Origen, historia y etapas: cómo se gestó la Facultad de Periodismo y Comunicación Social | 0221
Origen, historia y etapas: cómo se gestó la Facultad de Periodismo y Comunicación Social

Origen, historia y etapas: cómo se gestó la Facultad de Periodismo y Comunicación Social

Creada en el Círculo de Periodistas, pionera en la región, un breve repaso de una de las facultades más reconocidas por su prestigio y compromiso social. 

Detrás del gigante de cemento que sobresale en uno de los emplazamientos universitarios recientes cerca del pulmón del bosque, sobre diagonal 113 y 63, rebautizado como edificio Presidente Néstor Carlos Kirchner, respira la historia de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social (FPyCS), una de las diecisiete sedes académicas de la Universidad Nacional de La Plata.

Como toda institución, la de Periodismo y Comunicación Social tiene un origen, una historia y momentos claves en su trayectoria que muchos actores que la habitan ignoran. Asimismo, se la reconoce cuando han pasado por sus aulas estudiantes que una vez egresados se destacaron por desempeñarse en medios de comunicación de gran visibilidad como “Mona” Moncalvillo, Olga Wornat, Teté Coustarot, Daniel Santoro, Gabriela Cerruti, Federico Sebber, Viviana Vila, Cristian Alarcón, Fabián Rubino, María Eugenia Duffard, Pablo Gravellone, Diego Ruscitti o Mariana Enríquez, entre muchos otros. Como así también participaron en la formación intelectuales de la talla de Héctor “Toto” Schmucler, Eliseo Verón,  Martín Jesús Barbero, Ana María Nethol y Aníbal Ford. Incluso, algunos de esos nombres hoy son docentes de la facultad, y su diversidad de estilos, de búsquedas y hasta de sus miradas sobre la profesión dan cuenta de un rasgo de amplitud que permite concebir distintos caminos profesionales de la comunicación. 

Pero todo comenzó hace casi noventa años, un 25 de septiembre de 1933, cuando referentes del Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires decidieron brindar en la ciudad de La Plata cursos introductorios y de perfeccionamiento de periodismo, “para el mejoramiento de la formación de sus asociados y también de aquellas personas interesadas en profesionalizarse en el trabajo periodístico”, según los ofrecieron en aquella época. 

Fue así entonces que la Comisión Directiva del Círculo de Periodistas encabezada por el doctor Manuel Elicabe, hombre de espíritu progresista, dirigió los primeros cursos de la Escuela Superior de Periodismo y fue un paradigma en la defensa de la libertad de prensa, enfrentándose al poder político de turno de rasgos fuertemente autoritarios en la tristemente célebre “década infame”. 

Afiche de los primeros cursos de periodismo

La iniciativa educativa, en efecto, se calificó como un “ensayo” que permitiría conocer el grado de interés público en la localidad para fundar más adelante una Escuela de Periodismo. 

Los cursos empezaron el 27 de abril de 1934 y contaron con la estrecha colaboración de la Universidad Nacional de La Plata y su rector Ricardo Levene, que había impulsado en ese contexto histórico actividades de extensión. En el acto de apertura, considerado hoy como testimonio histórico, el presidente del Círculo de Periodistas señaló la ausencia en el país de una enseñanza sistemática del periodismo y las dificultades que ello generaba en las redacciones de los periódicos, “en las cuales se desempeñaban periodistas que no tenían madurez profesional”. 

Según Carlos Ciappina, actual vicedecano de la FPyCS, “en los primeros cursos de 1934 participó José Vasconcelos, el gran literato mexicano que había estado en la revolución mexicana y había sido rector de la Universidad Autónoma de México. Además, tenía relación con Gabriela Mistral en Chile, con Víctor Haya de la Torre en Perú, con Alfredo Palacios en Argentina, y David Siqueiros y Diego Rivera en México, como toda una generación que renovó las letras, la pintura y el periodismo. José Vasconcelos estuvo presente con una exposición sobre el antiimperialismo en América Latina, una declaración de libertad en un contexto como 1934 donde en Argentina conducía un gobierno que había surgido del fraude electoral”. 

