“Mi vida es el fútbol", así resume Darío Cavallo su historia y su actualidad, hoy en la reserva de Belgrano, un club con el "damos pelea" para no descender, dice, aunque reconoce que encontró "tarde" el engranaje.
“Dirigí en primera en un partido de Copa Argentina, es todo muy distinto, mucho más exigente. En la reserva se te permiten algunos errores que en primera no te podés permitir y no te perdonan. Hoy nuestro objetivo es seguir aprendiendo y que lleguen los chicos de la mejor manera posible. Si en algún momento se da la chance claro que me gustaría, por ahora me sigo formando”, explica.
Para Cavallo los tiempos en el Lobo “fueron los más lindos. Teníamos un gran grupo, donde competimos de igual a igual con los mejores, siempre pelemos algún campeonato. Muchos de aquellos compañeros tuvieron la suerte de saltar a Europa como el Pampa Sosa, el Guly, el Yagui Fernández y otros”.
“Llegaron otros como Pedro Troglio, Claudio Enría, el Beto Márcico y otros que se adaptaron muy bien y se mantuvo la jerarquía del equipo. Cuando me fui todo continuó de buena forma unos años más, pero desde hace un tiempo las cosas no están de la mejor manera. Siempre estoy pendiente de cómo le va, porque guardo el mejor recuerdo”, añade.
El ex jugador del Lobo no puede gambetear el nombre de su tío, el querido viejo Timoteo Griguol, y destaca que “no por ser pariente, pero fue uno de los mejores sin dudas. Era un maestro, es el técnico al que uno se quiere parecer, aunque con cambios todo el tiempo, ya que todo es un aprendizaje constante y hay que perfeccionarse”.

Cavallo nació en Las Palmas, como Griguol, como Olave, el 11 de julio de 1975. En Gimnasia debutó el 20 de octubre de 1996 ante Banfield, cuando reemplazó a Giglielminpietro a un minuto del final. Disputó 124 partidos y convirtió un gol. Su última vez en el Bosque fue ante Boca el 24 de febrero del 2002, cuando entró por Troglio, a los 36 minutos del primer tiempo.
Sobre la ciudad de La Plata mantiene sus lindos recuerdos: “Yo había vivido en Caballito y me mudé a una casa en 3 y 63. Compartimos vivienda con Dario Aurellio, el Pampa, Cacho Cantarutti y Tony Bertoya. Después alguno se fue independizando, pero todo muy lindo. La pasábamos bien, aunque el cambio al comienzo fue brusco. Una ciudad que me gustó mucho”.

Darío jugó 6 clásicos y le fue muy bien, ya que ganó 3, empató 2 y perdió 1. “Ese es otro lindo momento, nos iba bien en esos partidos con Estudiantes y la victoria más clara fue un 3 a 0 en nuestra cancha, que jugamos muy bien”.
Terminó en San Martín de Tucumán y dejó por una lesión en la rodilla: “Estuve sólo seis meses y fui parte de un ascenso, pero la rodilla no dio más. Ahí volví a Córdoba y empecé a dirigir en Las Palmas, salí campeón en la primera experiencia y clasificamos al Argentino C”.

“Luego logré un título con la cuarta de Belgrano, después fui ayudante en primera con Jorge Guyón, también una experiencia en San Martín de San Juan junto al Colo Sava y lo salvamos del descenso. Volví a mi ciudad y acá estoy en el Pirata”, añade el aguerrido mediocampista de marca.
Antes del final habla de sus características como entrenador: “Trato de manejar dos sistemas, estar mucho en el perfeccionamiento individual del jugador para que eso ayude al equipo. Me gusta tener la posesión, y saber presionar y ser rápido. En mis equipos no podría jugar yo”.
Darío Cavallo jugó 233 partidos en primera y además del Lobo vistió las camisetas de Banfield, Nueva Chicago, Unión, Atlético Tucumán y San Martín.