Es jueves 18 de julio a las 14 y hay sol en Berisso. Dos chicas que son pareja esperan el micro en 168 y 30. Miran un video del sobrino de una de ellas, que acaba de cumplir dos años y festeja. Al lado hay una familia: un hombre con su mujer y cuatro hijos de no más de seis años. El hombre, sin mucho disimulo, balbucea unas palabras y las mira con desprecio. Ellas empiezan a sentirse incómodas y lo miran también. Primero una, después la otra. El hombre se envalentona y mirándola fijo le dice:
-¿Qué te pasa?- replica ella, sorprendida por el insulto inesperado. El hombre, sin mediar palabra, la escupe en la cara. Sus hijos lloran desesperados.
"Cuando quise defenderme y escupirlo yo, ni si quiera llegué: me dio una trompada, yo tenía los lentes puestos, me rompió el lente izquierdo y se me quedó un vidrio clavado en el malar izquierdo. Después me dio una segunda trompada que logré esquivar, pero me arrancó el expansor (aro) de la oreja izquierda, y me hizo una herida grande", contará la joven, M., en diálogo con 0221.com.ar.
Ella estaba "sorprendida, anonadada"; y cuando buscó algo para defenderse vio que alrededor no había nada excepto un palo. Cuando lo agarró, el agresor empezó a correr. Todavía en estado de shock, le preguntó a la mujer de la parada quién era el hombre, y aunque ella no quiso darle el nombre sí reconoció que era su pareja. Los nenes no paraban de llorar. "Hubo dos testigos que vieron todo sin hacer nada, pero en ese momento salió un vecino de la maderera de la esquina y me ofreció un celular para llamar al 911, porque a mi pareja no la atendían", contó la joven.
Pero no hizo falta. Un patrullero doblaba la esquina justo en ese instante, por lo que M. le hizo señas para que frene. Sin embargo el móvil, lejos de parar, seguía su camino como si nada. Ella, nerviosa, empezó a gritarle y se paró enfrente del auto, cortándole el paso. "Tenía la oreja y toda la cara sangrando. Lo frené y sin querer le dije boludo, algo así como frená boludo, y me retó. Me increpó y me dijo que lo llame oficial, cuando yo estaba re nerviosa, en un momento crítico y con la cara toda rota", explicó la víctima.
Una vez que captó la atención del oficial, M. le contó que la acababan de pegar en la calle y que el agresor se estaba yendo: estaría apenas a 100 metros, escapándose de la patrulla. "Les dije por dónde se fue, viendo que el tipo estaba a una cuadra. La mujer que estaba en la parada le dijo a la policía cómo se llamaba y que vivía enfrente de la Capilla del San José Obrero, o sea, a tres cuadres del lugar donde estábamos. El patrullero arrancó, y lejos de ir hacia donde le había dicho, dobló una cuadra antes y salió por otra cuadra".
De nuevo impactada por la reacción de la Policía, M. salió a correr el patrullero, pero se encontró con una escena más espeluznante que la anterior: "Vi de nuevo al agresor, que estaba con tres hombres más. Se sacó las gafas y se las dio, agarró un pedazo de ladrillo hueco y caminó hacia mí, como para increparme. Cuando vi eso y vi que la gente a nuestro alrededor estaba quieta y no hacía nada, pensé: tengo que retroceder porque me va a romper la cabeza. Cuando miré hacia atrás vi venir a mi pareja, le grité llamá para que llame a la policía y él retrocedió un poco, pero después agarró un palo de fierro y se volvió a perder entre la gente", contó la sobreviviente, que logró capturar una imagen de ese momento con su teléfono celular.
