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Le hicieron un bypass coronario a los 35 años, se recuperó y cumplió su sueño en La Plata

Germán Iriart atravesó diversos problemas de salud y logró sobreponerse, se reinventó y es dueño de un gran emprendimiento en la ciudad.

La historia de Germán Iriart tiene condimentos por doquier. Una dosis de perseverancia, otra de superación, amor por lo que hace y sueña, y entre muchas cosas más, ganas de superarse a sí mismo y cualquier adversidad.  

Por el mes de septiembre, Iriarte inauguró en La Plata el café Nómade. Lo hizo justo a metros de la facultad donde recibió el título universitario de Contador, cumpliendo así su sueño de ser emprendedor. 

“Un café al paso... ese que viaja con vos”, dice el hombre de 38 años, en diálogo con Infobae, contento después de tantas idas y vueltas. Germán nació en un pueblo de 12.000 habitantes, pero hace mucho tiempo que vive en City Bell. El primer golpe vino cuando tenía 14 años. Su padre, Saúl, murió producto de un cáncer terminal. “Un día volvió a casa con el diagnóstico, y en cuestión de semanas, murió”, recuerda. Se lo llevó la Navidad de 1997.

A partir de ese momento, la situación económica de la familia Iriart se vio afectada. A pesar de eso, pudo terminar la escuela secundaria y encontrar su camino universitario. A los 18 años, en 2001, se mudó a La Plata junto con su hermano Ignacio para estudiar en Ciencias Económicas, y se recibió de Contador Público en 2008.

En 2017, con 32 años, le llegó la oportunidad que tanto esperaba. Fue designado con un cargo importante en un organismo público, la Direccional Nacional de Migraciones. La idea de gestar desde cero, de tener algo propio, algo personal, no lo dejaba dormir. “Mi espíritu emprendedor, aquel que me había motivado a asociarse con amigos y a armar cosas que realmente me gustaban, estaba apagándose. Por falta de tiempo y por lo demandante de mi trabajo ya no tenía la energía suficiente”, se lamenta.

Sin embargo, lejos estaba de imaginar lo que sucedería un año más tarde, en agosto de 2018. “Lo que empezó con un dolor de pecho mientras hacía deporte terminó en un doble bypass coronario”, contó el muchacho. Después de dos largos meses, pudo recuperarse y volver a trabajar. 

Germán se propuso modificar su estilo de vida. Ese episodio de salud era una señal clara. Lo hizo. Renunció a todo. Siendo aún estudiante, junto a un primo y dos amigos empezaron a incursionar en el mundo de la gastronomía. Así, alquilaron un bar que administraron un tiempo, hasta que al cabo de unos años montaron el propio

“Planificar un negocio con una oferta novedosa me impulsa. Lo mismo ocurre cuando tengo que armar equipos de trabajo o cuando veo la recepción del público. Esas siempre fueron las claves que me llevaron a emprender. Jamás lo hice por lo económico”, dijo el emprendedor local. 

Al tener todo armado, llegó la pandemia y todas sus restricciones. “Mi operación me enseñó mucho, principalmente a no darme por vencido, así que salí a vender café molido y en cápsulas por las redes sociales: un delivery de café”, sostuvo el hombre. 

La entrega puerta a puerta fue el puntapié para algo mayor: la cafetería que tanto imaginó, un espacio para consumir al paso ya que la barra está sobre la vidriera. “Buscamos volver al origen con un café artesanal de especialidad, donde se conoce la trazabilidad del grano, como se cosechó, el secado, quien lo tostó y finaliza en la taza”, explica. El resultado se percibe en el aroma y sabor. 

Hoy en día vende en promedio 200 cafés al día, apuesta en un futuro cercano al doble. “La facultad aún sigue cerrada, sin clases presenciales, no todo volvió a la normalidad. Todavía hay poco movimiento”. No deja de soñar despierto y con el ímpetu de sobreponerse a lo que la vida le ponga adelante.

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