El camión repleto de bidones y botellas de agua mineral frenó frente al supermercado “Don José”. Son casi las 11 de la mañana, la térmica llega casi a 30°C y un hombre empieza a descargar los packs frente al comercio de 46 entre 3 y 4. Mientras, Min Lin fuma en la puerta. “Mejor que tengo mucho laburo, me alejo de pensar al menos en el día”, dice a 0221.com.ar y apaga el cigarrillo para perderse entre las góndolas. A un año de la muerte de su hijo Lucas en la colonia del Colegio Lincoln, el joven de origen chino pasa casi todo el día yendo de un local a otro.
La foto del nene con la que la familia en 2019 empapeló la ciudad es lo que primero se ve en el negocio de la zona de la estación de trenes. Colgada en el enrejado verde flúor, entre los carteles de ofertas, en la caja. También en las camionetas con las que se movilizan al súper de 13 y 32, a los mercados y a Capital Federal.
Y las palabras que se repiten en los carteles son verdad y justicia. Las mismas que reitera la familia Lin desde el 5 de febrero de 2019, cuando recibieron el fatídico llamado. A Lucas lo encontraron ahogado en una de las piletas del predio de 518 entre 136 y 137, donde funcionaba la colonia y a la que el chiquito de 5 años había empezado a ir tan solo unos días antes junto a su hermano.
La fiscal Cecilia Corfield –a cargo del caso- ya pidió la elevación a juicio de la causa, que tiene a once personas procesadas con distintos grados de responsabilidad. Entre ellas se cuentan autoridades de la escuela, empleados de la colonia y funcionarios municipales: ninguno está preso. El juez de Garantías Eduardo Silva Pelossi debe resolver el planteo ya que las defensas se opusieron y pidieron el sobreseimiento de los involucrados.
Entre los directivos del Colegio Lincoln se cuentan el titular de la colonia, Osvaldo Ramos, la accionista Roxana Costa, la representante legal Mónica Cauteruccio y el dueño de la escuela, Rubén Gerardo Monreal, acusados por el delito de “homicidio culposo”. Otro de los que afronta la misma carátula es Marcos Echaniz, encargado de la colonia. En tanto, el guardavida Martín Argüelles y Carolina Muro están acusados de “abandono de persona seguido de muerte”. Finalmente, sobre Myriam Salinas, Diego de Luca, María Daniela Tost Teruggi y Fernando Parodi pesan sospechas de irregularidades en el otorgamiento de la habilitación municipal del predio.
“Lo que queremos es un juicio ya y la verdad. No va a volver Lucas, lo que puedo hacer es Justicia, eso es lo que queremos con la familia en este momento más urgente”, asegura Min, que llegó a Argentina hace 14 años. Y agrega: “Quiero que ellos no tapen las cosas, que digan la verdad, que vayan al juicio. Nada más”.
Mientras sus padres –conocidos en La Plata como “Teresa” y “José”, quienes llegaron al país a fines de los ‘90 desde la ciudad de Fujián- van ordenando en una heladera los quesos y fiambres recién fraccionados, Min se escabulle por una escalera que va hacia su casa. El departamento en el que vive el joven de 32 años junto a su esposa Jianying Li y su hijo Alex se encuentra en la planta alta del supermercado de calle 46. El comedor es amplio, con la cocina integrada al fondo y a un costado de la puerta del dormitorio de la pareja improvisaron un altar: una virgen de vidrio que sostiene un rosario, junto a varios ramitos de rosas rojas de plástico. También un cuadro de marco celeste con una foto de Lucas. Las mejillas redondas, sonriente.
“Está más tranquilo, quedó más silencio en la casa. Cuando tenés uno o dos chicos hay diferencia…”, expresa y está convencido de que la pérdida de un hijo “a las mamás siempre les duele más que a un papá”. Alex a veces le hace dibujos a su hermanito: “Él ya sabe que Lucas no está, pero quiere llevar al cementerio. Yo lo llevo para que Alex lo viva de otra forma, como que el hermano está. No está a la vista, pero está al lado nuestro”.
¿Cómo atraviesan la pérdida? No saben, como les sale, como pueden. Acompañados por familiares, por amigos o personas que atravesaron una situación similar, como con la madre de Lautaro Soto -el nene de 4 años que en el 2000 falleció en la colonia de vacaciones de la Dirección Provincial de Vialidad-, con quien trabaja en la prevención y el cuidado de los niños.
“A la colonia sí se puede ir, pero hay que fijarse bien que esté toda la seguridad. Es tiempo del niño, no se le puede decir que no vaya, porque a algunos niños les gusta nadar, pero hay que ir más asegurado”, enfatiza y recuerda que a fines de noviembre hicieron una campaña de concientización sobre las cuestiones de seguridad a tener en cuenta antes de elegir un lugar recreativo para mandar a chicos y chicas en verano. Repartió más de 5 mil volantes y también estuvo frente a distintas escuelas. El objetivo de Min es claro: “No quiero que pase de nuevo el mismo tema”.
La familia también sigue refugiándose en su fe católica. Van a la Basílica de San Ponciano en 48 y Diagonal 80, pero prefieren algunas porteñas donde los sacerdotes hablan chino. No conocen la iglesia San Roque de 7 y 40, donde este martes las autoridades del Colegio Lincoln celebraron una misa para “rogar por el pequeño Lucas y su familia”, como manifestaron. Pero a ellos no los invitaron. Las autoridades de la escuela no pueden acercarse a los Lin porque aún rige la medida cautelar que les prohíbe tener contacto.
Se acerca el mediodía, el cielo está despejado y La Plata arde. Con el encendedor y otro cigarrillo en la mano, Min reconoce su ansiedad para que se defina la fecha del juicio para poder cerrar un proceso y destaca el trabajo de la fiscal en una causa que describe como “pesada”. Mira su celular: no cambia la foto del fondo de pantalla hace cuatro años. Tiene una imagen de Lucas. La muestra y la observa durante un instante. Después se sube a la camioneta blanca, que también lleva el cartel de pedido de justicia por su hijito. Y antes de cerrar la puerta, confiesa: “A la noche, bueno, se piensa y miro fotos. Pido a Dios que Lucas esté en otro lado mejor, nada más”.