martes 24 de marzo de 2026

El alcohol en la cuarentena y la reinvención de las vinotecas en La Plata

0221.com.ar recorrió la ciudad para mostrar la metamorfosis de estos comercios que parecían posicionarse como los grandes ganadores de la pandemia.

"Qué manera de tomar", decía un amigo para romper el hielo en uno de los incipientes zooms allá por abril de 2020. "Acá estamos chupando todo el tiempo", agregaba otro, que recibía el apoyo de uno más, entre risas: "Me compré una caja de vinos y un whisky". Estas charlas que se repetían en varios grupos marcaban la pauta de lo que comenzaba a ser una tendencia cuando la cuarentena era una novedad insólita y hasta seductora: muchos disfrutaban del encierro para dar rienda suelta todo el tiempo a los placeres exclusivos del fin de semana. En ese contexto, las vinotecas parecían sacar provecho: las redes se inundaban de promociones y el delivery de alcohol se multiplicaba semana tras semana. A un año de aquellas escenas, los dueños de estos locales en La Plata cuentan cómo experimentaron este combo de encierro y bebida. Reinvención y supervivencia.

Un informe del Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos de la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires ya alertaba en otoño de 2020 que con la cuarentena estricta la gente estaba aumentando el consumo personal de alcohol y droga. "Los indicadores más elevados se dan entre quienes beben alcohol (36,5%) y fuman tabaco (40%), y le siguen quienes consumen antidepresivos o ansiolíticos (10,1%)", remarcaban en el organismo conducido por Walter Martello. Uno de los indicadores más altos de aquel estudio detallaba que quienes ya eran consumidores antes de la cuarentena habían incrementado en un 20% el consumo de bebidas y otras sustancias. Un 36,5% correspondía al alcohol.

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Si bien hay una idea generalizada de que quienes venden y distribuyen alcohol son los grandes ganadores de la cuarentena, al hablar con quienes atienden estos negocios que se multiplican por todos los barrios de La Plata, la teoría pasa a ser relativa. "Ahora se vende alcohol hasta en la verdulería", bromeó una persona cuando este portal le consultó sobre las estadísticas del consumo en este último tiempo. Con esto quiso decir que los números oficiales que puedan elaborarse no van a reflejar con fidelidad una realidad que se transformó desde mediados del año pasado. Muchas personas se dedicaron por su cuenta a la venta de bebidas y esto también lo repiten en cada una de las vinotecas de nuestra ciudad. 

"Lo que nos pasó es que mucha gente se quedó sin trabajo y empezó a vender por su cuenta. Eso pasó mucho: por lo menos en esta zona tenemos un montón de competencia. Es más desleal la cosa, nosotros acá seguimos pagando los impuestos, el alquiler, las habilitaciones. Obviamente lo entiendo, es por la situación", cuenta Juan, que atiende The Wine House en 14 entre 501 y 502, Gonnet. "Mucha gente en 2020 se dedicó a vender online y tuvimos una competencia totalmente despareja, nos perjudicó bastante", concuerda Maximiliano detrás del mostrador en Vinoteca 45, en 60 entre 133 y 134, Los Hornos. "Yo ahora cierro a las 19 y veo en el barrio que están todos los supermercados y chinos abiertos vendiendo vino igual que nosotros, y a nosotros nos hacen una multa y a ellos no", se queja por su parte Valeria de Taninos Wines, en 7 entre 518 bis y 519, Ringuelet.

Todos coinciden en que a los pocos días de aquel primer decreto de cierre total del presidente Alberto Fernández, y a contramano de lo que ocurría con la mayoría de los negocios que tuvieron que bajar sus persianas, en este mundo de la comercialización de alcohol las expectativas pintaban bien. Muy bien. "Al principio de la cuarentena la gente consumía más en cantidad. Hubo otro tipo de consumo el año pasado. Con el miedo, la gente empezaba a llevarse en otro volumen", recuerda Juan. Más al norte aún, en la esquina de 13B y 472 en City Bell, Carolina hace una pausa a la mañana en Madrecepa y confiesa que "a finales de marzo del año pasado la gente no sabía qué hacer y nosotros tampoco, pero a partir de abril esto explotó y fue muy bueno. El año pasado nos fue muy bien con la cuarentena, la gente efectivamente se volcó más al alcohol. Se vendió mucho a domicilio, si bien los negocios estaban cerrados, nosotros podíamos hacerlo".