Fue tal el impulso que al año siguiente, el 7 de mayo de 1935, la presidencia del Círculo de Periodistas envió una comunicación a Ricardo Levene explicándole las ventajas que significaría la creación de la “Escuela Argentina de Periodismo”, pidiéndole la colaboración de la Universidad y presentándole las bases de las normas para su gobierno, el plan de estudios del nuevo establecimiento educativo y la forma de obtener recursos para su desarrollo.

Las clases inaugurales se iniciaron el 14 de junio de 1935 en el aula magna de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Hubo 131 alumnos: 35 mujeres y 96 varones

Todo fue tomando un cauce político. Así, de ese modo, los integrantes del Honorable Consejo Superior aceptaron la propuesta con algunas modificaciones y establecieron que el presidente de la Universidad debería nombrar a la Comisión que, a su vez, dictaría el Reglamento de la Escuela Argentina de Periodismo.

Acorde al desarrollo mediático de esos años, las materias ofrecidas en la institución para la formación del quehacer periodístico estaban vinculadas al lenguaje gráfico. Los espacios curriculares contextuales eran cursados en las Facultades de Ciencias Jurídicas y Sociales, y de Humanidades y Ciencias de la Educación; mientras que en el Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires se desarrollaba el dictado de las asignaturas relativas a la labor periodística. 

Publicación de la Escuela Argentina de Periodismo

Las clases inaugurales, por consiguiente, se iniciaron el 14 de junio de 1935 mediante un acto público en el aula magna de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. La primera cohorte contó con 131 alumnos: 35 mujeres y 96 varones.

El bautismo fue tan auspicioso que la nueva institución educativa despertó un gran interés en el país y en el extranjero. Difundida su creación por distintos medios de comunicación, la Dirección de la Escuela recibió pedidos de informes de Brasil y Cuba que deseaban fundar escuelas similares en sus territorios.

En 1943, como otro gesto político de avanzada, se dio un hecho novedoso para la época: el poder ejecutivo bonaerense otorgó al establecimiento una subvención que permitió la instalación de un taller de impresiones para la práctica de los estudiantes. Estos últimos editaron “El iniciador”, un periódico que produjeron junto a sus profesores.

Fue la primera publicación oficial de la, por entonces, Escuela Argentina de Periodismo. 

EL RESPALDO DE LA UNIVERSIDAD 

En 1949 Manuel Elicabe, el director de la Escuela, elevó un proyecto a las autoridades universitarias. Quería que la institución fuera incorporada a la UNLP. La respuesta favorable llegó el 28 de septiembre de 1954, cuando el Consejo Universitario aprobó la creación de la Escuela Argentina de Periodismo de la UNLP.

Manuel Elicabe, el precursor

Para concretarla, el Círculo brindó sus aulas, elementos didácticos y el uso de su taller de imprenta, por tres años prorrogables, hasta que la Universidad dispusiera del presupuesto necesario para su desenvolvimiento.
De ese modo y a partir de 1958 la institución contó con un edificio propio, ubicado en la calle 53 N° 726, dejando las dependencias del Círculo de Periodistas y las aulas de las Facultades de Humanidades, y Ciencias Jurídicas y Sociales.

El local alquilado por la Universidad y adjudicado a la Escuela había sido la residencia del gobernador Guillermo Udaondo.

La nueva entidad vivió un proceso de modernización. En noviembre de 1960 se inauguró una imprenta que propició distintos trabajos de producción como “Ediciones de la Escuela de Periodismo” y “Anales de la Escuela de Periodismo”; ambas publicaciones reunían trabajos de los docentes que se distribuyeron a centros de enseñanza especializados de Argentina, América Latina y Europa.

Además, se creó el periódico “Noticias Universitarias”, que se convirtió en el vocero de la casa de altos estudios platense, y posibilitó que los estudiantes de la institución ejercieran el periodismo junto a sus docentes.

Otro año decisivo en la vida del establecimiento fue 1964, porque la institución se jerarquizó al convertirse en Escuela Superior. Además se incorporó el profesorado en comunicación como una opción más de formación, algo vigente hasta la fecha. 