Después de ese tenso momento es que empezaron a acercarse personas del barrio, sobre todo mujeres, a darle más datos del agresor. "Me decían vení flaca, yo sé donde vive, es una basura, y cosas así. Me llevaron a la casa, que está justo enfrente de la iglesia, y me quedé ahí. Obviamente él no apareció más, pero sí salió una persona de la casa que me ratificó su nombre y me dijo que era su cuñado. Le dije: mirá lo que me hizo este hijo de yuta; y él me contestó: Y bueno, metelo en cana, también le pega a la mujer. Por la cuadra esa pasaron más personas y varias me decían mandalo en cana, o dale un cuetazo, cosas así", relató la joven. En el barrio todos confirmaban que el atacante tenía reiteradas actitudes de violencia contra las mujeres.
El mismo patrullero que antes había seguido de largo llegó a la cuadra en cuestión, y el policía que antes la había "retado" e instado a que lo llame "oficial", finamente accedió a subirla al patrullero y llevarla a la Comisaría Segunda a hacer la denuncia. Una vez en el establecimiento de calle Montevideo y 38, la situación se tornó aun más insólita: "El señor que estaba en la mesa de entradas me preguntó qué me había pasado, le dije que me habían pegado en la calle. No sabá decirme qué hacer, y sugirió que vaya al hospital por mi salud. Terminé preguntándole a otro policía que justo salía de una de las salas, porque no sabía si denunciar, si ir al hospital o qué", señaló M., indignada.
Finalmente fue al hospital. Le hicieron rayos X, le dijeron que no se había fracturado el malar de milagro. También le sugirieron hacerse dos puntos en la herida de la oreja, pero ella se negó. "Recién hice la denuncia obviamente acompañada por mis compañeras. Porque cuando estaba parada en esa iglesia lo que se me ocurrió fue mandarle un mensaje a las compas, porque estoy en una organización social. Yo estaba súper nerviosa y la policía me había dado 0 bolilla. Estoy bien gracias a mis compañeras y gracias a la ayuda de todas las mujeres del barro", aseguró.
Una vez realizada la denuncia formal, la historia de M. empezó a circular por Berisso y la región. No era solo un ataque misógino sino un ataque lesbo-odiante, porque el agresor había apuntado directamente contra la identidad y orientación sexual de la víctima exigiéndole que se vista de determinada manera, además de amenazarla de muerte. A eso se le suma el destrato y la indiferencia institucional, encarnada en un policía de bajo rango y en una Comisaría que no supo actuar a tiempo ni explicarle a una víctima que acaba de ser golpeada cuáles eran los pasos a seguir.
Gracias a la difusión del hecho, este miércoles se llevó a cabo una marcha en Berisso donde decenas de mujeres, lesbianas, travestis, bisexuales y personas no binarias repudiaron el ataque y lo enmarcaron en una crecida de ataques machistas y lesbo-odiantes. "El pensamiento de derecha, el 'con mis hijos no te metas', los intentos de frenar la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI), hacen que recrudezca la violencia de género", aseguraron en un comunicado. Durante la movilización, que arrancó en el lugar del ataque, también escracharon al agresor, parándose en la esquina de su casa y gritando consignas contra la violencia.
"La marcha fue muy emocionante, hubo adhesiones de distintas provincias... Había compañeras y compañeros y gente que yo no conocía, todos marchando por una misma razón. No lo podía creer, y me sentía con toda la euforia del mundo, y con toda la fuerza también. Creo que se sintió que en Berisso las cosas tiene que cambiar, que la realidad que estamos viviendo es cruel, y que si nos juntamos podemos cambiar las cosas, que esta Humanidad puede cambiar. No queremos ser esta clase de humanidad, somos distintos, queremos amar libremente", apuntó M.
Su causa, que quedó radicada en la Fiscalía N° 17 a cargo de María Eugenia Di Lorenzo y donde interviene la titular del Juzgado N° 5, Marcela Garmendia, todavía no tiene avances significativos. El agresor sigue libre y por lo pronto no hay actuaciones que se orienten a su detención. M. sabe que el proceso puede ser lento, cargado de burocracias que pueden tornarse un laberinto indescifrable. Pero aun así, confía. "Ahora seguiremos con mis compañeras a ver si le hacen algo, o pasa algo, o no sé... Porque algo tiene que pasar, ¿no?".