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Los platenses que crean máscaras mágicas que transforman a la gente

Como le ocurre a Jim Carrey en su película más exitosa, los artistas Hernán Ferrari y Virginia Rivero le revelaron a 0221.com.ar todo lo que le pasa a quien se pone una de sus creaciones para ocultar su rostro. De qué se trata este emprendimiento que nació hace cinco años como una especie de juego que desnuda a hombres y mujeres que lo experimentan.

En un rincón de City Bell hay un pequeño taller en el fondo de una casa que pasa totalmente desapercibida en la cuadra, en donde en los últimos cinco años le dieron vida a más de 4 mil máscaras que hoy están distribuidas no solo por la ciudad sino por distintas partes del país. Virginia Rivero y Hernán Ferrari son dos artistas que arrancaron casi como un juego en todo este misterioso mundo que los llevó a responder los pedidos más insólitos, desde una persona que organizó una fiesta para 150 invitados con los rostros cubiertos hasta otro que quiso replicar a su padre recientemente fallecido. De qué se trata esta tienda y cómo surgió "Sigue al conejo negro".

Ella es productora y él artista plástico. Ambos platenses y creadores de un emprendimiento particular que con el correr del tiempo se transformó en su forma de vida: hacer máscaras con todo tipo de materiales, piezas únicas de primera calidad totalmente artesanales. "Nuestras máscaras son 100% artesanales y pintadas a mano", explicó Virginia en el patio de su casa, a metros del taller en donde se cocina la magia. Hernán está su lado. Él es el encargado de tallarlas. Puede hacerlo en un día, previo a darle forma al molde de la pieza, que se termina de secar tras cinco días. Después el trabajo continúa durante unos cuatro días más para hacer la base y las terminaciones, dependiendo del tipo de detalles y de por ejemplo si llevan pelo o no. Y listo, ahí ven la luz.

"A las máscaras que hacemos las definimos como un estilo medio trash, se podría decir. Siempre trabajamos con reciclado, usamos ese tipo de materiales, es muy difícil que vayamos a comprar determinado tipo de material para hacer una máscara, excepto algunas cosas como ganchitos, plumas y demás. Siempre tratamos de transformar y reciclar materiales. No digo que hacemos máscaras exclusivamente con la basura pero sí el estilo puede ser medio trash. Las máscaras son un poco creepys, tienen algo de terror", se autodefinieron luego de pensar un rato. "Hay tanto molde y tanta pieza que a medida que vamos haciendo máscaras también jugamos con eso y vamos probando, sacando, poniendo y te van quedando. Hace poco hicimos unos zombies en donde fuimos armando y desarmando y quedó muy bueno, con la dentadura para afuera", se rieron.

En el taller hay máscaras colgadas por todos lados, en las paredes y sobre las mesas y las sillas. Son de todos los colores y de todos los tamaños. Algunas dan miedo. Detrás de cada una de ellas se ve que hay mucho trabajo paciente, mucha dedicación. Y a todas las envuelve un misterio que es un interrogante hasta para sus creadores, porque muchas veces se preguntan en dónde terminan una vez que las venden.

"El universo de las máscaras es inmenso, infinito, recibimos todo tipo de pedidos", explicaron. Hace poco les escribió una persona para encargarles una máscara bastante particular: quería que realicen una réplica del rostro de su padre muerto. Y hay de todo: cerdos, osos, conejos terroríficos, caballos, viejos, antifaces, payasos, monstruos, Donald Trump. Y mucho más. Las máscaras cuestan entre 600 y 2 mil pesos aproximadamente, dependiendo por supuesto del nivel de detalle y realización. Y llevan hechas más de 4 mil. "A veces pensamos para qué las querrán. Nos flashea eso. Alguien te escribe por Facebook y te das cuenta por ejemplo que no es artista y te ponés a pensar para qué la usará", revelaron.

Es que lo que sucede con una máscara es algo para analizar. Lo podría hacer un psicólogo. Como Jim Carrey en la película que lo catapultó a la fama allá por 1994, una persona que se pone una máscara se transforma. O al menos cuenta con esa posibilidad. "La máscara saca a relucir algo tuyo que sin ella no te animás a mostrar; lo que ven los demás de vos es algo que por ahí no sos, no sé. Vos como actor, es tu cara la que está expuesta, entonces toda tu gestualidad está hablando de lo que vos estás actuando. Bueno, con la máscara no. Hacés algo pero detrás de la máscara podés estar riéndote por ejemplo, tenés la posibilidad de jugar con eso", explicó Virginia.

"Para un actor es muy loco hacer toda una obra con máscaras. Me acuerdo una vez que un amigo actor hizo una obra exitosa con la máscara puesta y después cuando se la sacó en la fiesta nadie lo reconocía, nadie sabía que era él. Todos lo habían aplaudido y ahora nadie lo saludaba ¡y para él era un garrón eso!", agregó y contó también que "hay mucha gente muy tímida y que le da vergüenza actuar, pero cuando lo hace con la máscara se transforma completamente".

