La casa de papel platense y la bóveda inviolable que guardó el tesoro de la Provincia | 0221
La casa de papel platense y la bóveda inviolable que guardó el tesoro de la Provincia

La casa de papel platense y la bóveda inviolable que guardó el tesoro de la Provincia

Aún cerrado al público, es único en su tipo en la provincia y un testimonio de la arquitectura platense. La lucha de los arquitectos que lo crearon.

Es un miércoles de primavera pasado el mediodía de 2021 y un empleado del Ministerio de Hacienda y Finanzas conduce el largo camino, desde la entrada por calle 8, hacia el museo que habita en la otra punta del edificio que ocupa toda la manzana. El tránsito es laberíntico, gente que entra y sale en la nueva presencialidad de la burocracia, y el sofocante bullicio céntrico que parece aquietarse cuando se llega, en planta baja, a un rincón de la esquina de 7 y 45. Allí es donde, un tanto escondido, un tanto enigmático, se encuentra el museo de Hacienda -así se lo conoce, a falta de otro nombre- en un espacio alejado del runrún de las oficinas y bajo un aire decimonónico con la bóveda histórica del Tesoro Provincial como sitio de memoria.

Los arquitectos que hicieron posible el museo de Hacienda, cuando hace años se encontraron con las ruinas

Por su forma y su tamaño, la imponencia de la bóveda remite directamente a la que aparece en la exitosa serie española La casa de papel creada por Álex Pina.

No es un lugar accesible al público. Un museo que fue abierto sólo dos veces desde que fue inaugurado en 2007, dentro del marco de la Noche de los Museos, y no mucho más. “Es como un niño mimado por nosotros, que lo formamos de cero y casi por casualidad. Pero todavía hay trabas, como la exigencia de tener baños cerca y un marco más funcional de museo. Por ahora, nuestra misión es resguardarlo y que la sociedad sepa que existe”, dicen, a dúo, los arquitectos María del Carmen Melendi y Gabriel Da Pieve, pioneros en el armado del pequeño museo, allá cuando por entonces era Ministerio de Economía y no Ministerio de Hacienda y Finanzas, como se lo empezó a llamar en el actual gobierno.

La historia del museo se resume en la típica gesta de una épica aislada y voluntariosa, que los profesionales nombran como “tener la suficiente sensibilidad por el patrimonio histórico”, más que por una decisión política o la planificación de un equipo de especialistas. Todo comenzó en 2006 cuando, luego de una refacción interna en unas oficinas se encontraron rastros arquitectónicos del edificio original del Ministerio de Hacienda de 1883.

“¡No lo pudo creer! ¡Mirá lo que encontramos! No podemos seguir con la obra así como así”, exclamó Da Pieve a su compañera, luego de contarle que había descubierto una serie de columnas antiguas y una pared con friso jónico tras un accidente: mientras tiraban las paredes para ir ganando espacio en la construcción de un auditorio, el cielorraso cedió y los rastros arquitectónicos del viejo edificio salieron a la luz.

Pese a que tenían los planos originales, los arquitectos jamás hubieran imaginado que se encontrarían con una ruina del antiguo mobiliario. “La obra de remodelación avanzaba con la demolición de tabiques, cielorrasos y todo elemento que entorpeciera la visualización de la bóveda y su puesta en valor. Y entonces detectamos rastros de lo que se presumía podrían ser del edificio original, molduras, almohadillados, arcos de medio punto. También descubrimos las columnas con sus capiteles Jónicos y parte del cielorraso original de la galería que rodeaba el edificio original. Todo estaba allí oculto durante años y estaba listo para ser evidenciado y mostrado”, rememora Gabriel Da Pieve.

"EL PASADO SE RESISTÍA A MORIR"

Luego de una serie de reuniones con las autoridades, el profesional cuenta que se decidió replantear el proyecto incorporando la idea de espacio institucional/cultural abierto, “planteando como consigna conservar los rastros encontrados como restos arqueológicos no intentando reconstruirlos, copiarlos, inventarlos o simularlos sino mostrando lo que fue y lo que pudo ser, poniendo como pauta que el espacio museo no sea sólo un contenedor de la historia sino que el contenedor sea la historia misma”, de acuerdo a lo que se lee en el documento fundacional que se consensuó en aquel momento.

Los planos históricos del edificio se encuentran en el corazón del museo

De ese modo, Melendi ordenó frenar la obra de remodelación, la empresa constructora acompañó y la gestión gubernamental dio el aval para que se resguardara la zona. Tras derribar un durlock descubrieron que “el pasado se resistía a morir”, en palabras de la arquitecta, que comunicó el hallazgo a las distintas áreas del ministerio y el eco fue inmediato: los empleados apoyaron la idea de hacer un museo con sus propios medios.

