El Gobierno argentino extenderá las restricciones dispuestas para intentar frenar el avance de la pandemia y, aunque no se esperan cambios, el anuncio llegará con una nueva determinación: se limitará fuertemente el ingreso de personas al país, estableciendo un cupo máximo para quienes ingresan al país cada día, con el objetivo de evitar la propagación de la peligrosa cepa Delta del COVID-19.
Hasta ahora pueden entrar al país alrededor de 2.000 argentinos por jornada, pero las autoridades analizan reducir ese límite a 600 personas para controlar la situación epidemiológica.
La medida comenzaría a regir a partir de este mismo fin de semana y afectaría a todos los argentinos que deseen ingresar al país desde el exterior, ya que el turismo extranjero está suspendido desde marzo de 2020. Por ahora el protocolo para quienes llegan al Aeropuerto de Ezeiza es hisoparse en la terminal aérea y luego cumplir una cuarentena de al menos siete días en un domicilio, pero como las autoridades descubrieron que el 30% del público no observa la regla del aislamiento se va a intentar profundizar en estas medidas.
El objetivo es "focalizar aún más los controles en el ingreso de las personas y tratar de reducir la circulación, que el argentino no salga al exterior, sobre todo a los lugares donde más está circulando la variante Delta", explicaron. En paralelo el Gobierno trabaja con los ministerios de turismo provinciales para ultimar detalles con miras a las vacaciones de invierno: promociones y protocolos irán de la mano, como ocurrió durante el verano.
Mientras tanto seguirán suspendidos los vuelos a países como el Reino Unido por la presencia de cepas hipercontagiosas y reducidos en el caso de destinos limítrofes, como Brasil o Chile.