domingo 18 de febrero de 2024

Fútbol, mujeres y una red barrial: Arturo Seguí funda el primer club femenino de La Plata

Una vecina tomó la posta frente a la nula oferta de clubes en el barrio. Es el primero en la ciudad cuyos equipos son íntegramente femeninos. La inauguración.

Las nenas patean al arco. Meten goles. Festejan. Los gritan. Una fila corta, desordenada y saltarina se extiende a lo largo de un campo de juego que antes era puro monte. Tierra desnivelada, pasto crecido, yuyos y cardales. Ahora está cercado con alambre y delimitado con líneas pintadas de un blanco prolijo y esforzado. 

Ante la seña del entrenador, las nenas patean. Se ríen. Se alientan una a la otra. Visten de fucsia y negro, los colores del Club de Fútbol Femenino Arturo Seguí. Y no juegan por puntos. Lo hacen para formarse y aprender. 

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Desde sus 4 años, en uno de los barrios más castigados de la periferia platense, las nenas juegan al fútbol en la Escuelita de su club. Si en el futuro se profesionalizan o deciden hacerse de un nuevo hobby, es una incógnita. La oportunidad, ahora, está.

PIONERAS

Jamás se me hubiera ocurrido que iba a hacer esto. Nunca lo soñé ni lo pensé, nunca se me había ocurrido”. Sandra Martínez le reconoce a 0221.com.ar que el C.F.F.A.S., el cual preside, no era una aspiración personal ni un objetivo de máxima a cumplir. Podría decirse incluso que fue fruto de la casualidad. 

Sin embargo ahora el Club representa su principal ocupación diaria: se encarga de organizar los entrenamientos, fechas y competencias dentro de la Asociación Platense de Fútbol Infantil (APLAFI), más precisamente en la Liga Infantil Femenina de Fútbol (LIFEFU); y coordina junto a un grupo de madres, padres y jugadoras una obra integral de puesta en valor del club que incluye desde el campo de juego hasta, proyectando a futuro, un tinglado donde practicar otros deportes.

Todo empezó en 2018, con la decisión de sumar a su hija Victoria(de por entonces 11 años) a lo que parecía una incipiente escuelita de fútbol barrial. “Pasó un hombre por casa y me ofreció sumarla. En Seguí no había nada para nenas: si bien hay un club privado y hay patín, es todo pago. Gratis no había nada, insiste Sandra a este medio. 

Comenzaron a entrenar en una plaza cercana. Ella se llevaba una silla y miraba el entrenamiento de las chicas. “A medida que se fueron sumando otras mamás y nenas de distintas edades, empezamos a dividir categorías. Lugar nunca tuvimos, y pasó como un año de plaza en plaza. Ya a Victoria le gustaba el fútbol, se sumaron las primitas... y empecé a invitar a todo el mundo de Seguí.

De puerta en puerta, así se nutrió el club desde un principio. Pero con la decisión del entrenador de cobrar una cuota, y las tensiones por cobros indebidos de algunos sponsors, el vínculo empezó a quebrarse con las familias. “No teníamos pelota pero él conseguía plata y se la quedaba”, ejemplifica la mujer.

Con la llegada de la pandemia, Sandra buscó profundizar la experiencia y el hombre que primero la había contactado “se abrió”. En septiembre del 2020 fue elegida presidenta del Club -también hay vicepresidente, tesorera, secretario, entrenadores y entrenadoras´- y se encargó de “recuperar los sponsors, después de cierta mala fama que nos habían dejado”.

Hace un año que el C.F.F.A.S. funciona con ese nombre, siempre bajo la lógica de exclusividad femenina de las jugadoras, y también reivindicando las redes barriales que le permitieron erigirse como alternativa para decenas de nenas, adolescentes y mujeres de Arturo Seguí. 

El predio donde se juega es un terreno fiscal abandonado. En diagonal 145 y 412, la zona de las viejas vías del ferrocarril Roca hacía años estaba en desuso. Había “mucho pastizal, cardo, vacas y caballos”. Cruzaron y de a poco empezaron a trabajarlo: “Nadie se opuso y nunca nadie nos ayudó tampoco”, refiere Sandra. Rollos de alambre tejido, pintura, tierra, rastrillos: todo fue donado por vecinos y vecinas que apostaron por ver al club crecer. 

A LA CANCHA

0221.com.ar se acerca a presenciar una tarde de entrenamiento. Hay banderas colgadas alrededor del campo con los nombres de las diferentes categorías y un concepto bastante unificado: Las leonitas”, “Las leonas”, “Furia roja”, “Las Guerreras”, “Las panteras”, “Las gladiadoras”. Abarcan desde la Escuelita hasta la primera. 

Hay jugadoras de todas las edades, pero muchas empezaron en el C.F.F.A.S. después de llevar a sus hijas. Es un fenómeno que, apenas con dos o tres entrevistas, se certifica: mujeres que se quedaron a ver jugar a sus nenas y terminaron sumándose a entrenar con otras de su edad. Conversando, pasando el tiempo, contando sus problemas y alegrías. Un espacio en común, generador de constancia, un lugar donde pueden darlo todo. Así lo ven.

