Viaje al interior del Árbol de Cristal: trekking, historia y culto ceremonial | 0221
Viaje al interior del Árbol de Cristal: trekking, historia y culto ceremonial

Viaje al interior del Árbol de Cristal: trekking, historia y culto ceremonial

La especie que trajo Pereyra Iraola es una joya de la botánica moderna, única en Sudamérica y declarada Monumento Natural, a pocos kilómetros de La Plata.

-Ni besos ni abrazos, por favor.

El que arenga en el centro del círculo humano es Matías Flaque, quien organiza caminatas hasta el mítico Árbol de Cristal y da una pequeña charla sobre los protocolos de la aventura en tiempos de pandemia. Es mediodía, un miércoles en el invierno platense y, curiosamente, son más de cincuenta personas las que se concentran en la estación de servicio cercana al arco del Parque Pereyra; es un buen número que sorprende a propios y extraños dado el día y el horario de la convocatoria.

“Es un lindo paseo para cortar la semana. Respirar aire puro y sacudir un rato el cuerpo”, dice una señora que, botellita de agua en mano, estira sus músculos para el trekking de casi diez kilómetros -entre ida y vuelta- hasta el árbol, ubicado en los alrededores de la Escuela de Policía Juan Vucetich. La convocatoria es libre y gratuita: se hace por redes sociales, todos los meses toca un día distinto y circula de boca en boca; la mayoría, en el grupo, son conocidos y entre ellos bromean, se pasan información de otras salidas y se ponen al día con charlas de sus vidas. “Igual siempre hay alguien que cae de golpe, o que se suma por primera vez”, aclara el guía, que ha entrenado la técnica de mountain bike en los senderos del árbol y organiza “por pura pasión” hace cinco años excursiones por la zona del Parque Pereyra (su página, en Facebook, se encuentra como Trekkineros KP).

No es para expertos: tan sólo, dice Matías, se requiere un deseo de abrirse a la experiencia. El trekking al aire libre está abierto para todo público, sin límites de edad, y dura aproximadamente dos horas. “Siempre se trata de ir al ritmo del más lento. Acá no hay requisitos de condición física, cada uno conoce sus limitaciones. Lo central es tener ánimo de aventura”, agrega el joven organizador mientras la gente se separa en pequeños grupos, en una amplitud de edad que parte de niños a jubilados y con más presencia de mujeres que de hombres.

La fama y el culto al Árbol de Cristal entre los platenses convive con un desconocimiento generalizado: si bien casi todo el mundo ha escuchado alguna vez hablar del árbol, gran parte de los vecinos de la región no sabe bien de qué se trata ni dónde está ubicado. Siguiendo un estricto trazado para su emplazamiento el árbol que mandó a plantar Leonardo Higinio Pereyra Iraola después de traer varios ejemplares exclusivamente desde Malasia, está ubicado en el antiguos predio de la estancia San Juan, en jurisdicción de Berazategui. No obstante, son los platenses sus más asiduos visitantes.

Leonardo, que había heredado esas tierras de su padre, Simón Pereyra, construyó un palacete de estilo neo colonial y se instaló en el lugar donde montó un establecimiento dedicado a la reproducción de ganado de calidad. Obsesionado por la naturaleza exótica que había visto en sus viajes por el mundo, llevó adelante un amplio plan de forestación. Introdujo, entre muchas otras especies, plátanos, pinos, palmeras, abedules y jacarandaes, y sembró las primeras semillas de eucaliptus que trajo Sarmiento desde Australia. 

La historia del árbol, en rigor, se encuentra ligada directamente a la del nacimiento del parque de unas 350 hectáreas que daba marco a la residencia principal y estuvo a cargo del paisajista belga Carlos Vereecke. El deseo del terrateniente era representar los jardines ingleses que conoció a lo largo de sus viajes por Europa. Luego de visitar la Argentina en 1910, para los fastos del centenario, el cronista francés Jules Huret escribió “De Buenos Aires al Gran Chaco”, donde describió con asombro y admiración la variada naturaleza que contenía el parque de la estancia de los Peryra Iraola.

Desde el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) se estima que originalmente se habrían plantado una decena de ejemplares del Árbol de Cristal, pero sólo sobrevivió uno. Pese a que el Parque depende del OPDS, la zona de acceso al Árbol de Cristal atraviesa el perímetro de la academia de policía.

ÚNICO EN SUDAMÉRICA

Según la bióloga María Teresa Ferrero de Roqué, experta en el tema, el ejemplar es una joya de la botánica moderna, única en Sudamérica. Oriundo de Malasia y Oceanía, cuenta que esta especie, científicamente nombrada como Agathis dammara, fue introducida en 1869 por la familia que hoy da nombre al parque bautizado -por Perón, en febrero de 1950- como “Parque de los Derechos de la Ancianidad”.

