Ariel Ardit es el mayor referente de tango de su generación en argentina, fanático de Gardel, tiene siete discos editados y varios premios: Konex Platino 2015, Carlos Gardel 2015 y 2017 y dos nominaciones a los Latin Grammy como mejor álbum de tango.
Hoy, a los 45 años de edad, festeja sus primeros 20 años con el tango y recorre varios escenarios para celebrarlo con su público. Este viernes llega a la ciudad con un espectáculo en formato de cuarteto, piano, violín guitarra y contrabajo y un repertorio que recorrerá todos sus temas.
De familia de aristas, incorporó la música y la pasión por el canto desde pequeño, en su casa, donde además de folklore se escuchaba a Gardel, "mi contacto primario y secundario con el tango", dice sobre su mayor referente.
0221.com.ar tuvo el placer de charlar con Ariel antes de su regreso a la ciudad, después de 7 años. Nos cuenta sobre la experiencia de estos 20 años; cómo ve el circuito del tango y sobre su nuevo proyecto.
-¿Qué te dejaron estos 20 años de trayectoria?
-Uno cuando canta el tango y dice “20 años no es nada” es un montón, pasan rápido ahora si yo miro para atrás de verdad son 20 años que fueron un suspiro. El tema es que en el medio de todo eso hay muchas vivencias, muchos viajes. Me deja una experiencia muy linda de poder haber llevado todos los proyectos que se me cruzaron con el tango. Hago un análisis bastante ascendente de haber empezado en un boliche, sin ninguna proyección profesional, haciéndolo como hobbie, como fue el boliche de Roberto, en Almagro donde empecé a cantar; haber entrado en una orquesta como El Arranque, de haber viajado muchísimo por el mundo con el tango y de haber llevado adelante la formación, primero de mi dúo con guitarra, discos con guitarra, con cuarteto, armar orquesta típica, el disco sinfónico y un disco nuevo que está por salir con piano. Yo me siento muy agradecido de haber podido llevar adelante, sin ninguna traba, todos mis sueños como cantor.
-¿Fueron tus momentos claves en la carrera?
-Si, son centrales en mi carrera. Son proyectos que soñé y que pude salir adelante. El tiempo pasa y si bien uno puede tener muchas experiencias buenas hay cosas que no se dan o que las tenés proyectadas y todavía no se han dado. Yo te puedo decir, que en el balance general, son 20 años en los que hasta ahora cierro y donde todo lo que me proyecte, gracias al público y gracias a una gran tracción al trabajo he tenido, tuve la fortuna de haber completado todo lo que me propuse.

-¿Cómo cierran los festejos?
-El cierre o festejo de estos 20 años va a ser el 16 de noviembre en el Teatro Coliseo de Buenos Aires, donde pienso invitar a todos los artistas con los que he participado, los que están, algunos yo no como Rubén Juárez y Alberto Podesta, que han sido importantes en mi carrera. Pero con todos los demás, con los músicos jóvenes que he participado y con los no tan jóvenes, prestigiosos como Rodolfo Mederos me va a gustar tenerlos ese 16 de Noviembre para compartir y festejar con ellos.
-¿Qué sigue después?
-Y a partir de ahí, viene un proyecto nuevo que tiene que ver con una búsqueda, un viraje, si se quiere, o una continuidad en mi carrera de intentar un proyecto nuevo, con una formación nueva, con una nueva sonoridad y entonces comenzara el trabajo de un nuevo disco con un formato ya no tan clásico como el de la orquesta típica. Y no voy a contar nada más (risas).
-¿Te alejás del tango?
-No me alejo del tango, si hay algo que me han dado estos 20 años desde que empecé a trabajar profesionalmente es que yo siempre intente llegar a la esencia del tango y tratar de empaparme de tango, de adquirir experiencia de tango, modismos y sonoridad vocal del cantante de tango y del fraseo también. Fue un trabajo de incorporación y lo que siento es que uno tiene que seguir aprendiendo. Y me sucede que la esencia de tango que perseguí me permite salir a otro ámbito a otra música llevando siempre esa esencia. Quiero decir con esto, que yo mañana puedo grabar un bolero cubano porque me gusta la letra. El cantante no debe ceñirse cerrase o ponerse fronteras, a mí me emociona la música, cantar cosas que me lleguen al alma y que yo pueda sentir empatía con el autor y con el compositor y, si no es un tango yo puedo ser empático con eso y poder intentar cantando y todo lo que haga va a parecer siempre tango porque es mi esencia, la que busque, me forme y trabaje. Entonces eso me da la libertad de cantar otras cosas. Pero soy esencialmente cantante de tango.
-¿Qué es el tango para vos?
-El tango es la manera más contundente y artística de representar lo que le pasa al ser humano en la vida
-¿Hay un tango actual?
Si claro, de hecho soy un intérprete de hoy. Por más que canto un tango del ´40 o del ´30 que grabo Gardel, la impronta, desde la sonoridad de los músicos que me acompañan ya nos es aquella. En cuanto a la composición nueva: si hay, nunca se dejó de componer tango. En todas las épocas hubo gente que siguió escribiendo tango, el tema de que lo que se perdió fue la popularización la masificación en cuanto a la difusión. Héctor Negro, letrista de tango, tiene tangos que escribió en los ´70 ´80 ´90 y como no hay difusión todo eso queda en la sombra y pareciera que el último tango se escribió en los ´70.
-¿No entra el género en el circuito comercial?
-Y lo cierto es que hay poética nueva, hay autores y compositores nuevos como Raimundo Rosales, Javier Sánchez, Jorge Juliano y Alejandro Schwartz, que están intentando popularizar su obra pero es difícil porque la comercialización de la música hace que el tango no tenga tanta difusión. Pensa, que así y todo, no hay un espacio de igualdad porque el artista que viene de otro país y el reguetón de moda que una multinacional promociona su hit en todas las radios.
Que el artista local tenga la misma posibilidad de difusión ¿es una utopia, no?, que la gente tenga la misma posibilidad de elegir entre una cosa y otra. Popularizar un género más que otro, es una manera de difusión desigual.

-¿Cómo se paran frente a esa desigualdad?
-Así y todo los artistas de tango siguen produciendo sus discos porque si no tienen quien se los produzca como las compañías, que ya no producen más discos de tango, se producen sus discos, pagan las obras del estudio, siguen arreglando, componen temas, arman grupos, tocan los fines de semana, venden las entradas y terminan de cubrir los gastos: es una realidad no muy buena o potente para la industria de la música pero sí para el género, porque lo saludable del género es que hay un montón de gente joven intentando abrirse paso con el tango solamente con la bandera que los identifica culturalmente, que los hace sentir bien, no por el negocio, porque no existe el negocio.
-¿Cómo fue tu experiencia con el Homenaje Sinfónico a Gardel en el Teatro Colón?
-Cumplí un sueño importante que comenzó en Medillín (Colombia), donde tuve la posibilidad de hacer un homenaje sinfónico porque se cumplían 80 años de la muerte de Carlos Gardel. Y ese espectáculo homenaje, tres años después, lo hice en el Teatro Colón. Tenía que ver con que Gardel una sola vez lo habían invitado al teatro a cantar pero no lo pudo hacer porque se enfermó. Gardel era un asiduo concurrente al teatro, era un fanático de la ópera, del canto lírico y entonces seguramente le hubiese gustado mucho haber tenido otra posibilidad de cantar en el Colón y yo con esa idea, con ese berretín, me hice un cuentito de que yo tenía que hacer ese homenaje en Medillín y también en el Teatro Colón y bueno gracias al productor Amelino Tamargo que me programó en un festival que se llama Único.