Un insólito episodio se registró durante las últimas horas en La Plata, luego de que una pareja de comerciantes se cruzara por la calle con un delincuente que días atrás cometió un brutal asalto en su negocio dedicado a la venta de plantas.
Un insólito episodio se registró durante las últimas horas en La Plata, luego de que una pareja de comerciantes se cruzara por la calle con un delincuente que días atrás cometió un brutal asalto en su negocio dedicado a la venta de plantas.
"Como muchos saben, el 25 de marzo entraron a robar al vivero Kiyoko y la golpearon bestialmente a Yesi. El hijo de puta la ahorcó y la golpeó con piñas y patadas en la cabeza hasta que quedó inconsciente. Le causó varias contusiones y al menos cuatro heridas cortantes en la zona del ojo, de las cuales tres pudieron ser suturadas", comenzó su relato Pablo, novio de la joven atacada.
"La denuncia primero cayó en la UFI Nº 7, luego pasó a la 9 y ahora estaría siendo investigada por la DDI. Nadie se comunicó para pedir siquiera la declaración en la causa ni nada por el estilo. Tenemos videos, fotos y el recorrido hasta que se apagó el teléfono robado (en la esquina misma del ministerio de Seguridad de la Provincia)", agregó.
Además del celular, el implicado también se había apoderado de algo de dinero en efectivo que tenían en la caja. Todo con una inusitada violencia que, como Pablo relató, provocó que la mujer terminara con graves heridas.
"Hoy, 6 de abril, nos cruzamos cara a cara con el hijo de mil putas en una de nuestras visitas (ahora habituales) al hospital San Martín. Él, caminando con las mismas zapatillas blancas, remera marrón con rayas negras y una bermuda oscura manchada. Llevaba una bicicleta pinchada", indicó.
"Por supuesto, muchísimos nervios de Yesi y míos. Llamé al 911 a las 8.02 por primera vez mientras lo seguimos por al menos 30 minutos. El último llamado fue a las 8.41. Siete llamados al 911 en total para que no aparezca un solo patrullero. Lo seguimos desde 69 y 116 hasta 7 y 71", completó en medio de la bronca.
El hecho aparece como una evidencia de la falta respuesta que las víctimas reciben ante la emergencia y la impunidad de sus atacantes. Al momento, el sospechoso permanece en libertad y temen que pueda volver a atacar a otros vecinos de la región.
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