Periódico realizado por estudiantes y docentes

COMUNICACIÓN Y POLÍTICA

Sobrevinieron tiempos de agitación política, al calor de los tiempos latinoamericanos. A comienzos de la década del 70 la Escuela Superior de Periodismo fue dirigida por Ataúlfo Pérez Aznar, un hombre que había sido ministro de Educación de la Provincia de Buenos Aires y de vasta trayectoria política y cultural. Luego lo hizo Antonio José Mauro desde 1973 hasta 1974, quien había ingresado a la carrera en 1966 y más adelante ganó la presidencia del Centro de Estudiantes.

Mauro recordó tiempo después que junto a otros jóvenes se habían convertido en los colaboradores más cercanos de Ataúlfo Pérez Aznar. Y que en ese entonces, el objetivo era reformular el plan de enseñanza y alcanzar la jerarquización de la institución con el pase a facultad.

Por esos años, Mauro junto con su compañero Patricio Villalón viajaron a Quito a un Congreso del Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina (CIESPAL). Allí conocieron a Héctor Schmucler y a Eliseo Verón, referentes claves del campo de la comunicación en Latinoamérica. Cuando regresaron a la Argentina, estrecharon vínculos con los intelectuales que habían conocido en el exterior, con el fin de lograr la incorporación de los últimos avances en comunicación y la elevación del nivel de enseñanza de la Escuela.

Mauro y Villalón concurrieron a múltiples foros en Buenos Aires, hasta que finalmente conformaron un grupo de docentes que se presentaron a concurso y así se produjo un recambio de algunos profesores de la institución como Héctor Schmucler, Ana María Nethol y Aníbal Iturrieta, entre otros.

En rigor, Schmucler estuvo a cargo de una cátedra que se llamó Semiología del Periodismo Escrito, a tono con las teorías comunicacionales de la época y con una fuerte impronta ideológica. De hecho, Schmucler prologó una obra paradigmática editada en 1972 en Chile titulada “Para leer al Pato Donald”, de Ariel Dorfman y Armand Mattelart. El libro, considerado un ensayo o un "manual de descolonización", en palabras de sus propios autores, analizaba desde un punto de vista marxista las historietas publicadas por Walt Disney para el público infantil latinoamericano. 

Alberto Mego, estudiante de esos años, rememoró que, como profesor, "Schmucler cumplió con su objetivo, llenarnos de inquietudes y metodologías que habitualmente no manejábamos. Era una materia que permitía entender desde otra perspectiva lo que los medios gráficos proponían como discurso. Nos preparaba para una función diferente a la del periodista que se desempeña en una redacción, al aportarnos un espíritu más crítico y amplio de lo que era el periodismo. Fue el embrión de lo que después pasó a ser la comunicación”. 

Tapa de "Para leer al Pato Donald", libro emblemático de los '70

Y así se fue transformando un nuevo enfoque en la comunicación con el Plan de Estudios de 1972, con contenidos que excedieron lo meramente periodístico. En un contexto universitario de profunda movilización estudiantil, la Escuela Superior de Periodismo era considerada dentro del ámbito académico platense como una de las dependencias más “politizadas”, porque muchos de sus integrantes eran parte de organizaciones de izquierda como el ERP y Montoneros. Según estadísticas oficiales, más de la mitad del estudiantado militaba y tenía un fuerte compromiso político e ideológico.

CIERRE Y REPRESIÓN 

Luego del golpe militar de marzo de 1976 y por orden del interventor de la Universidad Nacional de La Plata, el Capitán de Navío Eduardo Luis Saccone, la Escuela Superior de Periodismo fue cerrada y puesta bajo la dependencia de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales.

Se dispuso, en efecto, la conformación de una Comisión Especial -integrada por autoridades de la Facultad de Derecho, periodistas y profesores de la Escuela- destinada a delinear el nuevo proyecto educativo de la institución, debido a que consideraba que el anterior propiciaba la formación de “subversivos”, entendido como una “cueva de bolches” y un “nido de marxistas”. Además, se cambió la denominación de la institución, que pasó a llamarse “Escuela Superior de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP” comprendiendo la investigación de la comunicación como disciplina central en las ciencias sociales.

