"Son decisiones", suele decir Miguel ángel Russo y tiene razón. Siempre se habló que Sosa, por primera vez desde que el Pincha lo transfirió al Bayern Munich, se había quedado con el pase en su poder y que la determinación corría exclusivamente por su cuenta. Es más, antes de reiniciarse la liga turca en los primeros días de mayo en una nota que le concedió a TyC Sports dijo que pensaba en la posibilidad del regreso y lanzó: "En Argentina solo juego en Estudiantes".
Ese decir sin decir alimentó como nunca las ilusiones de los hinchas y del club. Desábato lo saludó en junio para su cumpleaños y Braña habló de los deseos de tenerlo pero que ninguna decisión cambiaba el cariño y la relación que tenían por José. Sosa no incumplió su palabra pero le rompió el corazón a los hinchas.
Desde hace 2 meses Agustín Alayes le acercó una propuesta formal en una reunión con sus representantes, por 3 años y medio de contrato para que le ponga punto final a su carrera en el club que lo formó. Obviamente, desde los números ni se acercaba a lo que puede seguir ganando en Europa o en otras plazas. Esto es Argentina y pos pandemia.
Verón, aunque no lo diga públicamente, se siente frustrado por no poder tener de regreso a un jugador por el que sintió devoción como compañero y al que soñaba traer en su presidencia para entregarle su posta en la cancha.

En el entorno del jugador confesaron que la propuesta era "baja" pero que la decisión del regreso no pasaba por lo económico, porque de lo contrario no se podía poner arriba de la mesa de análisis. En Estudiantes siempre sostuvieron que no había presiones, que lo dejaban tranquilo y que era una "decisión de vida". Sosa sabe que seguramente cerró la última chance de un regreso, que a los 37 sería casi imposible, aunque en el fútbol nunca está dicha la última palabra.
UNO lo esperaba, lo quería disfrutar, la camiseta roja y blanca estaba preparada y guardada, los hinchas lo esperaban con el brazos abiertos y el corazón latiendo de emoción pero el reencuentro no será posible. Soñaban con sus gambetas, con su pegada formidable. Sosa debe estar entre los cinco mejores jugadores que dio el semillero pincharrata en los últimos 25 años, como mínimo.
Sosa no decidió con el corazón, no corresponde juzgarlo, se puede o no estar de acuerdo, se puede coincidir o no, pero su decisión le pertenece. Eligió no salir de la zona de confort económico y cada uno es dueño de sus decisiones. Nadie olvidará sus corridas, sus gambetas, sus goles, como esta decisión tampoco.
La capa del Principito seguirá colgada en algún placard, tal vez para siempre. Sosa decidió no convertirse en héroe.