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Estos son los mejillones dorados invasores que llegan desde China y preocupan en Berisso

Investigadores del CONICET vienen identificando estas especies de moluscos no nativas presentes en América del Sur que generan alerta.

El mejillón dorado es un molusco que desde 1991 se encuentra en las costas de Berisso y genera preocupación en la zona. Viene en grandísimas cantidades desde China y se adhiere a toda superficie dura disponible -lo que se conoce como macrofouling-, como el interior de caños y filtros de tomas de agua para consumo humano o de canales de riego y en sistemas de refrigeración de centrales eléctricas e industrias.

“Se considera especies no nativas a aquellas que fueron introducidas voluntaria o involuntariamente por la acción humana en hábitats de los que no son originarias. Cabe destacar que no toda especie no nativa es invasora”, definió el investigador del CONICET Gustavo Darrigran. "Se convierten en invasoras cuando se adaptan al nuevo ecosistema, se dispersan en un amplio rango y se configuran como agentes de cambio y amenaza para la biodiversidad nativa. Este impacto negativo trae como factor de preocupación adicional un potencial severo daño económico para la sociedad afectada con la invasión”, detalló.

“La llegada de especies no nativas es una problemática que explotó a partir de los ’80 por dos factores: la globalización, que activó el comercio internacional a gran escala; y el cambio climático, con ambientes inestables permeables a la acción de las nuevas especies, las que al no encontrar competencia local por el espacio, se apoderan de él”, explicó el experto.

Una gran invasión de especie no nativa de moluscos que se registró en Argentina fue en 1991 en la playa berissense Bagliardi, cuando el propio Darrigran encontró cuatro o cinco individuos de mejillón dorado por metro cuadrado adheridos a las piedras de la costa. Un año después ya eran unos 20 mil, y al cabo de cuatro años había franjas que llegaban a 150 mil ejemplares sobre la misma superficie.

Esta especie llegó proveniente del sudeste asiático, en principio desde China, mediante el vector más común: el agua de lastre de los barcos, es decir el líquido que se carga en los puertos de origen para darle peso a esos transportes cuando viajan con sus bodegas vacías y que, al llegar a destino, se descarga. “Se estima que mediante esa vía unas 3 mil especies viajan a diario por el mundo”, apuntó.

En las grandes represas hidroeléctricas del Río Paraná, por ejemplo, una parada no programada de la actividad de una de sus Unidades Generadoras de Energía (UGE) provoca un perjuicio de aproximadamente 250 mil dólares diarios. “Limpiar el macrofouling que provoca el mejillón dorado en cada una de las decenas de UGE con las que cuentan estas plantas lleva tres días, lo que ejemplifica claramente el gasto que ocasiona esta invasión”, expresó el especialista.

"Prevenir las invasiones es mucho más económico y operativo que controlar a la especie invasora ya asentada dentro del territorio. Para ello, detectar las zonas comunes de ingreso de especies no nativas a nivel continental es fundamental y un enorme adelanto para que los gobiernos preocupados por el tema inicien métodos de prevención”, evaluó Darrigan y cerró: “Lograr que los gobernantes se preocupen por las bioinvasiones depende de la sociedad, para lo cual la educación y el conocimiento son fundamentales”.

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