El platense que convirtió su casa en un museo de la guerra | 0221
El platense que convirtió su casa en un museo de la guerra

El platense que convirtió su casa en un museo de la guerra

Aunque no tuvo ningún familiar ni conocido involucrado en el conflicto bélico, desde abril del 82 guarda diarios, libros, documentos y objetos sobre la guerra. 

Javier García tenía 12 años cuando empezó a juntar cosas vinculadas a la Guerra de Malvinas. Arrancó guardando diarios y desde entonces no paró. Hoy en su modesta casa de Tolosa tiene una colección inmensa que contiene, además de unos mil diarios, más de doscientas de revistas y decenas de libros argentinos e ingleses, todo tipo de rezagos del conflicto: desde cascos, borceguíes, marmitas y caramañolas hasta la vaina de una bala de cañón 105 milímetros.

Decenas de ex combatientes que han viajado a las islas le donaron distintos objetos para nutrir su colección

Javier estaba en la Escuela Nacional de Educación Técnica N° 4 de Tolosa donde cursaba el primer año cuando la mañana del viernes 2 de abril de 1982 las autoridades interrumpieron las clases e hicieron formar a todos los alumnos en una especie de acto improvisado para informar sobre la recuperación de las islas. Volvió a su casa conmovido e intrigado y, aunque no tenía ningún familiar ni conocido involucrado directamente, el tema se volvió para él una obsesión. Siguió paso a paso el desarrollo del conflicto y comenzó a guardar los diarios de la época: apilaba ejemplares del diario El Día, que compraban en su casa, y le pidió a su abuelo, Héctor Contini, que le juntara las ediciones de La Razón. Héctor tenía una rara costumbre: firmaba el diario después de leerlo así que la colección tiene para Javier un condimento sentimental adicional.

“Al principio discutía mucho con mi papá, que era muy pesimista sobre el resultado de la guerra. Yo me enfurecía, le decía que era un inglés y le sugería que leyera los diarios o que viera la tele para enterarse de que íbamos ganando. Con el tiempo me di cuenta de cómo eran las cosas”, rememora García, que hoy tiene 52 años y se gana la vida como remisero. Cuenta que estuvo largas horas frente al televisor mirando el especial que emitió ATC para recaudar fondos para la guerra y hasta recuerda haber donado el poco dinero que tenía ahorrado.

De borcegos a vasos, platos y cubiertos, envases de mermelada o dentífricos, la variedad de la colección

Ya había empezado a comprarse libros sobre Malvinas cuando en uno de los traslados rutinarios con su coche de alquiler llevó al ex combatiente Martín Raninqueo hasta Radio Provincia donde iban a entrevistarlo. Cuando Javier supo que su pasajero era un sobreviviente de la guerra se conmovió:

- ¡Es un honor para mi llevarte, casi como llevar a Maradona!-, soltó.

En su museo, Javier tiene más de mil diarios y doscientas revistas además de decenas de libros sobre el conflicto 

Promediaba 1999 y aquel viaje lo condujo a conocer el Centro de Ex Combatientes de Malvinas (Cecim) de La Plata y, al poco tiempo, empezó a participar de las reuniones. Así terminó por convertirse en colaborador y luego en responsable del archivo de la entidad. A partir de entonces comenzó a generar su colección de objetos, en un comienzo cedidos por los propios veteranos que empezaban a viajar al archipiélago.

LA COLECCION GARCIA

García tiene encuadernados recortes de diez diarios argentinos de la época así como de los tabloides británicos Daily Mirror y The Sun, entre muchas otras publicaciones. Sin la existencia de versiones digitales de aquellos días, su colección cobra enorme valor. Incluso llegó a hacer traducir al castellano varios libros de militares ingleses.

También logró reunir las fotos de cada uno de los soldados que murieron en Malvinas. “Busqué uno por uno, primero acá en La Plata y después por otros lados y no se si alguien la tiene”, comenta.

Javier suele ser consultado por periodistas y documentalistas que trabajan sobre Malvinas

A medida que internet se fue masificando y surgieron las plataformas comerciales, el coleccionista comenzó a adquirir nuevos objetos, varios de ellos correspondientes a las fuerzas inglesas. Poco a poco fue involucrando en la tarea a su esposa y a sus dos hijos. Durante un tiempo usó buena parte del comedor como si fuera una sala de museo. Al principio tenía una vitrina pero pronto le quedó chica. Luego instaló estantes amurados a una pared en la que ponía todo lo que iba reuniendo. Cuando ya no tuvo más lugar hizo una ampliación; pero tampoco le alcanzó. Hoy, sigue sin encontrar un sitio adecuado de exposición y se vio obligado repartir cosas en casas de otros familiares.