 

“Nos dimos cuenta que estaba vigente el espíritu del viejo edificio, de 1883, y eso entusiasmó a cada oficina -cuenta Melendi-. Ellos fueron fundamentales para convencer a las autoridades de la puesta a punto del espacio y darle una nueva entidad a nuestra famosa bóveda, la cual se estaba usando como depósito y estaba desvalorizada”.

La seguridad y el mecanismo de la bóveda "inviolable" (imagen de Favio Scopel/Caminando La Plata

“Nos dimos cuenta que estaba vigente el espíritu del viejo edificio, de 1883, y eso entusiasmó a cada oficina -cuenta Melendi-. Ellos fueron fundamentales para convencer a las autoridades de la puesta a punto del espacio y darle una nueva entidad a nuestra famosa bóveda, la cual se estaba usando como depósito y estaba desvalorizada”.

Fue entonces que el espacio de memoria fue ganando protagonismo. La atracción principal, en efecto, era la bóveda instalada en 1913 para guardar los tesoros de la provincia. Sus piezas fueron traídas de distintas partes del mundo y los visitantes de otrora la celebraban como una novedad tecnológica de La Plata, una ciudad moderna en ciernes.

La bóveda fue inaugurada para albergar el Tesoro Provincial, en tiempos que no existiía el Banco Provincia

La obra completa del museo, finalmente, se realizó durante 2006 y finalizó en abril de 2007. Hoy cuenta con una superficie en planta baja de 170 m2 y en planta alta de 63 m2, un hall de 30 m2, y un patio que marca el punto exacto donde terminaba el edificio histórico y comenzaba el jardín hasta la línea municipal de avenida siete.

“El edificio original del Ministerio de Hacienda estaba implantado en el corazón de manzana, al igual que todos los edificios públicos de la ciudad. Estaba circundado de jardines y de rejas. Y sufrió varias modificaciones. La primera fue alrededor de 1913 con la necesidad de instalar el Tesoro provincial”, explica Melendi, cuya función principal consiste en la coordinación técnica de la obra.

Viejas máquinas de escribir usadas en dependencias de la cartea económica provincial (Imagen Favio Scopel/ Caminando La Plata)

El Ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires fue uno de los primeros edificios fundacionales de La Plata. En rigor, la construcción original no escapó a la lógica de los edificios erigidos en el eje cívico, y en cuya línea municipal de calle 8 se emplazaba en forma de isla la residencia del ministro. El proyecto fue pensado, como no podía ser de otra manera para la época, por el ingeniero Pedro Benoit y desarrollado en estilo del Neorenacimiento italiano, con cierta influencia del tratadista Sebastián Serlio, utilizando en todos sus ornamentos el orden Jónico. Su construcción comenzó el 22 de enero de 1883, a cargo del maestro mayor de obras Pedro Cabrera y la dirección de obra había sido ejercida por el arquitecto Domingo Renom.

La edificación se desarrolló en una sola planta, con techos planos y volumetría baja y prismática -de acuerdo al lenguaje técnico de los constructores-, con torreones cúbicos en las esquinas y sendos pórticos tetrástilos sobre el eje de fachada principal y el contrafrente. En el frente y contrafrente estaba atravesado por galerías sostenidas por columnas, que fueron parte del hallazgo de 2006. El ministerio quedó habilitado para funcionar el 15 de abril de 1884, al celebrarse el traslado de las autoridades provinciales a la nueva capital y, durante un tiempo, también fue usado como casa del gobierno provincial. 

Un libro del Departamento de Pagos como muestra de la contabilidad moderna

Así era reflejado por un testimonio de aquella época, escrito por Florencio Escardó bajo el título La Plata, a vuelo de pájaro: “El edificio ocupa una manzana con cuatro cuerpos salientes en las esquinas, los centros con corredores de columnas, todo circunvalado por verjas, pilares y jardines. A su frente da acceso al interior una escalinata de con 26 columnas, pórtico de 80 metros y un ancho corredor de 9 metros de ancho. La parte posterior que completa este edificio es un palacio de inmensa amplitud y amueblado con un lujo asiático, en donde a más de salas y salones hay 3 comedores o sea para banquetes oficiales, para empleados y para el señor ministro, pues es el edificio destinado al ministerio de Hacienda, todo rodeado de jardines, cocheras, caballerizas, juegos de niños, etc. Y dos carruajes….”.

LA BÓVEDA INVIOLABLE

Para Gabriel Da Pieve, que también se desempeñó como técnico de Obra del museo, la importancia de la bóveda es que fue la primera en resguardar el tesoro de la provincia. “Cuando no existía todavía el Banco Provincia, todos los tesoros, valores y documentos se guardaban en esta bóveda”, dice el arquitecto, a la vez que se desplaza dentro de ella marcando los cubículos de los enormes estantes donde se guardaba el dinero y una balanza donde se pesaba el oro y otros metálicos. 

