El aislamiento social y obligatorio destinado a frenar el avance del coronavirus expone situaciones que son inéditas en todos lados. En las costas del Río de La Plata eso se evidenció especialmente durante la Semana Santa, en la que hubo temperaturas agradables y algunas jornadas de sol a pleno que en tiempos normales hubieran implicado una presencia importante de visitantes.
Las playas de Punta Lara estuvieron desiertas. Los amplios paisajes que un mes atrás estaban llenos de chicos disfrutando del agua parecen parte de un pasado lejano. No hay rondas de mate, tampoco pescadores ni picaditos de fútbol. No hay motos de agua, ni tablas de winsurf, ni barriletes.
Tampoco están los puestos de feriantes sobre la zona cercana al mirador Néstor Kirchner y los juegos mecánicos cercanos están mudos.
El paisaje ahora ofrece sólo arena y agua. Y si el observador se olvida de la costanera y sus construcciones tal vez pueda imaginar como era el lugar en tiempos de la fundación o incluso mucho antes, cuando esa zona era inexplorada. La playa se funde con el Río y el agua se extiende hasta el horizonte sin rastros humanos.
Las imágenes dan cuenta de cómo se han modificado las actividades sociales a partir de la cuarentena decretada por el Gobierno nacional. Y también reflejan que el cumplimiento de esas disposiciones tienen un altísimo nivel de acatamiento.
Cabe recordar que en Ensenada, actualmente, se han confirmado dos casos de COVID-19: una mujer de 68 años -ya dada de alta- que había regresado de un viaje en Madrid y reside en Villa del Plata; y un médico del hospital Cestino, internado en estos momentos en un centro de salud de La Plata.