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La historia del yankee que se casó con la camiseta de Estudiantes

Mike Schatz es norteamericano, vivió en La Plata, se enamoró de Estudiantes, y viajó para verlo campeón nacional y de América.

Nacer en Estados Unidos y convertirse en un hincha fanático del Pincha no es cosa de todos los días. Mucho menos hacer locuras como viajar desde Norteamérica únicamente para ver las finales del 2006, 2009 y la definición del Apertura 2010 con tal de festejar los títulos. Y ni que hablar llegar al punto de casarse con la camiseta de Estudiantes puesta.

"Mi relación con Estudiantes empezó en 1998, cuando fui a Argentina como estudiante de intercambio y viví con la familia Carranza en La Plata. Me gustaban mucho los deportes de Estados Unidos pero no entendía nada de fútbol. Ellos eran del Pincha y me llevaron por primera vez a la cancha, un 1-1 contra Unión a la popular de 55", relató Mike Schatz desde Texas, con el recuerdo muy vivo, como si el tiempo no hubiera pasado.

"Me enamoré de la cultura de la cancha, de la pasión. Era algo que nunca había visto. Me encantó y fue muy diferente a lo que había visto las veces que fui a ver partidos de básquet o de baseball. Me atrapó toda la experiencia, por estar en la cancha, abrazar al de al lado, gritar un gol. El siguiente semestre, en el Clausura ´99, empecé a ir de local y tuve mi primera vez de visitante en Racing", continuó Mike.

"Después de recibirme en Estados Unidos volví en el 2000 porque me enamoré del país, de la cultura, de la gente, y Estudiantes fue gran parte de eso. Ahí empecé a viajar, a ir al interior, a Córdoba, Rosario, Santa Fe. Empecé a conocer a muchos hinchas y siempre me recibieron de la mejor manera. Ellos se extrañaban de que un yankee se haya hecho tan fanático".

Mike se interiorizó cada vez más sobre la vida del club y se animó a soñar con verlo en lo más alto, algún día: "Empecé a estudiar la historia del club, el equipo del ´67, ´68, ´69 y ´70, también del ´82 y ´83. Era una época de vacas flacas en Estudiantes. El que yo conocí peleaba el descenso y aprendí a ser hábil con la calculadora por los promedios. Empatar de local con Boca o River era buenísimo. Yo sabía la historia, pero lo que conocí era pelear abajo. Por eso, pelear arriba era demasiado pedir".

Apenas unos años después, se casó con una rosarina que vivía en la ciudad, formaron una relación y una familia juntos. "Cuando nos casamos por civil en 2002 fuimos al registro de 1 y 60, y me casé con la camiseta de Estudiantes puesta", aseguró.

"El campeonato del 2006 lo viví desde Estados Unidos y a full. Me acuerdo de estar escuchando la radio por Internet, cuando hizo el gol Alayes con Arsenal y forzamos el desempate. Lo primero que hice fue comprar el pasaje ese domingo. Compré para viajar el martes, llegar el miércoles e irme el jueves. Y al día siguiente, cuando cambiaron el partido de fecha me quería morir. Igual viajé, sin entrada, confiando que algo iba a conseguir", rememoró.

"Estaba en el aeropuerto de Miami y empecé a llamar a todas las filiales. Viajé, llegué a Ezeiza, fui a La Plata a la casa de un desconocido y me consiguieron una entrada. Me dieron de comer y fuimos juntos en una combi cantando. La gente de Estudiantes siempre me recibió de la mejor manera, muy solidaria y considerada conmigo. Fui al partido, volvimos a los festejos, no dormí y al otro día tomé el avión de vuelta. Fue una locura".

"La otra locura que viví en 2009 fue cuando llegamos a semifinales de la Copa Libertadores. Yo, como norteamericano, necesito visa para ir a Brasil y ya estaba viendo cómo ir a la final en caso de clasificar. Tuve que empezar el trámite cuando estábamos en semis y no me gustó porque era como festejar antes. Yo que soy cabulero no me gustó, pero no me quedó otra. Le ganamos a Nacional y saqué pasaje para la vuelta en Brasil. Fui a Belo Horizonte sin entrada y logré ingresar al hotel, donde estaba la delegación. Ahí estuve seis horas conociendo hinchas y nos dijeron que íbamos a entrar todos. Así fue. Fue increíble, épico. Y en el 2010 estuve en Quilmes cuando salimos campeones con Arsenal".

Si tiene que definir el ADN, Mike no duda al hablar del Pincha como una familia. Un hombre que se enamoró para toda la vida del rojo y blanco: "Estudiantes tiene una mezcla de familia y sentido de pertenencia. Es el mejor club. Jugué al tenis en UNO, compraba facturas e iba al country a ver las prácticas. Era algo muy lindo. Somos campeones del mundo. Tenemos una combinación perfecta entre los logros internacionales, pero a la vez no es una empresa enorme".

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