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Semana del Parto Respetado: Defendamos el derecho a elegir siempre

17 de mayo de 2019

En la Semana del Parto Respetado, me pareció importante reflexionar sobre este derecho, tan importante para todas las mujeres y las familias que nacen o se reconstituyen en el parto, y en la importancia de que el feminismo no abandone la lucha por el ejercicio a una maternidad plena.

En definitiva, que no abandone la lucha por el derecho a elegir siempre y que nadie ni nada nos imponga ataduras a determinada forma de vivir, de pensar o de ser.

Por ello, debemos seguir redoblando esfuerzos para que la provincia de Buenos Aires adhiera a la Ley 25.929 de Parto Humanizado; para que la comunidad de la salud trate a la futura madre como una mujer sana, no como una enferma, y que por ello pueda participar como protagonista principal de su propio parto.

La violencia obstétrica existe en nuestro país de tal forma que debió sancionarse la Ley antes mencionada, que entre sus normas prevé que la mujer tiene el derecho a ser informada durante todo el proceso (embarazo, parto, postparto) de las intervenciones médicas y farmacológicas a las que se la somete. Sí, una ley se necesitó para que la madre que va a parir tenga derecho a saber qué le están haciendo.

Esta Ley también se necesitó para establecer el derecho a ser respetada durante el parto. Y el derecho al parto natural, respetando los tiempos biológicos.

Muchas veces, en nuestras luchas por la igualdad, las mujeres olvidamos que la garantía de nuestra maternidad de forma plena, debe ser de nuestras principales batallas; ello es lo que nos permitirá conquistar la igualdad que tanto ansiamos.

Estoy convencida que el reconocimiento de la embarazada como una mujer sana debe ser culturalmente de los paradigmas más importantes, pues a partir de allí podemos construir a la maternidad de la forma que anhelamos desde el feminismo: en total libertad, y en equidad con la pareja –si ésta existe-.

Ser sanas al momento del parto nos coloca en un lugar de total libertad en la elección de la forma en la que queremos que lleguen nuestros bebés al mundo.

La libertad que queremos para decidir cuándo ser madres, es la misma libertad que exigimos al momento de decidir cómo van a llegar nuestros hijos o hijas al mundo. Es que esas autonomías que nos faltan son, en definitiva, parte del mismo problema: la opresión de nuestras libertades en un mundo patriarcal.

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