Centro Cultural Daniel Favero: veinte años de transformar el dolor en celebración | 0221
Centro Cultural Daniel Favero: veinte años de transformar el dolor en celebración

Centro Cultural Daniel Favero: veinte años de transformar el dolor en celebración

En la esquina de 117 y 40, Claudia Favero rememora hitos y escenas de un sitio referente de la militancia cultural, en un legado que hoy continúan sus hijos

Pasaron 20 años y miles de anécdotas. Gente, talleres, espectáculos, reuniones, movilizaciones. La imagen que se le viene a la cabeza a Claudia Favero es la de cuando, en 2001, en el momento en el que se inauguró el Centro Cultural Daniel Favero, apenas había un puñado de centros culturales en toda la ciudad. “Lo creamos como sitio de memoria en un momento de derrumbe en el país en el que todavía imperaban el indulto, la obediencia de vida y el punto final y en las marchas éramos poquitos, casi que nos decían que nos dejáramos de joder con lo del pasado”, reflexiona ahora, sentada en el interior del Centro Cultural Daniel Favero junto a su hija Melisa. 

“Respiraré estos aires en fortines de barrio”, escribió en 1976 Daniel Omar Favero, su hermano poeta. Poco tiempo después, Dane, como le decían sus amigos, fue secuestrado por un grupo de tareas perteneciente al Comando Militar I y hasta hoy permanece desaparecido. Tenía 19 años y estudiaba letras en la Universidad. Sus familiares lo siguen buscando desde entonces. 

El 29 de marzo de 2001, con el dinero que les dio el Estado argentino en carácter de resarcimiento por la desaparición de personas durante la última dictadura militar, los Favero, apellido que en La Plata es sinónimo de música, crearon un auténtico “fortín de barrio” en la esquina de 117 y 40. Ese día de apertura, como no podía ser de otra manera, se presentaron dos cuartetos instrumentales integrados por músicos de la Orquesta del Teatro Argentino.

Los Favero, en efecto, son una familia ligada al circuito artístico platense. Alberto Favero, el compositor, Nélida Favero, la pianista, Fernando Favero, el violinista del Teatro Argentino, son primos de Omar, padre de Claudia, Luis y Daniel. Y por el lado materno está la impronta insoslayable de Amneris Perusín, recordada artista lírica. Tal vez por esa filiación, los hijos siguieron sus pasos. Daniel estudiaba letras y escribía poesía. Luis fue percusionista del Teatro Argentino. Claudia, profesora de Filosofía, Ciencias de la Educación y Estética. 

La radio Estación Sur funciona arriba del Favero

En una entrevista que dio a un medio platense en el día de la inauguración del centro cultural, Amneris había resumido la motivación principal de aquella gesta. “La primera reacción que tuvimos cuando se aprobó la ley de resarcimiento a los familiares por los desaparecidos, fue la de no presentarnos. Pero un familiar nuestro aportó una idea que nos hizo cambiar. '¿Por qué no utilizan esa plata para hacer algo relacionado a Dane? Por ejemplo, una película sobre su vida o algo así, ya que él era poeta'. Y a partir de ahí llegamos a la creación de un centro cultural y en un barrio”.

Y luego Amneris agregó, en la misma entrevista: “Queremos dejar claro que nosotros creemos que es muy justo que las familias de los desaparecidos sean resarcidas por el tremendo daño recibido y que ese dinero sea utilizado de acuerdo a cada necesidad. En el caso nuestro que no necesitamos dinero porque contamos con trabajo, pensamos que creando un centro cultural ayudábamos a mantener vivo a Dane y a sus ideales. Porque la dictadura pretendió borrarlo del mundo, por eso está desaparecido y esa quizás es la mejor y más sutil de las venganzas. Porque Dane estará aquí, junto a su poesía y a todos los que compartieron su sueño”. 