"La máscara permite que a una persona le salga todo lo que tenía ganas que le salga de adentro, casi como una droga o el alcohol", dijo Hernán. "Una vez en una fiesta una persona se puso una máscara y de golpe se transformó: empezó a empujar a todos, a correr por todos lados, y cuando lo agarramos y se la sacamos, esta persona se retrajo completamente y se quedó quieta apoyada contra la pared. Eso nos quedó grabado, fue muy fuerte y quedamos impresionados, sacarle la máscara fue como dejarlo desnudo", recordó, todavía sorprendido.

"Hay máscaras que seguramente también se usan en la intimidad. A mí me ha pasado muchas veces de pensar que alguien nos lleva una máscara y después la usa para secuestrar a alguien, o algo medio turbio, y después lo vemos en el noticiero", dijo Virginia mitad en chiste pero mitad en serio. "Una vez nos pasó que alguien nos pidió una máscara del Guasón, porque era fanático. Y a los pocos días vimos en las noticias que habían agarrado a un tipo que tenía un camión y robaba con la máscara del Guasón, entonces nos preguntábamos si había sido el mismo", contó Hernán para reforzar esa teoría.

"Sigue al conejo negro" fue la semilla de todo esto. "Trabajamos con un personaje que era el conejo negro, en donde íbamos a fiestas, se lo poníamos a la gente y les hacíamos fotos. Así trabajamos en el universo de la máscara y en la reacción de la gente, en qué le pasaba a la gente cuando se ponía la máscara", rememoraron. "En un momento nos encargaron una cantidad importante de máscaras para una fiesta que iba a ser como la película Ojos bien cerrados. Era un tipo que cumplía 50 años y había invitado a toda la gente que había pasado por su vida. La idea era que todos lleguen con máscaras porque él no iba a reconocerlos. Tuvimos que hacer 140 máscaras. A partir de eso empezamos a producir más, hicimos muestras y creamos esta tienda. Por un lado enfocamos nuestro lado artístico más libre en Sigue al conejo negro y por el otro directamente las máscaras", explicaron.

Entre performances y otras muestras artísticas realizadas casi siempre en lugares que van por fuera del circuito tradicional, ambos están sumando constantemente amigos que colaboran con las actuaciones y presentaciones, siempre ocultos bajo sus máscaras. Al mismo tiempo pasan horas y horas en este pequeño taller que es el laboratorio en donde nace el misterio, los rostros que transforman y sacan a relucir todo lo oculto en las personas, al menos por unos ratos.

Como le ocurre a Jim Carrey en su película más exitosa, los artistas Hernán Ferrari y Virginia Rivero le revelaron a 0221.com.ar todo lo que le pasa a quien se pone una de sus creaciones para ocultar su rostro. De qué se trata este emprendimiento que nació hace cinco años como una especie de juego que desnuda a hombres y mujeres que lo experimentan.

09 de junio de 2019

En un rincón de City Bell hay un pequeño taller en el fondo de una casa que pasa totalmente desapercibida en la cuadra, en donde en los últimos cinco años le dieron vida a más de 4 mil máscaras que hoy están distribuidas no solo por la ciudad sino por distintas partes del país. Virginia Rivero y Hernán Ferrari son dos artistas que arrancaron casi como un juego en todo este misterioso mundo que los llevó a responder los pedidos más insólitos, desde una persona que organizó una fiesta para 150 invitados con los rostros cubiertos hasta otro que quiso replicar a su padre recientemente fallecido. De qué se trata esta tienda y cómo surgió "Sigue al conejo negro".

Ella es productora y él artista plástico. Ambos platenses y creadores de un emprendimiento particular que con el correr del tiempo se transformó en su forma de vida: hacer máscaras con todo tipo de materiales, piezas únicas de primera calidad totalmente artesanales. "Nuestras máscaras son 100% artesanales y pintadas a mano", explicó Virginia en el patio de su casa, a metros del taller en donde se cocina la magia. Hernán está su lado. Él es el encargado de tallarlas. Puede hacerlo en un día, previo a darle forma al molde de la pieza, que se termina de secar tras cinco días. Después el trabajo continúa durante unos cuatro días más para hacer la base y las terminaciones, dependiendo del tipo de detalles y de por ejemplo si llevan pelo o no. Y listo, ahí ven la luz.

"A las máscaras que hacemos las definimos como un estilo medio trash, se podría decir. Siempre trabajamos con reciclado, usamos ese tipo de materiales, es muy difícil que vayamos a comprar determinado tipo de material para hacer una máscara, excepto algunas cosas como ganchitos, plumas y demás. Siempre tratamos de transformar y reciclar materiales. No digo que hacemos máscaras exclusivamente con la basura pero sí el estilo puede ser medio trash. Las máscaras son un poco creepys, tienen algo de terror", se autodefinieron luego de pensar un rato. "Hay tanto molde y tanta pieza que a medida que vamos haciendo máscaras también jugamos con eso y vamos probando, sacando, poniendo y te van quedando. Hace poco hicimos unos zombies en donde fuimos armando y desarmando y quedó muy bueno, con la dentadura para afuera", se rieron.