El bueno de Sigmund Freud hubiese escrito tomos enteros dedicados a esta etapa de la Historia. Consultada por 0221.com.ar, la Licenciada en Psicología Sabrina Rossi explica que "el incremento del consumo de alcohol durante la cuarentena puede pensarse desde varios puntos. En primer lugar hay que tener en cuenta que en épocas de ASPO fue la única sustancia de consumo legal que se podía conseguir en locales abiertos al público o incluso con delivery. No así la marihuana u otros tipos de sustancias que al ser ilegales aún, el modo de obtenerlas implicaba la circulación de personas, a veces atravesando grandes distancias. En segundo lugar, y ya hablando en términos psicoanalíticos, hay que pensar qué lugar ocupó la bebida en el panorama psíquico de los sujetos".

Y en ese punto dice que "en determinados casos, cualquier tipo de consumo -excesivo- de sustancias que modifiquen los estados de consciencia ocupan un lugar de sustituto en la disposición subjetiva de quien las consume. Es decir, que a través del consumo -en este caso de alcohol- hay algo que se intenta evadir. La evasión es un punto importante para tener en cuenta; es sabido que estamos atravesando una situación insólita a nivel mundial y que para la mayoría de las generaciones que la estamos viviendo es incluso inédito. Frente a toda esa incertidumbre y frente a esto que no conocemos, es donde surge la angustia. Y una forma bastante común de evadirla o lidiar con ella pareciera ser el consumo de alcohol".

"En algunos casos el ASPO y la cuarentena estricta provocaron una especie de enlentecimiento de las vidas, un vivir más pausado, lo que claramente dio lugar a que surjan más momentos de ocio, donde la posibilidad de tomar y disfrutar un vino estuvo presente en forma cotidiana. Quizás en los ritmos de vida anteriores no estaba permitido", remarca.

DE ABRIL A ABRIL

"Efectivamente se vendió más, al principio del encierro se consumió más vino, whisky, licores. Yo noté que hubo gente que por ahí no tomaba tanto y con el tema de la cuarentena empezó a tomar más. Un licorcito, un vinito. Acá se acercaban y me pedían asesoramiento: la gente nos decía que tenía más tiempo para cocinar y ahí disfrutaban de un vinito, no para emborracharse todo el tiempo, pero sí tomaban más seguido", describe Gastón en el tradicional Viejo Bodegón de 19 y 60. Lo mismo cuenta Gustavo, que atiende Vino Rojo en 13 entre 45 y 46: "Es una realidad que la gente toma más cuando está encerrada. No tiene nada que hacer y se toma un vino; eso se notó el año pasado en la cuarentena estricta". Valeria minutos después agregaría algo similar: "El año pasado cuando arrancó la pandemia nosotros vendimos más con el encierro estricto".

Pero luego esto no fue tan así. La crisis económica solo les dio unas semanas de gracia. Ahora todo es incertidumbre y quienes con cautela celebraban aquel guiño del encierro terminaron en la misma bolsa que cualquier trabajador que se pregunta todo el tiempo qué truco de magia debe hacer para llegar a fin de mes.

"2020 terminó siendo un desastre y 2021 pinta peor", dice sin vueltas el comerciante de Los Hornos que encima recibió en enero el cachetazo de este virus cuando estuvo internado en terapia intensiva con neumonía bilateral, al borde de la muerte. "Volví a nacer", repite. Él es uno de los que dicen estar de acuerdo con las medidas del Gobierno pero piden una mano extra que les permita sobrevivir: "Estos horarios que nos exigen no nos favorecen. Yo me adapto, los cumplo, pero no tenemos ningún beneficio; perdemos clientela, perdemos plata y los impuestos los seguimos pagando igual. Estoy totalmente de acuerdo con que se concientice a la gente y se haga algo contra este virus que nos está destrozando a todos, pero lamentablemente el horario y las normas a nosotros nos perjudican mucho. Lo que deberían hacer acá es dar una ayuda económica y no cobrar el impuesto municipal durante este tiempo".

