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¿Nos gusta menos o eso nos hicieron creer?

El Mundial de fútbol que se desarrolla en Francia no generó una revolución en la Argentina, como sí provocó el de Rusia del año pasado. Preguntas para pensar y tratar de hacer justicia.

Por Máximo Randrup

Ariel Scher es un periodista (y escritor) que le huye al estereotipo del periodista deportivo moderno. Es, además de un adicto a la lectura, un intelectual que pregunta mucho para pensar más de lo que pregunta. Ejerce la profesión con elegancia y compromiso crítico: cuestiona lo que pocos cuestionan y analiza lo que medios de comunicación hegemónicos pasan por alto. Los interrogantes que siguen no los formuló Ariel; sin embargo, es muy sano subirse a su barco.

¿Por qué nos entusiasma más el fútbol masculino que el femenino? ¿Tan condicionados estamos por mandatos históricos, sociales, comerciales, internacionales y nacionales? ¿Que no genere efervescencia en la sociedad argentina significa que nos gusta menos?

¿El tipo que en una oficina y sin ponerse colorado afirma “¡son todas bastante maletas!” será un director técnico consagrado o, al menos, un exjugador profesional exitoso? ¿Ese hombre, dice eso porque no entiende nada de fútbol o porque compró –sin pensar– algún versito armado que pocos intentan desarticular?

¿Por qué si decimos fútbol es, por defecto, fútbol masculino y para hablar de fútbol jugado por mujeres debemos –siempre– especificar que se trata de fútbol femenino? ¿Es lógico que un jugador afirme “mi debut en la selección argentina fue…” y que una jugadora exprese “mi debut en la selección femenina fue…”?

¿Sabe la gente que mientras el seleccionado argentino masculino no hablaba con la prensa, en 2017, Ruth Bravo (una de las protagonistas del histórico empate ante Japón) trabajaba para un programa de Telefé a pesar de que era la N° 10 de Boca e integraba la selección nacional? 

¿Por qué, durante la última semana, los medios periodísticos le dedicaron mayor espacio/tiempo a una Copa América por comenzar que a la Copa del Mundo en desarrollo? ¿Por qué la gente detiene sus actividades si el combinado masculino juega un partido mundialista y, en cambio, el debut del equipo femenino contra las subcampeonas del planeta se observó poco en los diferentes ámbitos laborales? ¿Por qué a muchos les costó hallar un bar que pasara el encuentro contra las niponas? ¿Por qué el Mundial de 2018 se veía en las escuelas y el de 2019 no?

¿Los que critican el fútbol practicado por mujeres saben que, a nivel internacional, corre con 61 años de desventaja porque la Copa del Mundo masculina de la FIFA se juega desde 1930 y la femenina se disputa recién desde 1991? ¿Los que critican a las jugadoras argentinas son conscientes de que entre una profesionalización y otra pasaron 88 años? ¿Es justo que los varones del seleccionado sean millonarios, mientras que varias de las mujeres del conjunto nacional deben (además de ser futbolistas de elite) trabajar de otra cosa? ¿Cuántos saben que una integrante del plantel trabaja en el Mercado Central y otra es becaria del Conicet?

¿Por qué Olé anuncia un partido del actual Mundial, entre Holanda y Nueva Zelanda, con el título “A ver quiénes son más rubias”? ¿Si se hubiesen enfrentado esos países en fútbol masculino hubiese puesto “A ver quiénes son más rubios”?

Algunas (¡solo algunas!) preguntas para pensar el fútbol, repensarlo y –de paso– intentar hacer justicia. Este viernes la Selección juega la segunda fecha de la Copa del Mundo. Si podés, prendé la tele; quizás descubrís que el fútbol jugado por mujeres es tan interesante como el que practican los hombres. El deporte es el mismo.

El Mundial de fútbol que se desarrolla en Francia no generó una revolución en la Argentina, como sí provocó el de Rusia del año pasado. Preguntas para pensar y tratar de hacer justicia.

14 de junio de 2019

Por Máximo Randrup

Ariel Scher es un periodista (y escritor) que le huye al estereotipo del periodista deportivo moderno. Es, además de un adicto a la lectura, un intelectual que pregunta mucho para pensar más de lo que pregunta. Ejerce la profesión con elegancia y compromiso crítico: cuestiona lo que pocos cuestionan y analiza lo que medios de comunicación hegemónicos pasan por alto. Los interrogantes que siguen no los formuló Ariel; sin embargo, es muy sano subirse a su barco.

¿Por qué nos entusiasma más el fútbol masculino que el femenino? ¿Tan condicionados estamos por mandatos históricos, sociales, comerciales, internacionales y nacionales? ¿Que no genere efervescencia en la sociedad argentina significa que nos gusta menos?

¿El tipo que en una oficina y sin ponerse colorado afirma “¡son todas bastante maletas!” será un director técnico consagrado o, al menos, un exjugador profesional exitoso? ¿Ese hombre, dice eso porque no entiende nada de fútbol o porque compró –sin pensar– algún versito armado que pocos intentan desarticular?

¿Por qué si decimos fútbol es, por defecto, fútbol masculino y para hablar de fútbol jugado por mujeres debemos –siempre– especificar que se trata de fútbol femenino? ¿Es lógico que un jugador afirme “mi debut en la selección argentina fue…” y que una jugadora exprese “mi debut en la selección femenina fue…”?

¿Sabe la gente que mientras el seleccionado argentino masculino no hablaba con la prensa, en 2017, Ruth Bravo (una de las protagonistas del histórico empate ante Japón) trabajaba para un programa de Telefé a pesar de que era la N° 10 de Boca e integraba la selección nacional? 

¿Por qué, durante la última semana, los medios periodísticos le dedicaron mayor espacio/tiempo a una Copa América por comenzar que a la Copa del Mundo en desarrollo? ¿Por qué la gente detiene sus actividades si el combinado masculino juega un partido mundialista y, en cambio, el debut del equipo femenino contra las subcampeonas del planeta se observó poco en los diferentes ámbitos laborales? ¿Por qué a muchos les costó hallar un bar que pasara el encuentro contra las niponas? ¿Por qué el Mundial de 2018 se veía en las escuelas y el de 2019 no?

¿Los que critican el fútbol practicado por mujeres saben que, a nivel internacional, corre con 61 años de desventaja porque la Copa del Mundo masculina de la FIFA se juega desde 1930 y la femenina se disputa recién desde 1991? ¿Los que critican a las jugadoras argentinas son conscientes de que entre una profesionalización y otra pasaron 88 años? ¿Es justo que los varones del seleccionado sean millonarios, mientras que varias de las mujeres del conjunto nacional deben (además de ser futbolistas de elite) trabajar de otra cosa? ¿Cuántos saben que una integrante del plantel trabaja en el Mercado Central y otra es becaria del Conicet?

¿Por qué Olé anuncia un partido del actual Mundial, entre Holanda y Nueva Zelanda, con el título “A ver quiénes son más rubias”? ¿Si se hubiesen enfrentado esos países en fútbol masculino hubiese puesto “A ver quiénes son más rubios”?

Algunas (¡solo algunas!) preguntas para pensar el fútbol, repensarlo y –de paso– intentar hacer justicia. Este viernes la Selección juega la segunda fecha de la Copa del Mundo. Si podés, prendé la tele; quizás descubrís que el fútbol jugado por mujeres es tan interesante como el que practican los hombres. El deporte es el mismo.

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El Mundial de fútbol que se desarrolla en Francia no generó una revolución en la Argentina, como sí provocó el de Rusia del año pasado. Preguntas para pensar y tratar de hacer justicia.