La entrada a la bóveda, un mecanismo imposible de vulnerar

La bóveda está conformada por una caja de acero de cinco centímetros de espesor; son placas que se encuentran abulonadas a un sistema metálico que componen el piso, paredes y techo. “Es una caja maciza que con las placas conforman el encofrado del recubrimiento exterior de hormigón. Y está emplazada en este lugar porque no hubo forma de poder entrarla hasta el corazón del edificio, como estaba planeado”.

Piezas internas de la bóveda, traídas de varias partes del mundo

A su vez, la puerta fue traída de distintas partes del mundo: hay piezas de Alemania, otras de Estados Unidos, de Suiza y con todas ellas se montó en el Ministerio como un rompecabezas de ingenio. “Hubo como una noción de que todas las piezas conformaban un mecanismo inviolable, muy difícil de violentar por el sólo hecho que no se conocían todas las partes. De hecho, no se conoce ningún asalto. Creo que los mismos atracadores desistían al enterarse de semejante muro”, acota Da Pieve.

Pieza de ingeniería, adquirida por un crédito suplementario de la Legislatura bonaerense, hoy luce intacta con sus engranajes de vanguardia los cuales, en su momento, obligaron a los arquitectos modificar el edificio para que pudiera entrar cómodamente. La segunda modificación sustancial del mobiliario, según cuenta la arquitecta Melendi, fue en la década del ´30, cuando el gobernador de facto Manuel Fresco decidió demoler el antiguo Ministerio de Hacienda y, en el mismo predio, fue construido el actual en estilo Luis XVI, extendiéndose el doble sobre los jardines perimetrales y abarcando la totalidad de la manzana.

MEMORIAL E IMPRENTA

Mientras habla, la mujer camina por un sector del museo donde se construyó un memorial con los nombres de trabajadores del Ministerio desaparecidos en la última dictadura militar. Allí aparecen Daniel Mariani -el hijo de Chicha, fundadora y segunda presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo-, Alicia Cruz, Néstor Cortez, Horacio Urrera, Alberto Jamilis, Daniel Carrera, Humberto Fraccarolli, Edgardo Moroni, Guillermo Ercolano, Daniel Mendiburu Elicabe, Jorge Tulli, Rodolfo Elías y Carlos Thames. Sus legajos, que contenían el estigma de “abandono de trabajo” en letra de los militares, fueron resignificados hace unos años como hecho de reparación histórica.

La ficha personal de Daniel Mariani, uno de los trabajadores desaparecidos del Ministerio de Economía

Entre los arcos y las pilastras, que cumplían una función decorativa enmarcando a aquellos y estaban alineadas a las columnas de la galería exterior, existe un espacio dentro de la bóveda donde hay reliquias históricas en exposición: máquinas de escribir, sellos, intercomunicadores, teléfonos, abrochadoras, protectora de cheques, un libro de actas del Departamento de Pagos y hasta filmadoras. “Cuando empezamos a armar el museo, los empleados buscaron en sus oficinas esos objetos, que estaban en desuso y acumulando polvo en los rincones. Con esas donaciones armamos la muestra, que da un fiel reflejo de lo que era el Ministerio antes de la incorporación de computadoras de escritorio en la administración pública”, explica el arquitecto Gabriel Da Pieve.

Subiendo unas escaleras, en una especie de altillo, se encuentran objetos de lo que fue la imprenta del ministerio, que comenzó a funcionar en 1935 con el nombre de Taller de Impresiones y fue una de las más modernas del país. Contaba con máquinas rayadoras, prensa de pruebas, linotipos y máquinas tipográficas. Todas ellas se exhiben ahora en el museo como objetos de colección.

Una colección de máquinas de escribir, según pasaron las épocas

Todavía se espera la visita del gobernador Axel Kiciloff. La única vez que estuvo pautada su presencia en el lugar fue para el 24 de marzo de 2020, pero el inicio de la cuarentena por la pandemia de coronavirus impidió que se concretara. La ilusión de los arquitectos es que pronto abra sus puertas a visitantes que no sean del Ministerio. “No hay registro de un museo así en toda la provincia, salvo las ruinas de la casa de Teruggi-Mariani. En nuestro caso, estamos hablando de un espacio vivo que resurgió del pasado en un edificio que es monumento público. Tenemos el lema de que nada se pierde, sino que todo se transforma. Y ese es el espíritu con el que se resguarda este museo, al cual queremos situar como patrimonio histórico para que pueda abrirse a todo público”, concluye María del Carmen Melendi con una nostálgica sonrisa de lado, mientras saluda a las empleadas de maestranza que mantienen limpio y ordenado el museo que aún lucha por salir de su rincón escondido y enigmático.

(Algunas imágenes que ilustran este artículo, entre ellas la portada, son gentileza del fotógrafo Favio Scopel del colectivo Caminando La Plata)