Al rememorar sus palabras a través de un recorte de diario que atesora entre sus recuerdos, Claudia trae al presente la discusión entre los familiares de desaparecidos por aceptar o no el resarcimiento. Hubo quienes, como Hebe de Bonafini, se negaron a recibir la indemnización. Pero los Favero avanzaron y buscaron un terreno propicio, hasta que dieron con la esquina de 117 y 40, en un antiguo local construido en 1913 y que estaba a punto de demolerse. Entre sus espacios fundacionales, el Favero contó con la sala “El último pájaro”, en donde se brindaron recitales, espectáculos de cámara, conferencias y presentaciones de libros; y la biblioteca, que se armó en el sótano bautizada con el nombre de Evaristo Carriego, el poeta de los barrios.

Parte de la familia Favero tenía una empresa constructora y realizaron un mapeo para buscar casas en venta. Y se encontraron con esa esquina a buen precio. El terreno era de un gallego y había sido lugar de reunión del barrio porque funcionó un almacén. Los Favero dejaron la fachada, para conservar la antigüedad, y adentro fueron construyendo las divisiones. “Había mística. Laburamos denodadamente porque era un baldío”, puntualiza Claudia, casi al borde las lágrimas, sobre los comienzos de la iniciativa que tomó forma de Asociación Civil sin fines de lucro.

Uno de los puntales fue el llamado “concierto de los lunes”, que se empezó a organizar en ese día porque los músicos, que solían ser del Teatro Argentino, tenían esa jornada como franco en su trabajo. Allí también cantaba Amneris. De hecho, fue el último espacio donde actuó como artista. Madre de Plaza de Mayo, murió un año antes del juicio por la desaparición de Daniel. 

El estudio de Estación Sur, emblema del centro cultural

En marzo de 2016 el Tribunal Oral Federal N° 1 condenó a los responsables de la desaparición de los jóvenes Daniel Favero y María Paula Álvarez. Entre ellos, al ex director de Investigaciones de la policía de la provincia de Buenos Aires, Miguel Etchecolatz. La tarde del 24 de junio de 1977 cuatro personas entraron al edificio de la calle 57 entre 12 y 13 número 880 en La Plata. Fueron hacia el departamento G del segundo piso. Los visitantes, en realidad, eran policías. Tras un trabajo de inteligencia, habían preparado una emboscada. En el departamento contiguo, el E, vivían Paula y Daniel.

Cerca de la medianoche, la pareja salió del departamento. Los hombres los detuvieron y los jóvenes se resistieron. Julio César Argüello, uno de los policías, resultó herido en la pierna derecha por un disparo. Minutos después, fueron apresados. Nunca pudo determinarse su destino.

Además de escritor, Daniel era músico, dibujante y había jugado al fútbol en la novena división de Estudiantes. Su obra fue guardada secretamente por su padre y se mantuvo inédita hasta que, en 1992, la editorial Libros de Tierra Firme sacó a la luz una parte de ella con el título Los últimos poemas. En 2007 se publicó una nueva colección poética del autor: Nosotros, ellos y un grito. 

“Subo por tus caminos y dos pájaros huyen/ de planetas marinos a lejanos misterios/ en un pleno vacío”, escribía Daniel desde la clandestinidad a la que lo llevó su militancia en la Juventud Universitaria Peronista.

La persecución a la pareja, en realidad, había empezado en los meses previos a la desaparición. Sus familiares sufrieron allanamientos ilegales y secuestros. Como el caso de Claudia Favero, secuestrada en febrero de 1977. La pusieron en una cama elástica y le aplicaron picana preguntándole por Daniel. A su hermano Luis también lo detuvieron. Le ataron las manos y vendaron los ojos.

Habían pasado 39 años después de esos hechos cuando llegó la hora de la Justicia. Después de la sentencia, Claudia sintió alivio aunque mantuvo su compromiso de seguir buscando el cuerpo de Daniel. 

Claudia Favero, 65 años, tiene tres hijos, tres nietos y se ha convertido en una referente de Derechos Humanos en La Plata. Convirtió su casa en un refugio: en su living “santuario” hay fotos de sus padres y de Daniel. En una de las paredes del patio, el pañuelo de las Madres que ella misma hizo sobre mosaicos; el pañuelo que lleva colgado alrededor del cuello es el que muchas veces usó Amneris mientras buscaba a Daniel. 

