lunes 06 de abril de 2026

La Plata y Favaloro, la historia de "un amor no correspondido"

La relación del médico argentino más famoso y su ciudad natal es una historia con más desencuentros que encuentros.

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“René Favaloro expresó muchas veces y en distintos momentos de su vida su amor por La Plata. Siempre evocaba al Colegio Nacional, sus paseos por el Bosque, ni hablar cuando hablaba de Gimnasia. Amaba La Plata y lo ha expresado muchas veces. Creo que ese amor no fue correspondido del modo adecuado”, dice Pablo Morosi al abordar un aspecto llamativo que surgen de las páginas de su libro Favaloro. El gran operador.

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Chocó con esa situación apenas iniciada la investigación, cuando empezó yendo a la facultad de Medicina y se contactó con la UNLP.  "Arranqué por la Biblioteca, donde pregunté por material sobre Favaloro o escrito por él. Las dos personas que me atendieron se miraron y estuvieron cuarenta minutos buscando, porque uno de ellos decía que le parecía que había algo. Claramente no es una figura que esté instalada en la facultad donde se formó. Es verdad que no escribió mucho sobre Medicina y esa tal vez sea una biblioteca médica, pero sí ha escrito, de hecho lo hace cuando describe la técnica de bypass para que lo reconozca la comunidad científica internacional y está traducido al castellano. No sólo no tienen lo que escribió a nivel médico sino que no tienen nada. Al final me alcanzaron un libro de 92 página que editó la Municipalidad de La Plata que escribe Domingo Favaloro, un primo, que es una biografía a las apuradas -según me dijo él-. Y el libro tenía una dedicatoria, es decir que lo tenían ahí porque se lo regalaron. No hay ni siquiera una cátedra libre que se llame Favaloro. Había un cuadro de cuerpo entero de cuatro metros de altura que donó un artista y estuvo puesto para atrás durante mucho tiempo”.

A Morosi le sorprende que Favaloro murió hace 20 años y que 30 años más atrás ya era una eminencia y nunca tuvo el reconocimiento del lugar donde se formó. “Tuvieron mucho tiempo para hacerlo”. Tal vez solo el amor incondicional por Gimnasia sea el único expresado sin dobleces tanto en vida como después de la muerte del médico.

-¿A qué atribuís esa relación complicada con la Facultad?

-Creo que hay un problema que es también con la UNLP, donde pareciera que Favaloro es mala palabra. En esa primera entrevista con las autoridades de la facultad surge de parte de ellos una supuesta posición en contra que Favaloro tenía con la educación pública. Es cierto que cuando vino hizo una Fundación y una Universidad privada y nunca dio clases en el ámbito público, pero en su prédica y en su formación siempre estuvo ligado a lo público. También tuvo unas declaraciones muy desgraciadas en medio de un conflicto de la cuales se arrepintió, cuando (el ex presidente Carlos) Menem recortaba la educación pública y él dijo "si cierran la facultad de Medicina y de Derecho no pasa nada". Se le fueron encima porque se interpretó que estaba diciendo que la universidad pública no servía para nada.

-¿Es solo eso o te encontraste con algún otro elemento que motivan ese desencuentro?

-Puede ser también que no vino a vivir nunca más a La Plata y tenía motivos para hacerlo. Porque a la Fundación tenía que hacerla en Buenos Aires porque es donde podía encontrar el apoyo económico. Y teniendo la Fundación allá era necesario que estubiera cerca, por el tipo de pacientes que recibía, donde la vida está en juego. Esa es la explicación que me dieron de por qué no se queda en La Plata, algo que también pregunté. Y creo que La Plata se lo cobra, al menos no haber hecho alguna sede o sucursal de la Fundación. También es cierto que cada vez que tuvo opciones de hacer algo acá, en el Hospital Italiano o en el Instituto Médico Platense, no le fue bien. Nunca terminó concretando nada. Pero muchos le recriminan que no "puso el cuero acá". Y muchos médicos hoy siguen mostrando su resquemor por su figura, porque le reprochan su inclinación a ir siempre por lo privado.

-¿Alguna característica de su personalidad habrá incidido?

-Alguno hablan de que era hosco o que tenía un ego superlativo. Pero tenía con qué tener ese ego. Es alguien que normalizó un procedimiento que salvó a millones de personas en el mundo y efectivamente ha operado a muchísima gente gratis, y entre otras cosas por eso no le daban los números de la Fundación, que era un barril sin fondo. Creo que los platenses hubieran querido que hiciera algo en La Plata, que se instalara, que atendiera una vez por semana al menos, pero todo pueda estar relacionado también en el enrosque del conflicto de inferioridad que tiene el platense con la capital.

-¿Y la política de la ciudad?

-Él tuvo alguna afinidad con el radicalismo y creo que muchos radicales, algunos de los cuales manejan hasta el día de hoy la UNLP, nunca le perdonaron su acercamiento a (Eduardo) Duhalde. Son un montón de cosas que hacen que haya un ruido entre ese amor que profesaba Favaloro por la ciudad y lo que La Plata le devolvió en reconocimiento.

-En ese marco se encuadra la extraña situación de su declaración de ciudadano ilustre que cuenta el libro.

-Creo que es el único caso que fue declarado ciudadano ilustre dos veces. La primera vez fue en 1998, o por lo menos es lo que salió en los diarios. Hubo foto y le entregaron un diploma. Fue durante una cena de la Fundación Florencio Pérez, por parte del entonces intendente Julio Alak. Sin embargo no se encuentra en los registros esa declaración por el Concejo Deliberante. No hay concejales de aquella época que recuerden haber hecho esa ordenanza, no existe. Porque es de uso que la declaración pase por el recinto porque lo legitima, todas las fuerzas de la democracia votan y lo reconocen. Creo que hubo una picardía y una cosa de apuro, porque hasta último momento Favaloro no había confirmado que iba y cuando lo hizo, encontraron esa salida. Pero no se entiende por qué después no hicieron el paso formal de redactar la ordenanza y aprobarla. Nadie se iba a oponer pero no lo hicieron. 

-¿Y la segunda?

-Fue en 2016, el concejal Guillermo Ronga lo propone y se aprueba por unanimidad la declaración de ciudadano ilustre post mortem. Y lo hizo porque no había ningún registro de una declaración anterior. Son vericuetos de esta ciudad que en este caso demuestran lo vacío de contenido que está esa declaración, porque no les costaba nada formalizarlo y mostrar a todo el mundo ese consenso.

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