A todos los jaquea el cierre a las 19 porque es el horario en que históricamente mejor funcionaron. "El momento de mayor tránsito es el de 19 a 21", dice Gustavo. "Yo apoyo las medidas, las queremos respetar, eso sí: capaz una horita más a nosotros nos hubiese venido bien. No veo mucha diferencia en cortar a las 20 en vez de las 19. A nosotros nos cambia mucho la ecuación porque acá históricamente el movimiento es a partir de las 19, entonces esto nos quita mucho", pide Juan. Maximiliano es más vehemente: "A nosotros nos obligan a cerrar a las 7 de la tarde y es cuando la gente empieza a salir. Salen de trabajar a esa hora y es el horario en donde funciona esto. Justo da en el horario donde más vendemos. Yo tengo todo en regla, pago todos los impuestos todos los meses y el Estado no me viene a preguntar cómo estoy, si puedo pagarlos, cómo me trató la pandemia".

Entonces implementaron una reinvención: el delivery. "De esta manera pudimos aguantar porque si no no podíamos ni pagar el alquiler", resume Gustavo e insiste: "Vos al local tenés que mantenerlo igual, hay que seguir pagando servicios e impuestos. Lo que hacemos al repartir todo es no fundirte, quedás empatado, no es que lográs una mayor venta. Por ahí el que te compraba una caja cada tanto ahora te compra diez, pero las compra una sola vez y listo. No generás una ganancia". Lo mismo hicieron Juan en Gonnet y Maximiliano en Los Hornos, que antes no hacían repartos y ahora no les quedó otra.

"Acá estamos en un barrio y el poder adquisitivo no es el mismo del centro u otros lugares. Acá la gente cuida mucho el mango y tomar un vino hoy en día no es tan importante como comer. Si bien es algo que está en la mesa de los argentinos desde hace mucho tiempo, hoy la gente lo piensa dos veces", dice quien frecuenta la zona oeste. Pero cerca de plaza Paso sucede algo muy parecido: "Ahora no tenés un parámetro porque como está aumentando todo constantemente, podés llegar a vender un poco más pero no hay forma de estar bien, porque por ejemplo vendés algo a 800 pesos y en la reposición te llega a 1400. Y no te avisan, llega la factura y tenés un aumento. Hasta el año pasado veníamos bien porque muchas bodegas no habían hecho los aumentos pero ahora subieron 60% y 70% las más grandes, las más comerciales".

"Cuando anunciaron estas nuevas restricciones mucha gente vino a comprar cajas de vinos. Pero bueno, es ahí, después se estanca", analizan en Gonnet. "Además, al tener el local cerrado, todo lo que son bebidas espirituosas lo hacemos por encargue para no tener que afrontar el gasto de tener el stock acá, porque los precios de los importados se dispararon; y después lo que nos pasó también es que muchas bodegas empezaron a hacer ventas directas a cualquiera prácticamente con los mismos precios con los que trabajan los distribuidores", agregan.

Esta reinvención de la que todos hablan también se ve reflejada en cada una de sus cuentas en las redes sociales: todo el tiempo hay promociones y una vez por semana se las ingenian para armar nuevos packs no solo de vinos sino de bebidas blancas. El bombardeo también se hace vía WhatsApp y es otra de las apuestas para mantener una clientela que ya no es la misma que a mediados del año pasado. "Ahora hay una crisis muy grande y se nota la diferencia con lo que nos pasó el año pasado, que todos los días eran Navidad. Además los precios aumentaron bastante y algunos demasiado: 20 o 30%, es una locura", comentan en 19 y 60.

Cuando abrieron las puertas de sus locales y aceptaron responder las consultas de este portal, todos hicieron la misma mueca al escuchar la primera hipótesis: la pandemia hizo que todos tomemos más alcohol y entonces las vinotecas se beneficiaron. Freud también sacaría muchas conclusiones al interpretar ese gesto de asombro y resignación.

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