El 7 de marzo de 1979, nacía en Berazategui un hombre que lograría captar la admiración y respeto casi unánime de los amantes del fútbol argentino. Aunque al comienzo su pasión se dividió entre la bocha y la pelota, fue el deporte más popular de nuestro país el que terminó prevaleciendo en su vida y en el cual supo conseguir títulos nacionales, internacionales y hasta ponerse la camiseta de la Selección.
Surgido de las inferiores de Quilmes, Rodrigo Braña se transformó en un emblema del Cervecero. A base de sacrificio y un despliegue descomunal dentro de la cancha, no le costó ganarse el amor de los hinchas albiazules que lo vieron defender sus colores en más de 200 partidos, logrando el ascenso en la temporada 2002/03 y consiguiendo que le pusieran su nombre a una de las tribunas del estadio.
Tras pasos fugaces por el Mallorca B de España y Unión de Santa Fe, a comienzos del 2005 debutó en la Primera de Estudiantes y desde esa vez, un nuevo amor empezaría a gestarse en la vida del Chapu. Fue un 27 de febrero, ante Banfield por la fecha 3 del Torneo Clausura, cuando ingresó a los 11 minutos de la segunda etapa, reemplazando a Rodolfo Aquino. El técnico del Pincha era Mostaza Merlo y el marcador terminó empatado sin goles.
Aquel día, ni el más optimista hincha de Estudiantes imaginaría todo lo que se vendría en el futuro y que ese chico de Berazategui se iba a convertir en uno de los máximos ídolos del club. Campeón del Torneo Apertura 2006 y 2010, y ganador de la Copa Libertadores 2009 y subcampeón del Mundial de Clubes, Braña es sin duda uno de los jugadores más representativos de una época dorada en la rica historia de la institución albirroja.

Con su manera de jugar cautivó de inmediato al público pincharrata y junto a Juan Sebastián Verón, supieron formar una de las mejores duplas de doble cinco que pudo verse en el fútbol de nuestro país. La regularidad en su nivel, siempre lo mantuvo en los primeros planos y lo llevó a ser convocado primero por Maradona y luego por Alejandro Sabella para formar parte del seleccionado nacional.

Tras regresar al club que lo vio nacer, para lo que parecía un retiro anunciado, en el 2016 decidió retornar a La Plata para jugar, según él, “sus últimos partidos”. Más de 60 encuentros disputó desde que regresó y a pesar de algunas complicaciones físicas, volvió a ser el eje y el corazón del equipo, sin importar los compañeros que tenga al lado o el técnico que lo dirija.
A los 40 años de edad, el Chapu ya anunció que en junio dejará la actividad profesional y se dedicará a ser director técnico. En Estudiantes se niegan a empezar a despedirlo, porque en cada partido que juega Braña se dan cuenta lo difícil que será reemplazarlo. La idea de encontrar uno igual es utópica y, aunque muchos llegaron a verlo reflejado en Santiago Ascacibar, saben que deberán conformarse la búsqueda de uno similar.

En el día de su cumpleaños, todos los actores del fútbol no se cansan de reconocer a Rodrigo Braña, un ejemplo como futbolista, querido fuera de la cancha y amado por los fanáticos del Pincha que ya lamentan su retiro y empiezan a extrañarlo.