El mencionado diseño curricular se implementó a partir de 1977, bajo la gestión de Daniel Alfredo Pabón, quien había asumido el cargo en agosto de 1976 tras un largo período de acefalía institucional. En esa época, la Escuela tenía dos sedes, la principal ubicada en calle 10 N° 1074 y otra situada en la calle 53 N° 726.

Con el Plan de Estudios 1977 se dejó a un lado la perspectiva crítica de la comunicación, que se había incorporado en la institución de la mano de Schmucler y docentes como Silvio Frondizi -asesinado por la Triple A-: no había espacio para la discusión política en un contexto autoritario. 

De acuerdo a la memoria de los por entonces estudiantes, por aquellos años la escuela se caracterizó por la presencia de mecanismos de censura implícita y explicita

Sobre los cambios curriculares, tiempo después Héctor Schmucler señaló: “Si en 1972 se vivía la exaltación de diversos proyectos sociales y se agitaban ideas que proponían repensar y rehacer todo a la luz de estallidos libertarios, cinco años después, en 1977, el drama mostraba un capítulo en el casi todas las luces habían menguado (pero no toda la oscuridad se había instalado en ese momento), en el que se confundían los nombres y donde, aquí y allá, se abrían heridas que aún hoy, varias décadas después, regresan como visibles cicatrices”. 

En ese sentido, Carlos Ciappina explicó que la Escuela fue uno de los ámbitos de la universidad más castigados por la desaparición y represión de estudiantes, docentes y no docentes. A partir de 1977, tal como fuera establecido por el gobierno nacional, se implementó el curso de ingreso eliminatorio. En relación con éste, los cursantes de ese momento recordaron que se anotaban unas 300 personas, de las que finalmente entraban cerca de treinta y cinco. Sobre el examen de ingreso, los cursantes recuerdan haberse cruzado a soldados con armas largas en la escalera del establecimiento. 

Fueron tiempos de silencio y terror. De acuerdo a la memoria de los por entonces estudiantes, por aquellos años la escuela se caracterizó por la presencia de mecanismos de censura implícita y explicita, que iban desde la presencia directa de uniformados en la institución, la prohibición de ciertos libros en la bibliografía de las cátedras y el no tratamiento de ciertos temas en clase, hasta la propia autocensura como mecanismo de supervivencia.

Por su parte, Teódulo Domínguez, un profesor que se desempeñó por aquel período, recordó: “En mi materia, tenía a uno de los servicios escuchándome toda la clase. Yo le tomaba el pelo haciéndolo opinar sobre el periodismo. En cada clase había un servicio, un hombre que no podía disimular que había estado acatando órdenes toda su vida” 

En relación a estos años oscuros, Jorge Jaunarena, actual secretario de Derechos Humanos de la FPyCS de la UNLP, enfatizó que en la institución desaparecieron y asesinaron más de 30 docentes, estudiantes y graduados, sobre un total estimado de 200. Fue tal el silenciamiento que hasta entrada la democracia, la Escuela nunca salió a la calle con ningún producto periodístico ni académico, como había sido el espíritu desde su fundación. 

Recién en 2015 la presidencia de la UNLP firmó la Resolución 259/15, la cual ordenó la reparación, digitalización y preservación de los legajos estudiantiles de las víctimas del Terrorismo de Estado de la última Dictadura Cívico, Militar y Eclesiástica. Anteriormente a esta política, los legajos tenían datos que falseaban la historia de las víctimas del terrorismo de Estado. Casos de desaparecidos y asesinados que figuraban como fallecidos, cesados en el cargo o en condición de “abandono de tareas”.