El interior del Favero es poblado por numerosos talleres culturales y artísticos

AGENDA LLENA

Con el tiempo, en el Centro Cultural Favero fueron lloviendo propuestas: eran tantos talleres que no daban abasto. Así lo recuerda Claudia: “Los talleres significaban la entrada de un recurso. Hacíamos espectáculos a la gorra y había gente becada en los talleres. Desde ese momento tuvimos siempre la agenda llena, con el espacio abierto para la comunidad”.

“Al comienzo los vecinos se acercaban y preguntaron si sería un cabaret, porque ahí cerca estaba la zona roja, y cuando se enteraron que iba a hacer un centro cultural, se alegraron -sonríe Claudia-. Pero nunca fue fácil la comunicación con la gente. Nos ayudaron pibes de las facultades, cátedras que hicieron prácticas, gente cercana como el club Ateneo Popular. Lo que más logramos con los vecinos fue la creación de una obra de teatro comunitario con un texto que escribió alguien del barrio y que se llamó El stud de la paloma”. 

No han sido fáciles los 20 años vividos en el centro. Casi todo se ha hecho a pulmón, ad honorem. La fusión con la radio Estación Sur, en 2012, fue un punto de crecimiento. Una tarde llegó al Favero una estudiante de Sociología que estaba haciendo su tesis con centros culturales de La Plata. Allí se conocieron con el Centro de Cultura y Comunicación. “En esos encuentros se nos pidió que pidiéramos un deseo de futuro. Y el deseo mío era no estar, en ese encuentro eran todos jóvenes y yo era la mayor, mi deseo era ese porque quería una renovación generacional en el futuro. Por suerte hoy la posta la tomaron mis hijos y los mayores acompañamos”. 

Claudia Favero, referente de los derechos humanos en La Plata

Pablo Antonini, referente del Centro de Cultura y Comunicación, había conocido los poemas de Daniel Favero cuando a comienzos de los ´90, en sus últimos años de secundario, organizaba un encuentro de poesía callejera y con un grupo repartían versos por la calle. “Sin saber quién era, me había dejado la impresión que eran poemas elaborados por alguien grande, no de un pibe de 19”, recuerda Pablo. 

“Y una tarde fuimos hasta el Favero y le propusimos mudarnos con nuestra radio a su espacio -cuenta Antonini-. Nosotros estábamos en una casa de 42 y 7 en la que nos pidieron demasiada  plata para renovar y entonces buscamos aliados. Era una realidad de la época, donde muchos centros culturales se terminaron fusionando. Y construimos el espacio de la radio arriba del Favero, donde fuimos fortaleciendo una relación, sentimos que es nuestra casa aunque nunca nos olvidamos que somos huéspedes”.

Miguel Carnabali -ex esposo de Claudia Favero- también fue otro referente del espacio, abría la puerta y estaba una hora saludando gente. "La radio ya tiene mas tiempo funcionando en el Favero que en el anterior lugar. Y creo que es mutuo: nos cuesta mucho imaginar la radio sin el Favero y cuesta mucho imaginar al Favero hoy sin la radio", dice Antonini. 

El concierto de los lunes fue uno de los puntales del Favero

En esas reuniones post 2001 hubo ideas que se compartieron en cómo pensar la relación entre los espacios comunitarios y el Estado. Junto a Antonini, en el Favero compartieron una mirada que no era la mayoritaria. “Planteamos que lo autogestivo no era tan piola, sino que necesitábamos el subsidio del Estado. Los centros culturales cumplimos un rol social y cultural, y entonces lo autogestivo se convierte en una trampa neoliberal, porque es difícil gestionarse por fuera de los apoyos externos, y enamorarse tanto de lo autogestivo significa que hay menos intervención del Estado”, explica Claudia.

-¿Cómo encontrar un equilibrio entre una cosa y la otra?

-Con el Favero buscamos algo mixto, por eso peleamos para tener una ordenanza municipal que ampare a los centros. El tema es que te piden tener muchas cosas en regla para obtener subsidios, te exigen como si contaras con la infraestructura de Gimnasia o Estudiantes. Lo de Bomberos es un tema, nos pidieron que abriéramos otra puerta más de salida, siempre te falta algo. No reniego que haya seguridad, pero la ordenanza es para que te den un subsidio porque no tenés plata, y se produce un círculo vicioso porque tenés que tener plata para estar en regla. Hoy por suerte la red de centros culturales en La Plata es enorme y se lograron importantes subsidios y apoyos.

