La Nueva York, del boom comercial de los años 20, a convertirse en un callejón sin salida | 0221
La Nueva York, del boom comercial de los años 20, a convertirse en un callejón sin salida

La Nueva York, del boom comercial de los años 20, a convertirse en un callejón sin salida

Pese a contar con declaraciones de protección patrimonial e intentos de reactivación de la comuna, la histórica arteria sigue signada por el abandono.

Los brazos en alto de Juan Domingo Perón se recortan por encima del cartel que reza, con letras pintadas con antióxido, “Km. 0 del Peronismo”. El mojón, instalado en un escenario abierto entre dos paredones con murales alusivos, marca un punto emblemático de la calle Nueva York de Berisso, desde donde el 17 de octubre de 1945 miles de obreros salieron a ganarse un lugar en la historia para exigir la libertad de su líder.

Pese a que se trata de un sitio patrimonial sujeto a la protección de los estados nacional, provincial y municipal, la puesta en valor de la calle Nueva York sigue siendo una asignatura pendiente. Desde hace más de un año la intendencia local trabaja, con resultados esquivos, para reactivar el lugar mediante la organización de actividades culturales y una política para favorecer la inversión privada que apunta a constituir un polo gastronómico y turístico.

En sus años de esplendor, la actividad en la Nueva York no paraba nunca. De día la arteria seguía el ritmo de una pujante vida comercial alimentada por cerca de doscientos negocios de diferentes rubros desde fondas, almacenes y verdulerías a lencerías, casas de fotos y peluquerías. En algunos conventillos y pensiones, así como en la llamada “Mansión de Obreros”, erigida en 1920, había un régimen de “cama caliente”: los que terminaban un turno en la planta pasaban a descansar en las camas que acababan de dejar los del turno siguiente. En las noches se encendían las luces de los cabarets portuarios, prostíbulos -llamados “casas de tolerancia”- y locales de juego de apuestas. 

El sistema de nomenclatura de las calles de Berisso utiliza, mayoritariamente, nombres de puertos; de ahí surge la denominación de la Calle Nueva York 

El barrio, regido por la arteria que se extiende a lo largo de seis cuadras orientadas en forma paralela al canal Santiago desde la calle Montevideo hasta la vieja Usina Eléctrica, dio cobijo a miles de inmigrantes llegados de una Europa convulsionada y constituyó un verdadero crisol de razas convirtiéndose en un sitio emblemático para la cultura nacional.

Esquina de Nueva York y Marsella considerada el kilómetro 0 del peronismo. De allí salieron las columnas el 17 de octubre de 1945.

Su crecimiento se produjo durante la primera mitad del siglo pasado y estuvo determinado por la radicación de los frigoríficos Swift y Armour donde llegaron a trabajar más de 15 mil empleados. En rigor, todo comenzó un poco antes, allá por 1871, cuando, tras las epidemias de cólera y fiebre amarilla que habían azotado Buenos Aires, se instaló junto al puerto local el saladero San Juan, propiedad del genovés Juan Bautista Berisso, y en sus adyacencias se levantó un caserío en el que se asentaron los primeros trabajadores. Luego, ya iniciado el siglo XX, llegaron las plantas de procesamiento de carnes congeladas y la radicación de dos grandes firmas de capitales norteamericanos: Switf en 1904 y Armour en 1915 donde llegaron a trabajar más de 15 mil obreros. La enorme capacidad de captación de mano de obra atrajo a inmigrantes de todos los puntos del planeta que se asentaron en el lugar.

El empedrado del lugar fue testigo de historias de amistades y amoríos pero también de luchas obreras. La bonanza generalizada que vivió el barrio entre las décadas de 1930 y 1950 hizo que muchas de las casas originales hechas de chapa acanalada con carpintería de madera fueran reemplazadas por viviendas “de material”.

De la esquina de Nueva York y Marsella, frente a la entrada de los frigoríficos, partió el 17 de octubre de 1945 la gruesa columna encabezada por Cipriano Reyes y otros referentes del Sindicato de la Carne. 

EL CIERRE DE LOS FRIGORÍFICOS

La crisis que llevó primero al cierre del frigorífico Armour en 1969 y luego, una década más tarde, al traslado de la actividad de Swift a Rosario provocó un marcado éxodo en el barrio al que le siguió una nueva ola migratoria que significó la ocupación de parte de las viviendas que habían quedado deshabitadas y que alteró por completo la fisonomía de la zona.

