Este martes empezó el juicio contra Oscar Alberto Racco, un mecánico de 59 años, que mantuvo cautiva durante más de dos décadas a quien fue su pareja, de la cual abusó sexual, física y mentalmente en un calvario que se repitió durante 23 años. María Eugenia, la víctima, declaró este miércoles en la ciudad santafesina de Rosario y expresó que su compromiso es que ninguna otra mujer vuelva a pasar por lo que ella tuvo que vivir. La fiscal de la Oficina de Violencia de Género, Luciana Vallarella, solicitó una pena de 18 años de prisión para el acusado por privación ilegítima de la libertad y reducción a la servidumbre.
La mujer logró escapar de la casa cerrada con candados en la calle Santiago al 3500 de la ciudad santafesina, en mayo de 2019 y en un descuido de su agresor. "Nunca pensé que iba a salir de lo que estaba viviendo", puntualizó ante los medios.
Durante las cuatro horas que duró su declaración la mujer, que ahora tiene 43 años, señaló que durante los primeros 5 años de su cautiverio Racco la mantuvo atada con una cadena a la cama. Además, la obligaba a limpiar la casa, trabajar, arrodillarse y rezar por "ser mala persona y prostituta" y debía golpear el piso cuando quería ir al baño, a donde la llevaba la madre del acusado.
"Cuando él se iba, me dejaba encerrada. Una mañana me hizo levantar a barrer la vereda con él pero después entró porque fue al baño y no quería que yo estuviera en la casa cuando iba al baño. Escuché que abrió la ducha y mi sensación fue: ahora o nunca", recordó la mujer sobre su huida hace dos años en diálogo con El Tres.

Tomó 640 pesos que había en un monedero sobre la mesa de la cocina, dos fotos de su hijo, abrió la puerta que Racco había dejado momentáneamente sin candado y empezó a correr. "Corrí por mi vida, fue media cuadra pero para mí eran 100 kilómetros", remarcó. Tomó un taxi en la esquina que la llevó hasta una estación de servicio donde la víctima pudo pedir ayuda: "Busqué a una tía mía en la guía. La llamé y le dije que me ayude porque si no, para la noche estaba muerta".
"Hoy la fuerza la saco en el compromiso de que se sepa la verdad y también para cerrar esta historia para mí", manifestó la mujer y aladió: "La declaración (ante el jurado) fue revivir 23 años de horror, de lo más feo de mi vida, de tocar muchos sentimientos y cosas que no quisiera recordar pero que fueron y es necesario para que se haga justicia". "Tendría menos miedo si él permaneciera preso. Los 23 años no me los paga nadie. Por el daño que nos hizo como familia, mi hijo creció y no pude estar con él. Se murió mi papá y no llegué a abrazarlo. Son dolores que no te paga nadie. El último abrazo con mi viejo no me los devuelve nadie", finalizó María Eugenia.