Aun así, aclara Claudia, el Favero se sigue sosteniendo a pura voluntad, con plata que muchas veces ponen los integrantes de su bolsillo. Los protocolos de la pandemia no dejan de ser complicados para los espacios comunitarios, hubo varios centros que cerraron.

Creado en el 2001, fue uno de los primeros centros culturales de los últimos tiempos

LIBRO HOMENAJE

Durante la pandemia Claudia se embarcó junto a su familia en la edición de un libro con textos de su hermano desaparecido. Fue una tarea ardua, que consistió en agarrar los manuscritos que tan celosamente había guardado su padre y pasarlos a Word, en la computadora. Con su hija Melisa se dividieron las horas, hicieron una especie de filologia de los poemas y les dieron un orden. "Tipearlos fue muy fuerte, porque fue poner en práctica una intención de recuperar recuerdos", dice Claudia.

Fue con Melisa, hoy directora del Centro Cultural, que se preguntaron qué podían hacer con el Favero en tiempos de encierro. “El Estado nos subvencionó para que subsistamos, tuvimos que ocuparnos y hacer los trámites. Y en lo cultural, armamos dos ciclos de poesía, el primero con poesías de mi hermano Daniel, convocando a actores y gente de Derechos Humanos a que nos grabaran el poema que eligieran. Eso duró unos cuantos meses. Después armamos un segundo ciclo de ‘poesía y dictadura’ con la obra de otros poetas desaparecidos, bajo el mismo formato. Y lo compartimos en nuestras redes sociales”.

Daniel Favero tuvo una vida breve e intensa. La lucha por justicia, encabezada por su madre, llevó más tiempo que su propia vida. Entonces Claudia y su familia decidieron armar una crónica con una línea de tiempo de la búsqueda e incluirla en el libro "Poesía y militancia. Historia y obra de Daniel Favero", que salió en formato digital en la pandemia y hace poco se publicó en papel por la editorial de la Universidad Nacional de La Plata. Cansada de las reuniones por Zoom, lo que más extrañaba era la calle, allí donde se conocieron con personas de los organismos de Derechos Humanos y con el tiempo se hicieron familia. “Extrañábamos ese afecto colectivo, que nos hace felices. Eso de transformar lo doloroso en una experiencia de celebración. Muchas me dicen tía y siento un amor especial por los más jóvenes”.

Una escena de la construcción del Favero, con miembros de la familia

Los festejos de los veinte años del centro cultural en marzo último tuvieron que suspenderse por el recrudecimiento de casos de coronavirus. Hace unas semanas, el 21 de noviembre, con diversos espectáculos donde actuaron Sergio Poli, Paula Mesa y Parra Ultravioleta, entre otros, el encuentro se hizo en la calle y se presentó el libro con la obra completa de Daniel Favero. “Una catarata de emociones de las que todavía me voy reponiendo”, resume Claudia.

Entre tantos años de encuentros, obras de teatro, presentaciones de libros, conciertos, asambleas, talleres y asados con amigos, a Claudia le gusta pensar el Favero no sólo como centro cultural sino como espacio de lucha política y de militancia por los derechos humanos. "Lo que recuerdo como algo excepcional fue una reunión desesperada que hicimos cuando fue el ballotaje entre Scioli y Macri. Ahí el Favero estaba lleno de gente, se armó una discusión grande entre los organismos, se pensaron estrategias. Pero no nos salió bien". 

Pablo Antonini se permite una última reflexión acerca de Daniel Favero, que hace extensiva al centro cultural. Dice: “Hace poco Julián Axat dijo de los increíbles 19 años de Daniel cuando lo desaparecieron. Era un todo terreno. Y su familia también tiene esa huella, esa impronta, de dejar un legado cultural y militante muy fuerte en la ciudad con un centro cultural que ya es una marca de identidad para los platenses”.