"Los recuerdos no besan, los recuerdos no abrazan", dice la letra de la canción que escribió Paz Martínez y, aunque no siempre es así, a la distancia Pelusa asegura que con los años también se está poniendo más sentimental "no descarto volver a vivir en la Argentina, aunque acá estamos felices y muy cómodos, es un gran país".
Con 50 años, Cardoso construyó su vida en Hamburgo, Alemania, hasta donde lo catapultó su gran trabajo como volante de Estudiantes. "Me acomodé rápido a la sociedad, me gustó mucho el país, el orden, la disciplina, la seguridad. Hamburgo es la ciudad más linda de Alemania, aunque el clima no es el mejor. Estoy cómodo con mi familia. No me arrepiento de la decisión que tomamos con Karina y nuestros hijos, uno platense como Pablo y otra alemana como Sofía", cuenta en diálogo con 0221.com.ar.
A pesar del tiempo transcurrido, todavía mantiene vivo los recuerdos de su paso por el Pincha. Cada vez que habla de estudiantes lo hace con orgullo y se llena la boca de elogios. "Es mi vida, fue importantísimo en mi desarrollo como persona y jugador", asegura el azuleño y remarca que, entonces, dejó su pueblo natal siendo muy chico para cumplir su sueño de convertirse en futbolista profesional y hoy, después de tantos años, sigue sosteniendo que "fue la mejor decisión" que pudo haber tomado: "Encontré gente muy amable, respetuosa, que fueron claves en los 4 o 5 años que viví en la pensión, fue mi casa".
En aquellos años Pelusa conoció a algunas de las personas más importantes de su carrera. "Siempre recuerdo a Roberto Beto Ávalos que me enseñó a pegarle a la pelota cuando tenía 8 o 9 años, en una escuelita de Azul, después me lo volví a encontrar cuando fui al Pincha, un fenómeno", cuenta y enseguida agrega a otros como Cacho Malbernat, el hombre que le dio "lecciones de fútbol y de vida"; y Eduardo Solari, "un excelente entrenador" que por entonces fue "un adelantado en la manera de trabajar con pelota".
Cardoso, categoría '68, tuvo dos etapas como futbolista en el Pincha. Su debut en primera fue en 1987 y se prolongó hasta 1989, habiendo jugado 75 partidos y marcado 9 goles. Casi una década después regresó y jugó en la temporada 1998-1999, disputando 34 partidos y convirtiendo 4 tantos. El zurdo talentoso, hábil, de muy buena pegada y con presencia goleadora en los clásicos, todavía recuerda esos partidos como si hubiera sido ayer. "Era hermoso jugar con Gimnasia. Toda la previa, las canchas llenas y una ciudad que se paralizaba en esos días", sostiene hoy.
Pero el fútbol le dio mucho más que experiencias que nunca olvidará, el fútbol lo formó y le dio amigos entrañables: "Uno de los primeros que hice fue Gustavo Córdoba, la rompía jugando de 10 pero no pudo llegar a Primera. Al principio no me quería porque competíamos por el puesto pero nos hicimos grandes amigos", dice entre risas. "Alejandro Poroto Russo es otro amigo que me dio el fútbol y Estudiantes en sus juveniles; Oscar Craviotto; Pablo Vercellone, que tuvo un debut muy raro en la Bombonera; y el Vasco Azconzábal, un gran tipo que hace poco estuvo acá en Alemania mirando prácticas", enumera el azuleño con cariño.
En aquellos años, su gran momento en el Pincha llamó la atención de Europa y entonces llevó su sueño al viejo continente. En Alemania dejó su marca con 331 partidos jugados y 60 goles marcados. Se puso las camisetas del Homburg, el Friburgo, el Werder Bremen y el Hamburgo, que tiempo después se convirtió en su hogar. "En este club hice de todo. Jugué, dirigí juveniles, fui buscador de jugadores, estuve como asistente en primera y hoy sigo ligado, aunque estamos definiendo las funciones", explica.
En el Hamburgo también tuvo su chance de conducir los destinos de la Primera del club, pero la falta de un título habilitante se lo impidió. Sin embargo, fiel a su sueño, Pelusa estudió, se recibió y en 2011 se convirtió en el primer latinoamericano en dirigir un equipo de la Bundesliga alemana.
Cardoso también tuvo el privilegio de ponerse ocho veces la camiseta de la Selección Argentina, con la que marcó un gol y fue parte del plantel de la Copa América en 1997. En el '98, en tanto, jugó 11 partidos y logró un gol en Boca.
"Tomé decisiones fuertes en la vida pero no me arrepiento, como irme de mi casa de chico porque quería jugar en Estudiantes y radicarme de Alemania, aunque volver siempre está presente", dice Pelusa mientras se despide y revela que espera volver a dirigir y, por qué no, hacer en este país en el que nació y brilló vistiendo la casaca albirroja.