La pandemia sigue avanzando a nivel mundial y los especialistas de la Salud trabajan para encontrar una cura al coronavirus, al mismo tiempo que investigan las diferentes consecuencias que le trae a la gente infectada por el virus.
La pandemia sigue avanzando a nivel mundial y los especialistas de la Salud trabajan para encontrar una cura al coronavirus, al mismo tiempo que investigan las diferentes consecuencias que le trae a la gente infectada por el virus.
La lista de enfermedades persistentes de COVID-19 es más larga y variada de lo que la mayoría de los médicos podrían haber imaginado. Las secuelas reportadas en todo el mundo incluyen fatiga, latidos cardíacos acelerados, falta de aliento, dolor en las articulaciones, pensamiento confuso, pérdida persistente del sentido del olfato y daños en el corazón, los pulmones, los riñones y el cerebro.
Y lo que se observa es que la probabilidad de que un paciente desarrolle síntomas persistentes es difícil de precisar y no estaría relacionado con que la persona haya presentado un cuadro grave de la enfermedad. Diferentes estudios rastrean diversas manifestaciones y siguen a los sobrevivientes durante diferentes períodos de tiempo.
Lo cierto es que con la pandemia aún en curso, nadie sabe qué tan lejos en el futuro perdurarán los síntomas y si el COVID-19 provocará la aparición de enfermedades crónicas.
El problema “es que casi todos los órganos y todo el sistema circulatorio del cuerpo tiene receptores ACE2 lo que explica que el virus cause lesiones en diferentes órganos y en el sistema circulatorio”, contó a Infobae, el médico neurólogo, Conrado Estol.
Entre un 10 y 30% de los pacientes que tuvieron la infección pueden desarrollar un cuadro crónico que se manifestará según el órgano comprometido. Un estudio publicado en la revista JAMA evaluó con resonancia magnética cardíaca a 100 pacientes 70 días después de tener COVID-19. Se encontró algún tipo de alteración cardíaca en el 80% y signos de miocarditis en el 60%. “Es posible que este hallazgo explique la ocurrencia de arritmias en varios pacientes y también la elevación de la troponina que usualmente aumenta en casos de infarto cardíaco”, consideró Estol.
Otros pacientes refirieron dificultad respiratoria y fatiga rápida al hacer actividades de la rutina diaria, que se atribuyó a la presencia de compromiso pulmonar persistente detectado en imágenes del tórax. “Además, otros estudios confirmaron fibrosis pulmonar que es improbable que pueda revertir con el tiempo”, aseguró el neurólogo, quien agregó que “en los riñones se identificaron lesiones en los túbulos donde se filtra la sangre para formar orina y esto se expresa con una insuficiencia renal”.
“Una proporción importante de pacientes describió trastornos neurológicos persistentes manifestados por debilidad de brazos o piernas como secuela de la inflamación de nervios, otros tienen pérdida persistente del olfato, muchos describen trastornos en la memoria y la capacidad de concentración, dificultades con el equilibrio y alteraciones en la coordinación motora fina. También hay pacientes que reportan persistencia de dolores corporales difusos, cefaleas, cansancio, insomnio y trastornos digestivos como vómitos y diarrea”, sostuvo el especialista.
El síntoma más persistente y más desconcertante parece ser la fatiga, pero los investigadores advierten sobre llamarlo síndrome de fatiga crónica, ya que “ese es un diagnóstico específico”.
Y tras asegurar que “no es posible determinar aún si estos síntomas tendrán una duración de meses, años o se transformarán en una secuela permanente”, Estol consideró que “la aparición de estas secuelas es independiente de la severidad del cuadro clínico que haya manifestado el paciente por lo que una presentación asintomática o leve no asegura que la persona no tendrá síntomas en el largo plazo”.
Redes Sociales