Fue en 2018, en rigor, que la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP entregó legajos reparados a familiares de desaparecidos: Ricardo Emir Aiub, Julio Alberto Álvarez, Horacio Bertholet, Néstor Bossi, Ricardo Antonio Díaz, Rodolfo Elías, José Espinoza Pesantes, María Fernandez de Pankonin, Jorge Horacio Foulkes, Silvio Frondizi, Pablo Gelstein, María Teresa Grujic, Alejandro Enrique Gutierrez, Julio Eduardo Gushiken, Jorge Harriague Fitz, Silvia Ibañez, Carlos Eduardo Ishikawa, Juan Carlos Jordan Vercellone, Sergio Karakachoff, Luis Macor, Mercedes Maiztegui, Hector Marghetich, Elsa Delia Martínez, Susana Beatriz Medina, Mario Miguel Mercader, Liliana Molteni, Norberto Orlando, Victorio Perdighe, Rafael Pedreira, Guillermo Savloff, Nelida Villarino y Sergio Zurita.

Fotos de los desaparecidos, en un acto de homenaje

TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA

Uno de los primeros hitos en la llamada transición democrática fue el armado, en 1981, del Centro de Estudiantes, que agrupó a radicales, izquierdistas y peronistas. Así lograron formar el gobierno estudiantil cuando ello estaba prohibido, consensuando que fuera presidente Adrián Mendivil. 

Ese mismo año, desde la perspectiva arquitectónica, la Escuela se trasladó a la avenida 44 entre 8 y 9 de La Plata, tras la mudanza de la Facultad de Odontología al Bosque. Ese fue el edificio histórico de Periodismo en tiempos de democracia, el cual se cerró en los primeros meses de este año: la vieja sede de 44 ya no existe más. 

Fachada de la vieja sede de 44

Cuando en 1983 se instaló la democracia, se empezaron a conformar las distintas agrupaciones políticas. A nivel nacional, el radicalismo intervino las universidades como parte del proceso de "normalización". Y tras varias años de debate, asambleas y revisiones, en 1986 el Centro de Estudiantes organizó el Primer Congreso de Comunicación destinado a revisar el Plan de Estudios 1977, modificado tras varias asambleas por el Plan de Estudios 1989, el cual instauró por primera vez la orientación “planificación comunicacional” como una opción más de la carrera de Licenciatura.

En los años siguientes las discusiones políticas se encaminaron en procura de una jerarquización con el pase a facultad de la institución. Fue así que el 25 de octubre de 1994, con la presencia de todas las agrupaciones estudiantiles en el Rectorado de la UNLP, se produjo el hito clave en el devenir institucional, al transformarse en la primera Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Argentina.

La carrera, nacida en el seno del Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires, alcanzaba su máxima categoría: ser una institución educativa del nivel superior universitario reconocida como facultad. 

Así fue cómo, a partir de 1995, se constituyó el primer Consejo Académico, órgano que cumplió una gesta fundacional: la elección del primer decano de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, el periodista y licenciado Luciano Sanguinetti.

Sanguinetti señaló que, a fines de la década del ´80, se produjo la explosión de las carreras de comunicación social en toda Latinoamérica, como el desarrollo de la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social (FELAFACS) que recibía el apoyo de la Fundación Konrad Adenauer.

Así lo conceptualiza: “Si bien en La Plata teníamos una tradición más larga -porque en la UBA recién en 1985 se empieza a dictar la carrera de Ciencias de la Comunicación dentro de la Facultad de Ciencias Sociales- también se desarrollan carreras de comunicación en muchas universidades públicas nacionales y se funda la Asociación de Carreras de Comunicación de Argentina (AFACOS). A partir de 1995 se ponen en marcha los primeros programas de investigación científica, porque comenzaba a nivel nacional el programa de incentivos promovido por la gestión de Juan Carlos Del Bello. Entonces los ´90 son un periodo de institucionalización de las carreras de comunicación dentro del campo de las ciencias sociales, con un correlato que fue la globalización de las comunicaciones cuando se produjo la fundación del Grupo Clarín. Lo mismo pasaba en otros países con Televisa en México y O Globo en Brasil”. 