Parte de su surtido de objetos y documentos ha sido usado en diversas muestras y, poco a poco, comenzó a recibir consultas de periodistas, historiadores y documentalistas. Entre otros, los productores de la película Iluminados por el fuego, dirigida en 2005 por Tristán Bauer e inspirada en el libro del periodista y ex soldado Edgardo Esteban. En varias paredes del living hay fotos de Javier en Malvinas, con ex combatientes u con otras figuras como la que lo muestra abrazado junto al actor Gastón Pauls, protagonista del film de Bauer.

Con Gastón Pauls, protagonista de "Iluminados por el Fuego"

En 2014, cuando se creó el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur en el edificio de la ex Escuela de Mecánica de la Armada, varios objetos de su acervo fueron expuestos allí, y algunos aún permanecen.

“A mi me apasiona la historia; saber qué pasó realmente y por qué”, sostiene García. Y cuenta una anécdota : “una vez vinieron unos estudiantes de Periodismo a mi casa y me contaron que iban a entrevistar al general Luciano Benjamín Menéndez para un trabajo documental sobre la guerra. Les pregunté si podía sumarme y fui. Al final de la nota tuve la oportunidad de charlar con él un montón de cosas”, recuerda. Aquel encuentro en el living de la casa de Menéndez quedó documentado en imágenes. “Durante la filmación el tipo siguió un libreto, dijo que gracias a él no hubo más derramamiento de sangre. Cuando se apagaron las cámaras le empecé a preguntar con respeto y creo que me respondió porque vio que yo sabía de que le estaba hablando”, resume. Al cabo de la charla, Javier se trajo autografiado el libro Malvinas. Testimonio de su gobernador (Sudamericana, 1983).

Javier García, mano a mano con el ex gobernador de Malvinas, Luciano Benjamín Menéndez

El museo de Malvinas de Javier García se ha financiado todo este tiempo con su propio esfuerzo. Para comprar muchas de las piezas que lo componen tuvo que hacer changas. A veces no comentaba en su casa el gasto que había hecho para evitar problemas con su esposa. De hecho, la acumulación de objetos terminó por obligarlo a llevar muchas de las cosas a la casa de su madre que es mas espaciosa porque ya no tenía lugar físico en su propia casa.

Para recibir a @0221.com tuvo que pedir prestadas dos mesas para poder disponer todos los objetos, muchos de ellos regalados por los ex soldados que volvieron al lugar donde combatieron.

Invitado por el Cecim, García viajó al archipiélago por primera vez en marzo de 2010. En esa oportunidad trajo de todo y quedó tan entusiasmado que al año siguiente buscó la manera de costearse el viaje y volvió a ir.  

El reconocimiento de las autoridades del Centro de Ex Combatientes de Islas Malvinas

Dice que de todo lo que tiene sobre Malvinas su objeto más preciado es una pava de aluminio totalmente abollada que atesora como una reliquia. Años antes la había visto en un ejemplar de la revista Caras y Caretas una nota ilustrada con una foto de una vieja cocina de campaña abandonada en medio de lo que fue el campo de batalla y cerca de ahí estaba la pava. Cuando Javier viajó a las islas encontró la cocina y junto a ella la pava. En rigor, en distintas conversaciones Javier señala distintos objetos y es posible advertir que tiene por todos ellos un aprecio singular, además de una anécdota por cada uno.

La pava de Malvinas, el objeto más preciado por el artífice de la colección

“Aquella experiencia de 2010 fue para mi inolvidable. Fue el viaje de mi vida, algo muy movilizador. Estuve como schokeado, cada cosa me conmovía y no podía evitar llorar todo el tiempo casi como si yo hubiera sido un combatiente”, dice. Entonces recolectó viejas zapatillas marca Flecha, cepillos de dientes, maquinitas de afeitar, lapiceras, envases de dentífrico, cajitas de fósforos, guantes, mantas, carpas, bolsas de dormir, ropa de combate, caramañolas y muchos etcétera que hoy constituyen parte del tesoro que que se ha dedicado a cuidar con esmero.

Todo eso está ahí, y el único inventario capaz de clasificarlo y ubicarlo está en la cabeza de Javier que tiene más de una anécdota para cada objeto. Cata tanto su relato se detiene para aclarar: “te cuento esto y se me pone la piel de gallina”. García es consciente de que, con el paso del tiempo, su material se ve afectado y requiere una urgente digitalización. Sin embargo sus intentos por conseguir ayuda y colaboración para la tarea han sido hasta ahora infructuosos.