En la Mansión de Obreros regía el sistema de "cama caliente" para los obreros de los frigoríficos

Hacia fines de los 80, durante la gestión del intendente justicialista Juan Enrique Nadeff, se retiraron las vías del tranvía que recorría la Nueva York.

En la década siguiente se aprobó un cambio de nombre para la calle que pasó oficialmente a denominarse “17 de octubre” aunque, curiosamente, nadie jamás la llamó de ese modo y nunca fue instalada la señalética correspondiente. En Berisso el sistema de calles nombra puertos de todo el mundo, localidades de la provincia y valores de la humanidad como Progreso, Unión y Libertad. En algún momento también rigió un esquema con números y a la Nueva York le tocó el 2.

1985 Demolición de Armour

Años después, cuando el también peronista Néstor Juzwa era jefe comunal se entusiasmó con un megaproyecto del consorcio multinacional Atlantic XXI para instalar una terminal de contenedores a partir de demoler las instalaciones del Swift para ensanchar el dock central en 40 metros y habilitar 2000 metros de muelle permitiendo el acceso de camiones lo que implicaba, literalmente, borrar del mapa a la calle Nueva York.

El primero en reaccionar fue el concejal del PJ Alberto Nikoloff, nacido y referente del barrio quien ya trabajaba junto a un grupo de vecinos en la creación de un museo  de la histórica calle reuniendo donaciones de objetos pertenecientes a sus antiguos habitantes. Entre los que participaban de la movida estaba el director de la Escuela N° 9, Dario Coletto, y la bibliotecaria del Stella Maris Dipaolo, quienes ofrecieron las instalaciones del establecimiento para alojar los objetos colectados entre los que había una gran diversidad de cosas: desde sillas o calentadores, a máquinas de escribir y viejos carteles comerciales. Así nació el Museo y Archivo de la Calle Nueva York que durante años estuvo en  Escuela N° 9 y hoy se encuentra en el Museo 1871.

Para gestionar el acervo que iban conformando decidieron dar al grupo de vecinos un carácter jurídico y crearon la Asociación Amigos de la Calle Nueva York, cuyo objetivo consistía en velar por “la preservación del patrimonio cultural histórico y edilicio de la zona”, según se indica en el acta constitutiva de la entidad fechada el 30 de marzo de 2001.

A la derecha Alberto Nikoloff en un acto por la puesta en valor de la Nueva York con presencias estelares

Entre tanto, y por impulso de este mismo colectivo, el Concejo Deliberante local aprobó la ordenanza 2362/00 que declaró de “interés municipal el Archivo Histórico de la Calle Nueva York” y acto seguido sancionó otra ordenanza, la 2381/00 que reconoció como “patrimonio histórico, arquitectónico y cultural el adoquinado de la calle Nueva York”.

En paralelo, las periodistas Olga Gómez y Marcela Sánchez iniciaron una campaña desde su programa radial “Suelta pájaro” emitido por FM Difusión, impulsando, por primera vez, una serie de actividades culturales en la Calle Nueva York. Las conductoras pronto se unieron al grupo de Nikoloff en el que también tuvo una activa participación Oscar “Lito” Cruz, como presidente honorario de la Asociación.

Objetos reunidos en el Museo de la Calle Nueva York

El padre del actor regenteaba el Bar Anglo Argentino, uno de los locales más tradicionales de la zona, propiedad de la familia Dawson, donde en su adolescencia Lito Cruz trabajó como mozo, tarea que alternaba con su intervención en obras de teatro que se montaban en el Hogar Social.

CON EL PRESIDENTE

Corría el año 2004 cuando, a raíz de un contacto familiar de uno de los integrantes de la Asociación de Amigos de la Calle Nueva York lograron interesar en el tema al por entonces titular del Colegio de Arquitectos de La Plata, Juan José García Olivares al que le pidieron ayuda a través del prestigioso patrimonialista Alfredo Conti para elaborar un proyecto de revalorización. Con ese aporte técnico consiguieron el apoyo del intendente Enrique Slezak quien, si bien estaba de acuerdo, inicialmente manifestó dudas de que fuera el momento oportuno para avanzar en el terreno político, según el recuerdo de varios miembros de la ong. No obstante, a medida que vio la seriedad con la que avanzaba la iniciativa se fue entusiasmando.