“A mediados del siglo XIX Pereyra Iraola trajo de sus viajes, específicamente del Archipiélago Malayo, doce ejemplares denominados comúnmente árbol de cristal. De aquellos, sólo dos alcanzaron su completo desarrollo y la madurez, y únicamente este ejemplar consiguió sobrevivir hasta nuestros días”, dice la especialista, que se documentó con fuentes oficiales.

En 1998 la Legislatura bonaerense concibió la ley 11.341 por la que el Árbol de Cristal, también conocido como “Árbol Campana”,  fue declarado “Monumento Natural”. La legislación se fundamenta en “su historia, por su valor estético y por ser el único ejemplar vivo en la República Argentina”.

Al diagramar el parque, en la segunda mitad del siglo XIX, Vereecke organizó arboledas en núcleos de montes y avenidas; luego hizo una división a través de grupos de arbustos, cercos vivos y ejemplares aislados en diversos recorridos viales. Con los años el espacio, específicamente la ex Estancia San Juan luego ocupada por la Vucetich, se convirtió en un símbolo de la región por su flora y fauna, la cual fue declarada Reserva de Biosfera -con 10.246 hectáreas- por la UNESCO en 2008.

Matías Flaque explica alguno de esos rasgos durante el pausado recorrido. En la caminata hacia el árbol varios visitantes reconocen aprender por primera vez sobre su pasado y disfrutan de un microclima fresco, aquietado y silencioso, en una atmósfera de senderos recónditos que bajo un suelo de arenilla conducen la vista hacia una larga fila de árboles, en su mayoría nativos de la selva misionera.

Cada 29 de agosto se celebra en Argentina el Día del Árbol. Ese día, como es tradición, se espera una multitud alrededor del Árbol de Cristal, donde ecologistas preparan allí un acto para frenar los efectos del cambio climático y la tala indiscriminada. El trekking no está separado del cuidado de la naturaleza: por un rato, al menos, quien se acerca hasta el árbol conoce el hábitat de las plantas legendarias y de cómo, a pocos kilómetros de la ciudad, existe un pulmón ambiental de bellísimo paisaje que depende de la protección de los humanos para poder seguir existiendo. Es el área donde se hallan el 35 por ciento de las especies superiores vegetales bonaerenses, además de unas 200 especies de aves.

Los especialistas aconsejan no llegar en grandes grupos ni hacer ruido ni permanecer demasiado tiempo para no alterar el ritmo del ecosistema. "El camino hasta el Árbol de Cristal es algo rebuscado, hay gente que llega con su bicicleta, o que va a tomar mate y pasar el día. En la caminata muchos se van contentos porque además de socializar un rato con otras personas y hacer una actividad física de mediana complejidad, agradecen haber conocido un mito en la historia platense”, comenta el coordinador del trekking, que recomienda llevar ropa deportiva, zapatillas cómodas, agua, mate, barra de cereal o alfajor.

“Los invitamos a moverse un poquito, y más aún en épocas de pandemia, donde tuvimos tanto tiempo parados -enfatiza Matías, luego de asistir a un señor que se tropezó en un tramo del camino-. La gente se va animando a salir, porque ya se cuida mejor y con más atención. Lo importante es que después de estar abandonado y vandalizado por años, con la entrada cerrada por la Escuela Vucetich, el Árbol de Cristal se pudo recuperar gracias al entusiasmo de los vecinos". 

ENTRE LA DEVOCIÓN Y EL VANDALISMO

Un sendero mágico, ciertamente ceremonial le aporta a la salida una dosis de misterio. Durante todo el año, y en diferentes fechas, llegan hasta allí personas que ofrendan un culto espiritual, los que suelen perseverar para dar con la epifanía. Saben que su extravagante apodo tiene su origen en el efecto óptico que se genera cuando la luz -especialmente la de la luna- se refleja en la resina -denominada copal de manila- depositada en forma de lágrimas en tronco y horquetas. “Sin otro al lado para reproducirse, el árbol será una figura de culto hasta que muera de pie”, destacan desde el OPDS.