En 2011 viajó con un grupo de combatientes con los que acampó en el Monte Longdon, donde se libró una de las últimas y más cruentas batallas de la guerra. “En un momento, en medio de la noche, les pedí a los demás que apagaran todas las linternas y no se veía nada. Entonces pude, mínimamente, imaginarme lo que habían sentido esos pibes ahí en aquel momento y fue algo muy fuerte”, cuenta.

MEMORIA VIVIENTE

A medida que fue armando su museo y, al mismo tiempo, se fue interiorizando y conociendo más y más historias sobre Malvinas se ganó el reconocimiento de los propios ex combatientes que terminaron por adoptarlo como si fuera uno más y lo incorporaron como socio honorario de la entidad.

"Javier es una especie de memoria viviente; una de las  personas que más sabe sobre el tema, ha leído todo lo que se ha escrito y que nos ha ayudado muchísimo todos estos años por lo cual nosotros estamos muy agradecidos por esa colaboración permanente que nos ha prestado”, asegura Hugo Robert, vicepresidente del Cecim.

Javier García en uno de sus viajes a las islas

En una oportunidad García logró ubicar a dos hermanas platenses que de chicas habían escrito una carta para los soldados con el combatiente que la recibió y la había guardado durante 25 años. También ayudó a Robert a buscar a la familia de su compañero de trinchera, Rolando Pacholczuk, muerto luego de haber sido herido en uno de los últimos combates registrados en las islas, previo a la rendición argentina. Fue una tarea muy difícil, asegura, que le demandó un año y medio. Como consecuencia de aquella investigación los familiares de Pacholczuk pudieron recuperar una campera que el joven llevaba en el momento de morir y que tenía en su poder un enfermero llamado Javier Corvalán que lo había asistido hasta su muerte embarcado en el rompehielos Almirante Irízar, adaptado como buque hospital durante el conflicto del Atlántico Sur. Tiempo después un hermano de Pacholczuk que se fue a vivir al exterior dejó, antes de viajar, la campera en manos del custodio de la memoria de Malvinas de Tolosa.

En rigor, Javier no se considera un coleccionista tradicional. Para él cada objeto tiene atrás una historia que es necesario desentrañar y difundir. “La memoria sobre los hechos es mucho más importante que cualquier colección de objetos. Es lo que le da sentido, yo lo que busco reunir y rescatar, en todo caso, son los recuerdos de quienes fueron a pelear por el país, por la soberanía a partir de cada objeto que los acompañó allá”, dice

Pero, sin lugar a dudas, su mayor hallazgo, fue haber logrado promover una causa penal contra un paracaidista inglés que había matado a sangre fría a un soldado argentino mientras éste se hallaba como prisionero de guerra. Siguiendo el rastro de imágenes publicadas en la bibliografía inglesa supo que el asesino era el suboficial Gary Sturge y pudo dar con el soldado asesinado. El caso fue presentado a la Justicia, pero no prosperó. Se sabe que Sturge fue ascendido y consiguió su retiro. Según el historiador militar Adrian Weale -autor junto al periodista Christian Jennings del libro sobre Malvinas titulado Muchacho de ojos verdes (1996)-, Sturge fue castigado por sus superiores en las islas y enviado de regreso a Inglaterra separado de sus compañeros tras un juicio militar sumario. Y según la legislación británica, no puede ser juzgado dos veces por el mismo hecho.

Javier García lleva 40 años juntando objetos y documentos sobre la guerra de las Islas Malvinas

Aunque se lamenta por la falta de apoyo para su tarea que ya lleva 40 años, Javier García sigue adelante. No sabe bien cómo explicarlo y cuando se le pregunta por qué lo hace dice: “Hago esto porque creo que Malvinas no debe olvidarse, no puede ser un día en el calendario. Los pibes esos que fueron a pelea y que quedaron ahí y los que volvieron y hoy son hombres merecen ser reconocidos de un modo permanente. Deben estar siempre presentes. Es increíble lo que me pasa: yo no me acuerdo de muchas cosas de mi vida pero hay cosas de la guerra que no se me borran con nada, están conmigo, como las caras de los soldados, sus nombres, su memoria”.

Javier García en su lugar en el mundo

“A mi me moviliza la causa de Malvinas desde el primer momento. Cada vez que me piden que vaya o lleve cosas no pregunto demasiado y voy”. asegura.

Sin dudas, y más allá del paso del tiempo, Javier García vibra con Malvinas, la siente en la piel y está dispuesto a seguir construyendo su museo pese a todas las dificultades. “Desde chico que me da vueltas por la cabeza una idea que hoy tengo mucho más clara: si pudiera elegir, viviría en Malvinas porque lo siento como si fuera mi lugar en el mundo”.