sábado 06 de diciembre de 2025

La dura versión de uno de los testigos del crimen del kioskero de Ramos Mejía

Un hombre que atendía un negocio a pocos metros del hecho contó en qué circunstancias murió Roberto Sabo y la cruda estrategia que utilizó el asesino.

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El crimen de un kioskero de Ramos Mejía conmocionó a todo el país y uno de los testigos dio una dura versión. Se trata de un hombre que atendía un negocio a metros del hecho y que reveló en qué circunstancias mataron a Robeto Sabo y la cruda estrategia que utilizó el asesino.

Si bien C prefirió reservar su nombre por temor, precisó que el delincuente actúo con suma frialdad para alejar a los clientes de la víctima y concretar el robo. En ese sentido, afirmó que, en un momento, uno de los clientes del kiosquero se acercó a su local y le contó que un joven desconocido estaba atendiendo el drugstore; que trataba con los clientes que se acercaban hasta el kiosco y los despachaba, lo que encendió las alarmas: “Había uno en el kiosco que le dio unos alfajores a una señora para que se fuera: era el chorro. Ahí, nos metimos y escuchamos los tiros: pá, pá, pá. Y nos tiramos al piso. Ahí, hubo un llamado al 911 y al minuto llegó la Policía”, relató sobre el accionar del único preso e imputado por el homicidio, Leandro Daniel Suárez.

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Según esta versión, el acusado habría atendido a varios clientes para que se fueran rápidamente y, en ese ínterin, ejecutó al kiosquero de seis disparos. No se sabe todavía si Sabo se resistió ni por qué lo mató de esa manera.

Sobre cómo siguió el violento episodio luego de la llegada de las autoridades, C detalló: “Pocos minutos después vino la Policía. Lo vi a Roberto boca abajo, respirando un poquito y nos dijeron que no podíamos tocarlo”, fue el crudo recuerdo de C, quien agregó: “El chorro estuvo 15 minutos adentro con él. Roberto era una buena persona, no creo que se haya resistido, pero no lo sabemos”.

Y se lamentó: “No tenía por qué matarlo de esa manera”. Luego, lo que ya se sabe: Suárez y su cómplice intentaron escapar, pero fueron detenidos a las pocas cuadras. “Todo es un desastre”, se entristeció C.

Por último, recordó que fue amigo de la víctima durante años y que no era la primera vez que a Roberto le robaban. El crimen conmocionó a todo el barrio y los comerciantes y vecinos de la zona viven horas de dolor y bronca.

Pero lo que más conmueve es la propia entrada del kiosco de Roberto, que en cuestión de horas se convirtió en una suerte de santuario donde cientos de vecinos dejaron arreglos florales y carteles para pedir justicia.

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