Cuatro argentinos se encuentra aún en la ciudad de Kabul, la capital de Afganistán que desde este domingo está bajo control de grupos talibanes. Así lo informó la Cancillería argentina, que monitorea que puedan abandonar ese país.
Cuatro argentinos se encuentra aún en la ciudad de Kabul, la capital de Afganistán que desde este domingo está bajo control de grupos talibanes. Así lo informó la Cancillería argentina, que monitorea que puedan abandonar ese país.
Se trata de Gilberto Velazquez Franco, miembro de Naciones Unidas (ONU), quien buscará viajar el martes con rumbo a Kazajistán. También permanecen en territorio afgano Melisa Rolls y Rodolfo Yamila, miembros de una ONG, quienes tenían pasajes comerciales para el martes rumbo a Estambul, en medio del caos que se vive en el aeropuerto y la cancelaciones de varios vuelos.
El restante es Andres Arévalo, piloto casado con una ciudadana brasileña, quien según la información de Cancillería partirá el lunes junto con otros pilotos en un avión privado rumbo a Uzbekistán.
Desde el Gobierno aseguraron que los cuatro compatriotas se encuentran en buen estado y mantienen contacto con la embajada argentina en Pakistán, que es la que actúa ante las cotingencias en Afganistán.
LA CRISIS EN AFGANISTÁN
Miles de personas acudieron al aeropuerto de Kabul en un intento desesperado por salir de Afganistán, que se encuentra bajo control talibán tras una ofensiva relámpago de los insurgentes que desató el colapso del Gobierno y la huida al extranjero del presidente, Ashraf Ghani.
El fulgurante triunfo de los insurgentes, que celebraron anoche ocupando el palacio presidencial en Kabul, y las aglomeraciones en la terminal aérea desencadenaron el pánico en la única salida del país, desde donde miles intentaban huir del nuevo régimen que el movimiento islamista radical, de regreso al poder luego de 20 años de guerra, promete establecer.
Videos colgados las en redes sociales mostraban a centenares de personas que esperaban en la pista, y grupos de jóvenes que se agarraban de las escaleras, intentando subir a un avión. Las tropas estadounidenses hicieron disparos al aire para controlar a la multitud que desconfía de las promesas de los talibanes de que nadie debía temerles.
Los vuelos comerciales fueron cancelados y compañías internacionales suspendieron el sobrevuelo del país, a pedido de Afganistán y debido al tráfico militar estadounidense. Las calles de Kabul eran patrulladas en gran parte por talibanes armados, en particular en la "zona verde", antes ultrafortificada, que alberga embajadas y organizaciones internacionales.
La debacle es total para las fuerzas de seguridad afganas, financiadas durante 20 años con cientos de miles de millones de dólares de Estados Unidos. El movimiento islamista radical inició una ofensiva en mayo tras el inicio de la retirada de las tropas extranjeras, en particular estadounidenses.
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