domingo 26 de mayo de 2024

Kale, remolacha y agroecología: así es la primera huerta comunitaria en una plaza de La Plata

Un grupo de chicos y chicas comenzaron una propuesta sin precedentes en La Plata: usan un espacio público para sembrar, cosechar y distribuir hortalizas entre los vecinos. Utilizan la agroecología como modelo productivo y su principal meta es poder cosechar comida sin veneno.

Hace algunas semanas una plaza de Gonnet se transformó en una huerta comunitaria, la primera en su tipo en la ciudad. Un grupo de chicos del barrio que solían visitar el lugar para tomar mates y pasear a sus mascotas, comenzaron a ver la posibilidad de embellecerlo y, a la vez, cosechar comida sana, sin ningún tipo de agroquímico. Poco después dieron vida a una experiencia única: la Huerta Agroecológica Fabián Tomassi.

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Crearon un espacio comunitario y ahora llevan adelante una huerta que produce sin químicos y hace uso de la agroecología, una práctica que no para de crecer en todo el mundo ante la cada vez mayor evidencia sobre los trastornos que los agrotóxicos, como el glifosato, causan en la salud de quienes los consumen.

El grupo comenzó a trabajar la tierra, asesorados por paisajistas y un ingeniero agrónomo de la UNLP, quienes también hicieron sus aportes a la iniciativa de este grupo de jóvenes platenses. En pocos días mejoraron la tierra y las plantas empezaron a crecer, demostrando las buenas condiciones del suelo.

Hoy se pueden apreciar variedad de verduras y legumbres como kale, acelga, brócoli, rúcula, repollos, remolachas, coliflores, lechugas, cebollas de verdeo, espinaca, arvejas y habas, pero también aromáticas como ruda, lavanda, orégano, citronela, melisa, menta, caléndulas, copete, boldo, cedrón, burrito, estragón, milenrama, curry y hasta romero.

Entretanto, intrigados, los vecinos comenzaron a acercarse a la plaza del barrio para preguntar cómo habían logrado que las plantas crecieran de esa manera en tan poco tiempo. A partir de ahí se generó un ida y vuelta entre los chicos y los frentistas y muchos de ellos todavía colaboran llevando materiales, mangueras y plantas y a cambio reciben parte de la comida que se produce en la huerta.

Días atrás, el Concejo Deliberante comenzó a debatir la iniciativa de la legisladora Virginia Rodríguez para habilitar a los vecinos a crear huertas de este tipo en todas las plazas y parques de la ciudad. En ese marco, la iniciativa impulsan estos jóvenes ganó más vigencia que nunca. Así lo reconoce Franco Rucci, uno de los mentores del espacio, quien habló con 0221.com.ar sobre la importancia de las huertas, la agroecología y la relación con los vecinos del barrio.

"Lo hicimos porque estamos movilizados por el uso de agroquímicos que hay en el país, el cual aumentó un 900% y somos uno de los países que más los utiliza. Tienen efectos de manera directa en la salud. Este problema nos motivó a hacer espacios en donde haya comida sana, sin veneno", relata el joven y agrega que la huerta también sirvió como un modo de rescatar este espacio que, de a poco, comenzaba a desaparecer: "Este lugar era mucho más grande, pero se fue achicando a medida que se loteaba y se construían casas. Quedó este espacio y empezamos a plantar, impulsados por preservarla, ya que podía desaparecer".

"Nos sorprende lo que puede generar una plaza, lo que puede salir de una huerta, debería ser lo normal pero ni siquiera entre nosotros lo es todavía", sostiene Rucci mientras prepara uno de los almácigos donde siembras la verduras que luego reparten en el barrio.

El joven también hizo mención de la importancia que la sociedad le brinda a este tema tan delicado y que tiene en el centro de la discusión a la propia salud. "Hay una desconexión, cierto mito entre los ciudadanos, uno crece en la escuela y no tiene idea de dónde sale la comida, cómo crece, cómo se planta 'porque eso es del campo', como si viviéramos en otro mundo. Esto influye directamente en cómo vivimos, porque nos ponen veneno en la mesa", remarca el joven que, cada miércoles, se suma al grupo de vecinos que traba en la huerta sin pedir nada a cambio.

"No es una pavada, detrás de todo esto hay un modelo productivo, un modelo regional de país que tiene que ver con concentrar la producción en la explotación bruta de los recursos naturales. La información del veneno que hay en las verdulerías, hay estudios, informes, pero hay mucho poder”, sostiene Ricci y enseguida agrega que quienes creen que este es un "tema menor" tal vez tengan poca información sobre lo que realmente sucede y "no se suele ver en los medios". "A medida que crezca la concientización de lo grave que es todo lo que está pasando en el campo con los agrotóxicos, a medida que entendamos que no tenemos que comer veneno, a medida que la gente sepa que en La Plata de cada 10 muestras que se toman de una lluvia 8 tienen agrotóxicos, ahí no van a pensar que una huerta orgánica es una pavada o una cosa menor", setencia.

Quienes, de seguro, no lo sienten así son los propios vecinos de Gonnet. A pesar del escepticismo inicial, los recibieron con los brazos abiertos y ahora "no pueden creer que donde hacía dos meses había un pedazo de pasto, de repente hay comida", cuenta Franco con alegría.

En un principio muchos creyeron que el espacio iba a ser roto o víctima del vandalismo, pero a los jóvenes detrás de este proyecto se les hincha el pecho cuando piensan en todo lo que lograron y es que, después de todo, como ellos mismos dicen, "el hecho de que alguien pueda llegar a romperlo, no es una razón para no hacerlo".

Detrás de su iniciativa, además, se esconde una manera de concebir lo que hacen: "Tratamos de poner en práctica la agroecología, un modelo de producción distinto que tiene que ver con asociar plantas. Por un lado plantamos hortalizas de estación, que en este momento son acelga, repollo, kale, brócoli, lechugas, habas, arvejas, rúcula, espinaca, etcétera; y los combinamos con plantas aromáticas que son muy buenas para el control de plagas, tales como la lavanda, el romero, el tomillo, curry, la caléndula y la melisa". El proceso parece dar resultado y el espacio rebosa de plantas que crecen sanas y con una calidad que es difícil de ver en un mercado.

"La sensación que te da sacar un alimento sano de la esquina de tu casa no tiene precio. Pero además tuvimos encuentros con vecinos que nos dijeron cosas como 'si mi papá estuviera vivo estaría orgulloso de ustedes'. La verdad que esas cosas nos hacen sentir más que conformes con lo que hacemos", cuenta Rucci.

En el marco del proyecto que debate el Concejo Deliberante, la experiencia de este joven y sus amigos tiene un  nuevo significado. La huerta agroecológica de Gonnet, que nació como un cuestionamiento al modelo de agronegocio que busca generar grandes sumas de dinero a costa de la salud humana, es ahora un punto de partida para otras nuevas huertas que podrían comenzar a florecer en toda la ciudad.

El tema podría parecer, a priori, algo banal, alejado de la vida cotidiana de los platenses, una cuestión a la que muchos le restan importancia; sin embargo, se trata de un factor determinante para el futuro. Somos lo que comemos y, ante todo, esos alimentos deben ser saludables, evitando así la proliferación de enfermedades y permitiéndonos vivir una vida plena.

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