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El Amor como respuesta a las injusticias del sistema financiero internacional

26 de marzo de 2019

La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) es el conjunto de documentos emitidos por la Santa Sede en los que expresa su posición sobre diversos temas, trascendentes o coyunturales. La preocupación por las injusticias del sistema económico internacional viene siendo objeto de encíclicas y otros documentos; desde hace más de cien años y la vigencia de esos primeros escritos demuestra que, lejos de que esas tendencias preocupantes se hayan revertido, se vienen profundizando.

De las enseñanzas de la DSI resaltamos que el amor es la herramienta más poderosa para convertir una sociedad cautivada por el individualismo y la idolatría del dinero, en una comunidad donde la solidaridad y el desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres sea nuestro horizonte.

Regularmente se pretende argumentar que la situación actual, que este “statu quo”, se explica por una “evolución” del sistema financiero en estructuras tan consolidadas que tienen una “lógica propia”, más aún: que la lógica del sistema responde a cuestiones puramente matemáticas y que son los modernos “algoritmos” lo que deciden el destino de los capitales de todo el planeta.

En esta inteligencia, se plantea la plena libertad de los actores económicos a fin de lograr el máximo de eficiencia económica, sin contemplar los efectos devastadores de dicha “eficiencia económica”. Un sistema económico que busca desligarse de cualquier límite ético, social o político.

Frente a ello, frente a ese discurso unívoco, la DSI viene advirtiendo esta situación y, fundamentalmente, dando una respuesta que hace centro en el desarrollo integral del hombre, y proponiendo un sistema económico global que permita el desarrollo de todas las naciones y de todos los hombres. 

Es así que identificamos una misma línea, una unidad de concepción a lo largo de muchos años, que es reconocer las injusticias que generan las estructuras económicas y financieras y la necesidad de su reestructuración. A su vez, la DSI nos ofrece un camino ético para revertir estos males, más aún ofrece una solución que no tiene que ver solo con las grandes estructuras económicas, la solución a estas injusticias de acumulación desmedida y exclusión tiene que ver con generar una conciencia del deber de solidaridad, de justicia social y de caridad en el corazón de los hombres y, especialmente, en aquellos que tienen responsabilidad sobre el desarrollo o no de los pueblos y las naciones.

Por eso decimos, que solo el amor al prójimo transformará las estructuras existentes.

Pablo VI nos enseña en la carta encíclica Populorum Progressio que “El espíritu de cooperación internacional requiere que, por encima de la estrecha lógica del mercado, se desarrolle la conciencia del deber de solidaridad, de justicia social y de caridad universal”.

Su Santidad Francisco nos enseña que la política no debe someterse a la economía, y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia y plantea que la humanidad necesita cambiar, que tenemos que ser conscientes de que habitamos una misma casa común y, en consecuencia, que los hombres debemos construir un nuevo paradigma cultural, espiritual y educativo.

Es así que vemos una vez más la necesidad de trabajar y difundir a creyentes y no creyentes nuestra mirada profundamente humanista que hace eje en el desarrollo del hombre, y que la economía debe subordinarse a la política –y no a la inversa- y que la política debe tener por fin último el desarrollo de los pueblos.

Efectivamente, solo una consciencia basada en el bien común, en la justicia social, en el desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres nos permitirá construir una sociedad más solidaria y justa.

Que sin dudas estos cambios de paradigmas será camino empinado, donde las estructuras económicas no cederán sus posiciones e intereses; entonces serán los pueblos y las naciones quienes promoverán los cambios estructurales, pero seremos los hombres “de carne y hueso” quienes debemos construir diariamente un mundo mejor y más justo, donde el amor sea más fuerte que el odio y la indiferencia.

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