Una insólita historia de amor perruno en la ciudad tiene como protagonistas a Pico y Petra, dos perros a los que no los separa ni la distancia. Pico camina todos los días desde Los Hornos hasta Plaza Azcuénaga para visitar a su gran amor, Petra. Son ocho kilómetros los que recorre el perro de diez años para visitar a su amada, de cinco.
Patricia, la dueña de Petra, contó que Pico vivía a tres cuadras de su casa y un día de Navidad apareció asustado. “No sabíamos de quién era, lo tuvimos adentro de casa por las fiestas, lo sacamos a la calle y se fue”, contó a Info Blanco Sobre Negro. Luego, adoptaron a Petra, que tenía siete meses, y “pegaron una química increíble”, relató la mujer.
Pico aparecía en la entrada del edificio y cuando se veía con Petra “tenían mucho amor y pasión”. “Lo raro es que Petra no tiene mucha química con otros perros, pero con Pico fue todo lo contrario”, remarcó Patricia.
La familia de Pico se mudó inicialmente a 12 y 60. Patricia calculó que el perro ya no iría más a visitar a su Petra, pero volvió. Tiempo después, Pico se volvió a mudar, pero esta vez a Los Hornos. Sin embargo, la distancia no fue un impedimento y una noche apareció en la entrada del edificio y empezó a ladrar.

Desde ese día, cada un par de semanas, su familia lo lleva a visitar a Petra. Si tardan demasiado, se escapa y llega hasta la puerta del edificio donde vive la perrita. Los dueños lo pasan a buscar, porque Pico no se quiere ir.
Cuando él se queda de visita “cuida muchísimo a Petra”, contó Patricia y explicó: “Vamos a la plaza y no deja que ningún otro perro o persona se acerque, la protege”.

“Es muy romántico verlo a él en el balcón ladrando, como diciendo ‘acá estoy’, y es muy notoria la desesperación que tienen los dos cuando se ven. Abro las puertas del departamento y Petra baja corriendo las escaleras del edificio hasta la entrada”, relató.
Patricia, su marido y Petra viven en un departamento en el segundo piso de un edificio y cuando escuchan ladrar a un perro, saben que llegó Pico y Petra también ladra, para darle la recibida.

“La última vez que se escapó, vinieron a buscarlo al día siguiente y no se quiso ir. Tiene que quedarse dos o tres días”, aclaró Patricia, la testigo de la impresionante historia de amor de las dos mascotas platenses.