Darío Porro, a quien todos conocen como Kike, es un platense fanático del ciclismo. Tiene 50 años y en su casa de Barrio Norte montó un museo en el que ha conseguido reunir más de noventa bicicletas de carrera de todos los tiempos. Sus paseos en un velocípedo centenario causan sensación, despiertan la curiosidad y hasta generan intriga en la ciudad.
Desde chico en la casa de los Porro el mundo del ciclismo fue muy fuerte. Su padre Emir, un conocido referente del mundo de las carnicerías que presidió durante años la Asociación Propietarios de Carnicerías de la región, participaba en las clásicas competencias que se disputaban en el circuito del Bosque.
Darío creció entre bicicletas; aprendió a cuidarlas y repararlas y, como su padre, abrazó una pasión que lo acompaña en la vida.
En la adolescencia Darío también empezó a entrenar y correr en el Bosque y a soñar con tener, alguna vez, una bicicleta como las que veía embelesado por televisión cuando transmitían las llamadas Grandes Vueltas europeas.
"En mi casa las bicicletas eran algo que formaba parte de nuestra vida. Mi papá corrió desde los 20 años y tenía un grupo de amigos con los que nos juntábamos. Así yo me fui metiendo en ese mundo. De chico me acostumbre a moverme en bici para trasladarme por la ciudad”, cuenta Darío, quien desde hace algunos meses empezó a salir a andar en un antiguo velocípedo que provoca asombro entre los ocasionales transeúntes.
Se trata de un modelo con un diseño muy particular en el que se destaca la diferencia de tamaño entre la rueda delantera, de 1,20 metros y la trasera que es muy pequeña. Es, en rigor, un tipo de rodado que precedió a la bicicleta tal y como hoy se la conoce y que fue inventado a principios del siglo XIX.
Darío compró el velocípedo hace unos ocho años a un coleccionista de la ciudad de Lincoln, en el interior bonaerense y, si bien no cuenta con información certera, calcula que debe haber sido fabricado en 1900. Aún hoy, la mayoría de sus piezas y componentes son originales. Después de tenerlo largo tiempo como un adorno en el living de su casa, decidió ponerlo en condiciones y echarlo a rodar.
"Cada vez que salgo es una verdadera fiesta. La gente se queda mirando, me graba con los celulares, me saca fotos. El otro día un señor me siguió con el auto como diez cuadras filmándome y después me preguntaba de todo como si se tratara de algo extraordinario, nunca visto", asegura el ciclista para quien sus recorridos ya se han vuelto una atracción que, sostiene, "generan alegría en la gente, además de curiosidad".
Cuando sale con su bici se transforma en Kike, un pintoresco personaje de época -casi su alterego- ataviado con ropa de lana, gorra y antiparras antiguas que transportan su figura al pasado y la envuelven con un halo de misterio.
No tiene un itinerario definido, aunque sus paseos suelen incluir al Bosque, el centro por la diagonal 74. También se lo ha visto atravesando en el Parque Saavedra y en otros espacios verdes de la ciudad.
“¡Alta bici!”, o “¡Colgala maestro!” -en alusión a hacer Willy elevando del suelo la rueda delantera- son algunas de las cosas que le gritan en la calle.
La satisfacción de arrancar sonrisas y asombro a su paso también está acompañada por algunos contratiempos. "Es común que en cada salida tenga algún percance que haga que al regreso tenga que mandar a soldar alguna pieza, pero la verdad que lo que pasa en la calle es tan fuerte que bien vale la pena", asegura en diálogo con 0221.com.ar.
Poco a poco la imagen de ese ciclista solitario y enigmático que parece flotar, como suspendido en el tiempo, comenzó a poblar las redes sociales.
MUSEO DE BICICLETAS
Cuando su papá dejó de correr, Darío guardó su bici como una reliquia. Desde pequeño soñaba con poder hacer una colección con los modelos de bicicletas usados por los corredores más importantes y, poco a poco, se fue gestando la idea de hacer un museo con rodados que hayan sido parte de torneos importantes. Son bicicletas con su cuadro fabricado de acero. En la jerga se llaman bicis "de pelotón" porque integraban los equipos que competían a primer nivel.
Entre las reliquias del museo están todos los modelos usados en la primera mitad del siglo XX por los corredores Fausto Coppi y Gino Bartali, dos glorias del ciclismo italiano.
"Soñaba con un lugar para tenerlas y exponerlas", dice Darío que hoy, gracias a la ayuda de su esposa Ana Patricia Gershanik, ha logrado reunir casi un centenar de bicicletas que van desde modelos de los años 20 a los 90. En el amplio espacio que acondicionó en su casa con alfombras persas y muebles antiguos también hay fotos, vestimenta de corredores y diferentes objetos ligados a una actividad que en el país tiene cada vez más adeptos.
Con la contribución de Ana, también amante de las dos ruedas, Darío volcó la experiencia a sus redes (@kikebikemuseum en Instagram) y logró un impacto inesperado. Su exploración en el mundo digital le sirvió para descubrir el amplio interés por el universo de las bicicletas. Lentamente, sus vivos de Instagram comienzan a transformarlo en un personaje viral.
En 2019, antes de que surgieran las restricciones a que obligó la pandemia de coronavirus, Darío y Ana se animaron a una nueva apuesta: organizaron cenas con un número acotado de amantes de las bicis para mostrar el museo y pasar una linda noche desgranando anécdotas sobre la actividad. En sus planes está poder retomar esos encuentros cuando las condiciones sanitarias lo permitan.
SALIDAS CLÁSICAS
Además del valor que tiene el museo para los fanáticos de la historia del ciclismo, Darío fundó junto a sus amigos también coleccionistas, Carlos Pernbaum y Milton Ciancio, el grupo "La Clásica Argentina", que organiza salidas de carácter recreativo de bicicletas antiguas con el objetivo de llevar la pasión por las bicis a diferentes rincones de todo el país.
Arrancaron hace casi tres años y, más allá del freno por la pandemia, están muy entusiasmados por la posibilidad de volver a salir generando una movida muy pintoresca con la que también sueñan llegar a todo el continente. Tomaron como referencia movimientos de este tipo que desde hace años se llevan adelante en distintos países, especialmente en Europa.
"La idea es juntarnos y aprovechar para intercambiar información y experiencias; hablar de esto que nos gusta tanto, compartir una comida. En definitiva, pasar un buen momento", explica Darío o Kike, el ciclista fuera del tiempo.
Foto de portada: Laura Di Plácido