A fines de junio de 2005 el entonces presidente Néstor Kirchner recibe a la comitiva berissense para anunciar la declaración de la calle Nueva York como patrimonio nacional

Así, la comuna, el Colegio de Arquitecto y los vecinos presentaron ante la Comisión Nacional de Monumentos y Sitios Históricos un pedido formal para que la calle fuera declarada como sitio histórico.

El trámite dio resultado, no obstante Nikoloff nunca lo supo porque murió dos meses antes de que el presidente Néstor Kirchner anunciara, el 27 de junio de 2005, la firma del decreto 735 por el cual se declaró a la Nueva York como “Lugar Histórico Nacional”. En el texto de la norma se indica que se trataba de la calle “más cosmopolita de la provincia de Buenos Aires” y que constituye "un testimonio excepcional de una unidad productiva-ambiental de una etapa significativa de la historia del país" y que "es un ejemplo acabado de tipologías arquitectónicas de finales del siglo XIX y principios del XX, en un área portuaria". Asimismo, se destaca que: "Los trabajadores del Sindicato Autónomo de la Industria de la Carne de Berisso tuvieron un papel protagónico en la jornada del 17 de octubre de 1945". La declaración implica, en teoría, la protección de los inmuebles, que "no podrán ser sometidos a reparaciones o restauraciones, ni destruidos, transferidos, gravados o enajenados sin aprobación o intervención de la Comisión Nacional".

En aquella oportunidad una comitiva berissense fue recibida por el Jefe de Estado en su despacho de la Casa Rosada

- ¿Y bueno, diganmé qué más necesitan?-, soltó Kirchner durante la charla.

Mientras Slezak pidió fondos para construir el terraplén costero, los vecinos reclamaron la relocalizar a la gente que estaba ocupando las casas de la Nueva York.

La calle Nueva York constituye una parte medular de la historia política y cultural de los argentinos en el Siglo XX

Testigos de aquel momento aseguran que el presidente llamó al secretario general de la presidencia Oscar Parrilli y le indicó que tomara nota de los pedidos. En agosto de ese mismo año Kirchner fue a Berisso y anunció la construcción del terraplén y también una partida para el plan de viviendas. En aquella ocasión Kirchner recordó que en sus días de militancia juvenil asistía a una unidad básica ubicada en la calle Nueva York y se comprometió a destinar también una partida para recuperar el empedrado, realizar nuevas veredas y llevar adelante un mejoramiento de fachadas a lo largo de las seis cuadras del barrio, esas tareas sólo se hicieron parcialmente en dos cuadras.

Durante esos años los vecinos llevaron adelante una movida llamada “La Nueva York está de fiesta” pero tras la muerte de Nikoloff la organización se dividió lo cual dio vida a otra ong llamada Barrio Nueva York. 

Una postal de la Nueva York hoy

El plan de viviendas anunciado se concretó aunque no sirvió para reubicar a quienes ocupaban propiedades en forma irregular en la Nueva York. Inaugurado a principios de 2010 con el nombre de Raúl Alfonsín -aunque todos lo conocen como Barrio Náutico- fue asignado a partir de un registro abierto por la intendencia. Según confiaron en el entorno de Slezak, esto se hizo porque no se logró convencer a los habitantes del lugar de ceder las casas para desarrollar el proyecto cultural en la calle patrimonial.

INTENTOS DE REACTIVACIÓN

En la tarde soleada de marzo la imagen de Perón sonríe desde el monumento en la plazoleta Alberto Nikoloff frente a un escenario desierto en el que un grupo de agentes municipales cuelga banderines de colores: a la noche habrá corso como parte de las iniciativas culturales para intentar por enésima vez, devolver vida al lugar, algo que, más allá de la suerte que tenga la actual gestión, nunca se ha logrado y los intentos se han limitado a generar acciones aisladas y sin continuidad.

“Estamos trabajando en actividades culturales, de capacitación y promoción de inversiones” asegura a 0221 el secretario de Producción municipal Roberto Alonso. La comuna puso en marcha el plan a mediados del año pasado como parte de la celebración de los 150 años de la fundación de Berisso. En esa oportunidad el intendente Fabían Cagliardi hizo entrega a la Asociación de Entidades Extranjeras de un local ubicado sobre la Nueva York para que se lleven adelante actividades y se trabaje como espacio culinario de "los sabores del mundo". En la movida también participa la empresa TecPlata -que a través de la firma filipina ICTSI opera la terminal de carga y descarga de contenedores en el puerto local- y referentes barriales que impulsan junto a la comuna la capacitación para jóvenes con el fin de apunta a su inserción laboral en el marco de la iniciativa. Según indicó en aquel momento la secretaria de Gobierno Aldana Iovanovich: "desde el inicio de la gestión, tenemos la decisión firme de reactivar la Nueva York como un circuito turístico y gastronómico".

