Una sala a oscuras y, de repente, una lucecita amarilla. Detrás de una tela blanca, aparecen proyectadas las figuras de una bailarina, equilibristas y animales. Una voz suave lleva el hilo de una historia acompañada por una melodía, mientras los nenes y nenas siguen las siluetas con sus ojos enormes. Están sentados en el piso y el tiempo pasa, pero no importa. La que habla –pausado, dejando una huella- y los tiene cautivados es Geraldina Rayo, una de las docentes platenses más reconocidas en América Latina.
Su currículum es extenso: maestra jardinera, cuentacuentos, actriz, acompañante terapéutica y especialista en narración para bebés. Incansable, esta artista de la palabra de 48 años protagonizó varios espectáculos infantiles y también para adultos, además de capacitaciones y espacios de lectura que le valieron fama a escala internacional.
En diálogo con 0221.com.ar, recuerda que desde chica se le “fue despertando la oreja” con los cuentos. Jugaba y soñaba que era protagonista de las historias que le contaban sus abuelos maternos y su señorita “Titina” en la sala de 5 en el jardín de infantes de Parque San Martín. “Me quedó mucho. Hasta me encontré narrando un cuento sin haberlo leído nunca. Fue esa memoria emotiva de haberlo escuchado con mi maestra”, rememora. Así, a veces en su casa y otras en una plaza mientras esperaba que su mamá saliese de trabajar, se imaginaba como Caperucita roja, Blancanieves, siendo gitana o viviendo en un circo.
Cuando terminó el secundario se inscribió en la Facultad de Bellas Artes de la UNLP para estudiar el Profesorado de Música. No terminó la carrera y empezó a trabajar en un jardín: ahí se dio cuenta de que le gustaba estar en la sala. “Quería esto de pertenencia de grupo. Dejé y me puse a estudiar el profesorado en Educación Inicial”, sigue, en un repaso de su historia.
No obstante, uno de los puntos de inflexión fue su paso por la neo del Hospital Materno Infantil Ana Goitía de Avellaneda. Como planta permanente del Ministerio de Salud provincial, la habían encargado del grupo de residencia para las mamás que tenían a sus bebés internados en ese centro de salud.

“Me empezó a llamar mucho la atención el vínculo entre las mamás y sus bebés, sobre todo en los casos en los que no los podían tocar, hacer upa ni nada. Lo que me decían era que el denominador común era que sentían que sus hijos eran hijos de otros, de los médicos, de las enfermeras, de las máquinas, menos de ellas. Entonces empecé a pensar todo este tema del primer contacto a través de las palabras”, enfatiza Geraldina.
Ahí fue cuando a partir de los planteos del psicoanalista y lingüista colombiano Delio Cabrejo Parra, comenzó a plantear todo el concepto de resignificación de la palabra: “A estas mamás les costaba poner en palabras sus historias, se quedaban frente a las incubadoras sin decir nada. La palabra se desata y se respira primero, antes de decirla”. Al principio fue solo decir los nombres de esos nenes y nenas, repetirlos de diferentes formas, contarles el por qué de sus nombres, hasta que esa musicalidad se hizo habitual en la sala. No solo avanzaron y se fortalecieron los vínculos, sino que las recuperaciones y la lactancia eran diferentes.

Su formación continuó en Cuba, de la mano de Mayra Navarro, maestra de la narración y popular cuentacuentos. Entre las capacitaciones y sus espectáculos, viajó 12 veces a la isla, principalmente a La Habana -donde la premiaron por su trabajo- y Camagüey. También fue convocada en México -donde la eligieron como la única argentina para narrar durante el Día de la Mujer del próximo año-, Uruguay, Chile y, claro, en Argentina.

En Capital Federal se formó con Ana María Bovo en técnicas de narración, creó el espacio de arte “Bebetecas” y durante varios años fue la cuentacuentos de la Feria del Libro en la sede de la Sociedad Rural de Palermo. Su recorrido también incluye el teatro: estudió en el San Martín, en el Centro Cultural Borges y en La Plata.
Otro de los shows que encabezó fue “Frida infinita”, sobre Frida Kahlo. “Armé toda una narrativa de su vida, contado por ella, impregnado por el dolor que imaginaba que tuvo”, detalla la docente. El espectáculo llegó a México, la tierra de la artista: “Pensé que era muy jugado, porque voy bastante contra Diego Rivera, pero tuvo muchísima aceptación. La devolución que tenía era de agradecimiento por la mirada que le había puesto, que allá no se había logrado. Fue fuerte. A veces veía a las mujeres que solo movían la cabeza, asintiendo cada palabra”.

Uno de sus grandes compañeros es el conocido músico Hugo Figueras, a quien conoció en Bellas Artes y con quien encabeza “Atrapasueños”, una de sus propuestas que combina los cuentos, con las canciones y también el teatro. Además, la acompaña en algunos de los talleres que realiza en el jardín Isidoro’ s, donde está a cargo de una de las salas de 3 años. En cuanto a su trayectoria como docente, también trabajó en el Colegio del Centenario y en Upa La la.

Incansable y autodidacta, reconoce que siempre está en búsqueda de material nuevo para sus clases. Ya sorprendió a sus alumnos y alumnas con mesas con luces, códigos QR con los que acceden a videos que ellas y ellos mismos protagonizan y hasta ejercicios de yoga. “A la educación hay que cambiarla y trabajarla desde otro lugar. Con la tecnología que hay ya no es necesario pararse y dar información, porque un chico hace así -chasquea los dedos- y la tiene. Por eso se aburre, al escuchar un docente que le explique sobre la llanura, cuando googlean y ya está todo. Sí se pueden dar otras cosas para que puedan llegar a ese concepto, despertar el interés para que puedan llegar a ese concepto”, reflexiona Geraldina, que también tuvo un paso por Casa Cuna.

Con el deseo de que los espacios y horas de lectura ganen más espacio en los proyectos escolares, asegura que habrá más talleres y shows en lo que queda del año. Ya en el cierre, redondea su mensaje: “Busco que los chicos puedan tener esta herramienta de descubrir el mundo desde otro lugar. Un mundo que está tan tecnologizado y los chicos no están tan acostumbrados a escuchar. Siempre digo que para aprender que 1+1 es 2 tenemos toda la vida, pero que aprender a poder descubrir el mundo desde estos lugares más desde lo lúdico creativo los primeros años son fundamentales, para la creatividad. Que les quede esa llamita de hacer algo diferente, que quede una palabra, un sonido”.