarnos a dar el presente una vez por semana’, situación que las hace temer que en cualquier momento puedan quedarse sin nada. Una buena parte de las 700 mujeres han logrado organizarse para seguir reclamando ‘porque parece que nos quieren mostrar como personas desinteresadas en hacer su trabajo y mientras tanto, sabemos que las 150 casas que construimos en Melchor Romero, y que nunca pudimos ocupar aunque estaban listas para poder hacerlo, han sido robadas, primero se llevaron las puertas, después los calefones, hubo también usurpación de las casas, tuvimos que hacer la denuncia y tardaron mucho tiempo en poder sacarlos’”.
El Ellas hacen muta su sentido original donde el Estado era el organizador que planificaba. Al cerrarse el programa, las trabajadoras lejos de perder la pertenencia al mismo lograron organizarse para luchar por la reivindicación de sus derechos, sobrepasaron los límites de la política neoliberal y construyeron su identidad preservando el nombre de origen que contiene la acción como fundamento de un Ellas colectivo.
En este contexto de pérdidas de derechos se produce lo que se traduce en una catástrofe, un sin sentido, la emergencia de un nuevo sentido que arrasa a Johana Ramallo como sujeta de derechos. “La vida nunca se produce fuera de su relación con el poder” (Iratuzta, 2004). El Estado vira el timón y vuelve al lugar político que la desgarra, que constriñe su posibilidad de igualar, para volverse trágicamente desigualador, potenciador de una violencia extrema.
Entre 2016 y 2017 Johana conoce a quien iba a hacer de novio suyo el tiempo suficiente como para introducirla en la prostitución, un personaje que la capta con dinero, drogas y la ilusión de una vida grandiosa. Comienza a transitar la zona prostituyente de la ciudad. Es allí donde las cámaras de una estación de servicio la registran por última vez.
La desaparición de Johana es parte de un orden dislocado, que deja al desnudo una de sus posibilidades letales. La desaparición se alimenta de la incertidumbre, aunque en este caso el cómo se ejecuta y quiénes lo hacen, aunque de manera difusa, se deja entrever desde el primer momento. Es a todas luces, una realidad disparatada.
Las desapariciones/apariciones producen un sentir ambivalente. En esta causa hubo aproximadamente 17 rastrillajes y allanamientos, en cada oportunidad la sensación fue encontrada, por un lado angustia, por otro lado largas horas de permanecer en los lugares entre varias haciendo “el aguante” (tomar mate, conversar, esperar) como si estuviésemos de reunión casual y ante la negativa de resultados, el alivio por la posibilidad de aún hallarla con vida, salvo en los últimos rastrillajes producidos en el monte donde se encontraron los primeros restos (una pierna y un brazo), en donde el resultado negativo dejaba otro tipo de alivio, el de no toparse de frente con la realidad del descuartizamiento materializado.
Dice Pilar Calveiro (2012) refiriéndose a los crímenes de la dictadura, que “no solo se mata al otro, sino que se busca desaparecerlo de la faz de la tierra sin dejar rastros de su existencia. Se podría hablar de un aparato de cancelación del otro, basado en una serie de desapariciones sucesivas y superpuestas: desaparición de las personas jurídicas primero, luego del sujeto mismo, de su nombre, de sus restos y, por último, desaparición del crimen y de los responsables”.
En el caso de Johana no tuvieron en cuenta lo que la memoria histórica nos ha enseñado, que el río devuelve los cuerpos, y que aún hay personas dispuestas a no descansar para conseguir la justicia tan anhelada.
(*) Subsecretaria de Políticas contra las Violencias por Razones de Género del Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual
REFERENCIAS
Calveiro, Pilar (2012) Violencias de Estado. Siglo XXI, Buenos Aires, Argentina.
Gatti, G., Peris, J., Robles Elong, I., Rodríguez Maeso, S., y Sáez Valcárcel, R., 2018. Regreso al vacío: sobre ausencia y desaparición social. Oñati Socio-legal Series [online], 9 (2), 183-197. Received: 19-03-2018; Accepted: 24-09-2018. Available from: https://doi.org/10.35295/osls.iisl/0000-0000-0000-1021.
Irazuzta, I., Peris, J., y Rodríguez Maeso, S., 2018. Políticas de aparición/desaparición. Oñati Socio-legal Series [online], 9 (2), 155-168. Received: 10-04-2018; Accepted: 23-10-2018. Available from: https://doi.org/10.35295/osls.iisl/0000-0000-0000-1019
[1] Basualdo et al, noviembre 2020. Disponible en: http://www.centrocifra.org.ar/docs/32.pdf Consulta realizada el 29/04/2020.
[2] Disponible en: https://www.pagina12.com.ar/105380-ellas-ya-no-pueden-hacer Consulta realizada el 29/04/2020
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