Sin embargo, de acuerdo a lo que señalan las autoridades, la actividad nocturna está prohibida para no dañar el bosque exótico, allí donde se refugia la fauna silvestre poblada por las lechuzas, comadrejas, los gatos monteses y zorros, que a la vez funcionan como controladores de plagas. “Todavía es un enigma por qué este ejemplar ha prosperado en la historia y los otros quedaron en el camino -dice Alba Ale, a cargo de la inspección de los guardaparques del Pereyra Iraola-. Es un espécimen único y tiene una ley que lo protege como monumento natural. La leyenda indica que hasta pudo convivir con dinosaurios y es un tipo único de conífera que exuda esa resina transparente que brilla en la oscuridad. Su tronco está lleno de heridas, porque hay gente que para comprobar por qué se lo llama como Árbol de Cristal, ha hecho esa aberración. A veces es pintado con aerosol, y hubo gente que prendió fuego cerca de sus raíces. Entonces la justicia cerró el paso, pero los visitantes siguen yendo igual”.

De la familia de las araucarias, con hojas coriáceas, perennes y elípticas y un tronco grisáceo -según la descripción científica-, presenta manchas rojizas en determinadas épocas del año. Para Alba Ale, es importante distinguir el mito de la realidad: si se lo sigue dañando para satisfacer la curiosidad exótica de los visitantes, el árbol corre peligro de morir anticipadamente. “La zona en la que se ubica el parque está próxima a grandes aglomerados urbanos. Con esto, queda en evidencia que la presión negativa sobre el medio natural que ejercen algunas actividades que realiza el hombre hacen de esta Reserva de Biosfera una región vulnerable”, comenta Ale.

Al llegar al Árbol de Cristal, en una de las áreas más frondosas de la antigua Estancia San Juan, justo detrás de la academia policial, la emoción de los caminantes se rinde ante el gigante de unos 65 metros de alto. Con una forma más de paraguas que de los típicos pinos que se irguen a su alrededor, nadie puede abarcar su longevidad desde cerca, por eso la mirada se estima en una perspectiva más distanciada, donde se aprecia, por ejemplo, un hornero en una de sus ramificaciones. Magnético y noble, lejano y elegante, quien acaricia su tronco parece encantarse con la rugosidad de sus capas, tan indómitas al paso del tiempo.

Además del Árbol de Cristal, los mayores atractivos de esta parte del predio son el altar de la virgen robada, la cantera y el árbol de los doce cadetes. Pero el Árbol de Cristal, según la bióloga María Teresa Ferrero de Roqué, devela un secreto que lo convertido en un imán. “El árbol se mantiene vigoroso y agradable y continuará dominando el paisaje del lugar y siendo una estrella, motivo de culto en el parque. Siempre estuvo envuelto en un manto de misterio y tuvo el talante de atraer a la gente a su alrededor, como si tuviera una energía que va más allá de la que puede generar un simple árbol”.

A Ferrero -experta en enseñanza de las Ciencias Naturales-, le fascina su añosa y arcaica corteza y le gusta narrarlo de este modo: “Es de crecimiento rápido y copa alargada; cuando joven la copa es más cónica y como adulto adquiere una forma más globosa, de mediana densidad y textura, y de color verde azulado. No tiene ramas en su tronco y sus hojas jóvenes no pierden su follaje en invierno. Posee un gran desarrollo radicular, requiere estar expuesto a pleno sol, riego moderado y resiste bajas temperaturas. No es exigente en cuanto a las necesidades edáficas, preferentemente demanda suelos húmedos y es propenso al ataque de hongos en tallo y raíces”.

Él Árbol de Cristal, solitario y único, mítico y misterioso, tan lejos y tan cerca.

Canción al árbol de cristal

En mi ciudad, en un parque natural
creció el verdor de aquel árbol de cristal.

La luna hirió esa corteza ancestral
transformó su savia en luz.
Destello celestial, fulgor de eternidad
que envuelve su quietud.

Se dice que hay un ángel protector
que habita allí y habla con el corazón.
La noche azul es guardiana de su voz
y es, del zorzal, dulce canción
que lograrás oír, acallando el rumor
de prisa que hay en ti.

Si llegas hasta allí verás

la lumbre intensa que al brillar
emerge en la nocturna oscuridad.
Esa es la gran lección
que el árbol de cristal al fin te enseñará.
Las sombras del dolor jamás opacarán la luz de tu interior.

Ayer volví junto al árbol de cristal,
su sombra vi empapada en claridad.
Y comprendí que su herida no es fugaz,
profunda fue pues sangra aún…
Pero en su palpitar el noble corazón
convierte sangre en luz.

La vida va regalándonos su don
que es de virtud y otras veces de dolor.
Poder hallar en el llanto una razón
será, tal vez la gran misión
que no hemos de eludir,
para, al fin descubrir, la esencia del amor.

Si llegas hasta allí verás
La lumbre intensa que al brillar
emerge en la nocturna oscuridad.
Esa es la gran lección
Que el árbol de cristal al fin te enseñará.
Las sombras del dolor jamás opacarán
La luz de tu interior.

Letra de Viviana Danón y música de Daniel Marcial, 2019.