Yesica cuenta que empezó en marzo de este año, “primero y principal porque necesitaba hacer algo para despejar mi cabeza. Segundo porque me gusta el fútbol, jugaba de chica en Berazategui con mis amigos. Soy de El Rincón, empecé a traer a mi nena; vi que estaban entrenando, pregunté y me invitaron. Ese mismo día empecé. Me acuerdo que había venido de jean… una loca era, corriendo por la cancha. Todavía no teníamos la ropa”, dice entre risas.

Samira, adolescente, asegura que “siempre me gustó este deporte pero nunca me atreví a practicarlo porque me decían que era bruto y yo soy muy flaca. Ahora hace 3 años juego a la pelota, hace uno que estoy acá y siempre digo que me gustaría ser profesional. La verdad, lo único que está en mi cabeza es el fútbol. Otra cosa no”, afirma.

Soy de Perú y me encanta el fútbol”, cuenta Cristina. “Cuando estaba en el colegio sí jugaba, pero tengo 42 años y hacía mucho había dejado, a los 17. Traje a mi nena porque decían que jugaba bien en la escuela, en educación física. Busqué y busqué, no sabía que estaba todo esto formado, y la llevé a un club a dos cuadras de casa. Era mixto. Ahí empezó y siempre la vieron que jugaba bien en mixto. Estuvo 3 meses, no mucho. Y cuando vi que podía estar entre chicas… la traje para acá, dice.

Su relato es uno de los tantos que dan cuenta de una búsqueda, consciente o inconsciente, de un espacio solo de mujeres. Teorías aparte, el flamante Club de Arturo Seguí terminó siendo la elección de decenas de familias de la periferia norte de La Plata. Entrenan dos veces por semana y ven al club como una comunidad "familiar". "Porque si no lo arreglamos entre nosotras no lo arregla nadie. Si nos damos una mano vamos a salir adelante, y eso es importante por las más chicas, que tienen mucho futuro. Por ellas estaría bueno que siga creciendo el club", dice Yesica. 

Algunas prefieren ni acercarse a los varones cuando juegan un mixto. Pero otras se animan, van al piso y dejan la piel. "Yo voy de bruta. No me importa la diferencia de fuerza que pueda existir", dice Yesica. Tienen opiniones disímiles acerca de este tema, pero eso no les impide aunar esfuerzos -desde cualquiera de las categorías- para fortalecer al club, que es exclusivo "futfem”.

En La Plata son el primer club futbolístico en la historia con estas características. Un antecedente cercano geográficamente podría ser el Club Deportivo Curtidores Unidos (Florencio Varela), cuyo equipo de fútbol es solo femenino. El resto de los clubes, sobre todo a nivel local, nacieron pensados por y para varones, y se ampliaron a la rama femenina. El C.F.F.A.S., por ahora, está cómodo en el lugar que eligió.

UN LUGAR DE REFERENCIA

Las nenas más chiquitas terminan de entrenar y salen de la cancha. Van a presenciar el precalentamiento de sus mamás, que juegan en reserva o primera. Entrenadores y entrenadoras van y vienen, algunos vecinos del barrio se acercan a ver a las chicas jugar. “Mi sueño es que tengamos el predio, me encantaría un quincho, un tinglado donde poder hacer apoyo escolar el año que viene y sumar otras cosas. Por ejemplo yoga, salsa, cualquier otro deporte y que sea femenino. No es que discrimine a los varones, pero elijo seguir por acá. Me gusta lo que estamos logrando, dice Sandra convencida. 

En el camino de forjar el club, cuenta, tomó conocimiento de las más diversas situaciones personales o familiares de las jugadoras. Desde violencia de género hasta conflictos familiares o autolesiones, un abanico de problemáticas que afectan a cualquier comunidad de pronto empezaron a atravesar, también, al club. Sandra, que es acompañante terapéutica, empezó a trazar entonces distintos contactos con profesionales, médicas y psicólogas de las salitas del barrio con el objetivo de fortalecer el acompañamiento de las familias.

De hecho, después de la pandemia decidieron reabrir a raíz del pedido de una madre por su hija adolescente, que estaba atravesando un cuadro agudo de depresión: “Me dijo, ‘¿Sabés qué bien le hacía el fútbol?’ No quise ni indagar. Sentí que lo necesitaban y levantamos el cierre. No sé si será mucho, pero es algo”, aventura.

La expectativa crece en el barrio de cara a la inauguración formal del club, desde la mañana de este domingo 3 de octubre. Allí estarán invitados no solo vecinos y vecinas, sino también representantes de “emprendimientos, talleres, almacenes y corralones de materiales” que colaboraron desde un principio y apostaron, por ejemplo, a sponsorear categorías completas. “Son nuestros invitados especiales porque desde el primer día  tuvieron fe en nosotras”, destaca Sandra. Gracias a ellos y al empuje de esta nueva comunidad futbolera y barrial, el C.F.F.A.S. es lo que es hoy, y se proyecta a futuro

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