En el taller hay máscaras colgadas por todos lados, en las paredes y sobre las mesas y las sillas. Son de todos los colores y de todos los tamaños. Algunas dan miedo. Detrás de cada una de ellas se ve que hay mucho trabajo paciente, mucha dedicación. Y a todas las envuelve un misterio que es un interrogante hasta para sus creadores, porque muchas veces se preguntan en dónde terminan una vez que las venden.

"El universo de las máscaras es inmenso, infinito, recibimos todo tipo de pedidos", explicaron. Hace poco les escribió una persona para encargarles una máscara bastante particular: quería que realicen una réplica del rostro de su padre muerto. Y hay de todo: cerdos, osos, conejos terroríficos, caballos, viejos, antifaces, payasos, monstruos, Donald Trump. Y mucho más. Las máscaras cuestan entre 600 y 2 mil pesos aproximadamente, dependiendo por supuesto del nivel de detalle y realización. Y llevan hechas más de 4 mil. "A veces pensamos para qué las querrán. Nos flashea eso. Alguien te escribe por Facebook y te das cuenta por ejemplo que no es artista y te ponés a pensar para qué la usará", revelaron.

Es que lo que sucede con una máscara es algo para analizar. Lo podría hacer un psicólogo. Como Jim Carrey en la película que lo catapultó a la fama allá por 1994, una persona que se pone una máscara se transforma. O al menos cuenta con esa posibilidad. "La máscara saca a relucir algo tuyo que sin ella no te animás a mostrar; lo que ven los demás de vos es algo que por ahí no sos, no sé. Vos como actor, es tu cara la que está expuesta, entonces toda tu gestualidad está hablando de lo que vos estás actuando. Bueno, con la máscara no. Hacés algo pero detrás de la máscara podés estar riéndote por ejemplo, tenés la posibilidad de jugar con eso", explicó Virginia.

"Para un actor es muy loco hacer toda una obra con máscaras. Me acuerdo una vez que un amigo actor hizo una obra exitosa con la máscara puesta y después cuando se la sacó en la fiesta nadie lo reconocía, nadie sabía que era él. Todos lo habían aplaudido y ahora nadie lo saludaba ¡y para él era un garrón eso!", agregó y contó también que "hay mucha gente muy tímida y que le da vergüenza actuar, pero cuando lo hace con la máscara se transforma completamente".

"La máscara permite que a una persona le salga todo lo que tenía ganas que le salga de adentro, casi como una droga o el alcohol", dijo Hernán. "Una vez en una fiesta una persona se puso una máscara y de golpe se transformó: empezó a empujar a todos, a correr por todos lados, y cuando lo agarramos y se la sacamos, esta persona se retrajo completamente y se quedó quieta apoyada contra la pared. Eso nos quedó grabado, fue muy fuerte y quedamos impresionados, sacarle la máscara fue como dejarlo desnudo", recordó, todavía sorprendido.

"Hay máscaras que seguramente también se usan en la intimidad. A mí me ha pasado muchas veces de pensar que alguien nos lleva una máscara y después la usa para secuestrar a alguien, o algo medio turbio, y después lo vemos en el noticiero", dijo Virginia mitad en chiste pero mitad en serio. "Una vez nos pasó que alguien nos pidió una máscara del Guasón, porque era fanático. Y a los pocos días vimos en las noticias que habían agarrado a un tipo que tenía un camión y robaba con la máscara del Guasón, entonces nos preguntábamos si había sido el mismo", contó Hernán para reforzar esa teoría.

"Sigue al conejo negro" fue la semilla de todo esto. "Trabajamos con un personaje que era el conejo negro, en donde íbamos a fiestas, se lo poníamos a la gente y les hacíamos fotos. Así trabajamos en el universo de la máscara y en la reacción de la gente, en qué le pasaba a la gente cuando se ponía la máscara", rememoraron. "En un momento nos encargaron una cantidad importante de máscaras para una fiesta que iba a ser como la película Ojos bien cerrados. Era un tipo que cumplía 50 años y había invitado a toda la gente que había pasado por su vida. La idea era que todos lleguen con máscaras porque él no iba a reconocerlos. Tuvimos que hacer 140 máscaras. A partir de eso empezamos a producir más, hicimos muestras y creamos esta tienda. Por un lado enfocamos nuestro lado artístico más libre en Sigue al conejo negro y por el otro directamente las máscaras", explicaron.

Entre performances y otras muestras artísticas realizadas casi siempre en lugares que van por fuera del circuito tradicional, ambos están sumando constantemente amigos que colaboran con las actuaciones y presentaciones, siempre ocultos bajo sus máscaras. Al mismo tiempo pasan horas y horas en este pequeño taller que es el laboratorio en donde nace el misterio, los rostros que transforman y sacan a relucir todo lo oculto en las personas, al menos por unos ratos.

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Como le ocurre a Jim Carrey en su película más exitosa, los artistas Hernán Ferrari y Virginia Rivero le revelaron a 0221.com.ar todo lo que le pasa a quien se pone una de sus creaciones para ocultar su rostro. De qué se trata este emprendimiento que nació hace cinco años como una especie de juego que desnuda a hombres y mujeres que lo experimentan.