Movilización en el Rectorado por el pase a facultad

El escenario de explosión y concentración de los medios masivos de comunicación impactó en la matrícula de la carrera en la UNLP. Según Sanguinetti, “pasamos de tener un promedio de 300 o 400 alumnos antes de 1989, a contar con 750 u 800. Después, cuando ya la institución era facultad y se superaron los 1000 inscriptos, el espacio físico empezó a ser insuficiente. La reforma del plan posterior al ´89 fue marcada por la cantidad de alumnos, y por la jerarquización universitaria en la formación de periodistas y comunicadores. En ese sentido, en 1995 se lanzó la primera Maestría de Comunicación en conjunto con La Crujía”. 

POLÍTICA, PRESTIGIO Y DERECHOS HUMANOS 

En la actualidad, prima la diversificación del campo en lo referido a la formación de posgrado. Para Sanguinetti la institución hoy tiene una presencia latinoamericana en un alto nivel de prestigio. “Nosotros imaginábamos eso y nos vinculábamos con los grandes centros de comunicación y con destacadas personalidades dentro del campo como Néstor García Canclini, Jesús Martin Barbero y Guillermo Orozco Gómez. El lazo nuestro con México fue muy fuerte. Eso se potenció a tal punto que la facultad es una referencia muy conocida en toda Latinoamérica. Aquello que empezó de modo embrionario en los ´90, decanos como Alejandro Verano, Florencia Saintout, Andrea Varela y ahora Ayelén Sidún lo han logrado multiplicar”.

En el 2001, después del anuncio del por entonces ministro de Economía Ricardo López Murphy de arancelar la universidad, estudiantes y docentes de la Facultad de Periodismo decidieron tomar el edificio de calle 44 para luego trasladarse hacia el ex Jockey Club, donde articularon la lucha política junto a otras unidades académicas. En la historia universitaria se conoció como la "toma del Jockey". 

Otro aspecto importante en la historia de la facultad ha sido su nexo con casos de Derechos Humanos, desde que el estudiante Miguel Bru desapareciera el 17 de agosto de 1993 como uno de los episodios más resonantes de violencia institucional. Desde la facultad se organizaron marchas y comités de apoyo a la familia, en especial a Rosa Bru, como también en la denuncia por el entramado político en la muerte de Emilia Uscamayta Curi en 2016 y por el femicidio de Johana Ramallo en 2017, donde desde la sede académica se organizaron actividades, señalizaciones de la memoria y actos públicos. 

Rosa Bru, madre de Miguel

Un hecho político de la gestión de los últimos tiempos ha sido la entrega del premio Rodolfo Walsh a personalidades como Estela de Carlotto, Milagro Sala, Dilma Rousseff, Hugo Chavez y hasta León Gieco, el Indio Solari y La Renga, entre otros, desde 2008.

En la Facultad de Periodismo hoy se pueden estudiar, además del Profesorado y la Licenciatura en Comunicación Social, la carrera de Periodismo Deportivo, la Tecnicatura en Comunicación Popular -que también se dicta en el Centro Comunitario "La casita de los pibes", en el barrio de Villa Alba-, la Tecnicatura en Comunicación Digital y la Tecnicatura en Comunicación Pública y Política. En abril de este año, a su vez, se convirtió en la primera facultad argentina que otorgó un título universitario no binario: fue para Mel Randev Gutiérrez como “profesore en Comunicación Social”, quien en declaraciones periodísticas dijo: “Abro las puertas para que otras disidencias lo puedan pedir”. 

Aggiornada a los últimos cambios de la comunicación, en la vertiginosa e inevitable marea digital, el vicedecano Carlos Ciappina piensa que la facultad dista mucho de aquella Escuela Argentina de Periodismo. “Hoy es una Facultad con un alcance regional, provincial, nacional y latinoamericano, cursan estudiantes de todos los territorios de Argentina y América Latina. Es una institución educativa que tiene una dimensión y una inserción académica y territorial muy grande, y que busca permanentemente mejorar las condiciones de ingreso, permanencia e inclusión de les estudiantes en las diferentes carreras”. 

#La autora de este texto es docente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social y su tesis de Licenciatura, en co-autoría, fue "La formación en Comunicación Social en la Escuela Superior de Periodismo y Comunicación Social durante la última dictadura militar".