A su vez, desde principios del corriente año las autoridades promueven una serie de actividades culturales. Este fin de semana, por ejemplo, se organizó un corso en la Nueva York. En este contexto, desde hace un tiempo se observa un creciente interés de operadores inmobiliarios, que, según se dice en el barrio, están comprando propiedades a muy bajo precio.

En rigor, el programa más consecuente en la Nueva York lo lleva adelante la radio comunitaria La Charlatana que emite desde el Pasaje Wilde y constituye un proyecto de contención social, principalmente apuntado a los jóvenes.

Bares que se abren y vuelven a cerrar.

“Se está haciendo ahora lo que no se pudo hacer hace 20 años” sostiene Oscar Lutzak un periodista y escritor, ex funcionario de la comuna que desde hace unos meses trabaja para reabrir el bar de Dawson con el nombre “Raíces del Dawson”. Lutzak es autor del libro “Militancia, roscas, campañas y elecciones en el Km0” que reconstruye la vida del peronismo a partir de un trabajo de archivo sobre lo publicado en las páginas del diario local “El Mundo”.

Lo cierto es que hoy, buena parte de las casas habitadas mantiene una irregular situación dominial y la mayoría de las viejas cortinas de los locales siguen bajas, algunas ostentan una cobertura de pintura flúo que intenta en vano cubrir la dejadez otras están plagadas de graffitis con consignas sindicales y futbolísticas o dibujos indescifrables.

“No es fácil volver del olvido”, reflexiona Alicia Zubiaga, actual presidenta de la Asociación de Amigos de la Calle Nueva York y lamenta que la mayoría de los vecinos y profesionales que iniciaron la lucha por la preservación no estén participando. De hecho, la ong presentó a fines de 2020 un nota ante el municipio advirtiendo que todo lo que se haga debe ser supervisado por las autoridades que rigen los sitios históricos y con los correspondientes carteles informativos de cada obra. También se comunicaron con la Comisión de Monumentos para informar sobre la situación que consideraban irregular ya que las obras no presentaban cartel con la información correspondiente.

Nota elevada por la Asociación de Amigos de la Calle Nueva York a la intendencia advirtiendo sobre la necesidad de cumplir normativa patrimonial en las tareas realizadas en la arteria

A su turno, Marcela Sánchez, que hoy pertenece a la Asociación Barrio Nueva York y fue encargada durante algún tiempo de realizar visitas guiadas, reconoce que a veces le resultaba difícil explicar a los turistas los motivos de la decadencia del lugar.

La mujer también expresa sus dudas. “Nosotros confiamos que las cosas se iban a hacer pero ahora no tenemos en claro cómo se están haciendo”, advierte y admite el desánimo por no saber qué pasó con los recursos que debieron llegar al barrio en estos años. En su momento envió cartas a Cristina Kirchner para reclamar lo prometido. “Creo que el problema es que no hay una conciencia genuina de preservación sino que lo que mueve todo es la intención de hacer un negocio inmobiliario”, señala. 

Olga Gómez, no pierde las esperanzas. En 2000 compró una casa en la Nueva York, la reparó integralmente y desde entonces vive allí. Siempre recuerda que Lito Cruz usaba una metáfora para trazar lo que creía que debia ser la estrategia para luchar contra los obstáculos que se presentaban: “acá la solución es iluminar lo más posible el lugar porque cuando hay luz, las ratas se van”.

“Ojalá llegue a ver a la Nueva York nuevamente en movimiento” dice, con tono nostálgico Daniel Ridner, propietario de una casa que luego de ser saqueada por completo terminó demolida y transformada en plaza pública pese a que él dice seguir pagando los impuestos y no pierde la esperanza de recuperar. Al hablar de su infancia en la zona Ridner se entusiasma y desempolva mil anécdotas pero, sobre todo, evoca con nostalgia las tardecitas en la vereda cuando se podía compartir un vermuth con los vecinos sin miedo a la inseguridad. Escenas de un país hoy inexistente.