El 11 de enero de 1884 se instaló la primera usina de ensayo en calle 5 entre 51 y 53, detrás de la Casa de Gobierno, que suministraba energía a una torre de 50 metros de alto con 6 lámparas en su cima de 4 mil bujías cada una. La torre estaba ubicada en Plaza San Martín y su luz llegó a ser vista desde la ciudad de Colonia, Uruguay.
Dardo Rocha, en su búsqueda de dotar a la ciudad de un sistema de iluminación moderno, convocó al Walter Cassels, representante de la Brush Electric Company de Cleveland, Estados Unidos, para recrear las exitosas pruebas con alumbrado eléctrico que había realizado en la ciudad de Buenos Aires y que la indiferencia de los gobernantes de entonces había frustrado.
El Gobernador estaba convencido de que sería el medio más higiénico y eficaz contra incendios y el que mejor aseguraba la iluminación de espacios abiertos y calles anchas de modo uniforme. Era también la alternativa más económica. Para alumbrar convencionalmente a La Plata a gas eran necesarios entre 1.800 y 2.000 faroles, los que podían llegar a producir un total de 27.000 bujías, mientras que con sólo 200 focos eléctricos se lograría la cantidad equivalente a 140.000 bujías, con la reducción del 50% de los costos.
En abril de 1886 se declaró instalado el alumbrado público eléctrico en la ciudad, con lo cual La Plata fue la primera ciudad de Sudamérica con este servicio. La iluminación de parques y plazas se realizó mediante postes de madera con lámparas eléctricas. "En La Plata se camina a vapor y luz eléctrica. Esta es la primera ciudad de Sudamérica iluminada toda por este sistema", escribía en 1885 el periodista italiano Arturo di Castellnuovo al arribar a la ciudad, sorprendido por el revolucionario sistema.