Clubes de barrio y empresas monopólicas: una pelea desigual
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Clubes de barrio y empresas monopólicas: una pelea desigual

22 de marzo de 2019

Desde diciembre de 2015, los clubes de barrio e instituciones intermedias son golpeados por el ahogamiento financiero devengado del aumento de tarifas y la pérdida de poder adquisitivo que sufren las familias que concurren a ellas.

En el año 2015 un club con 600 socios y socias cobraba de cuota social $75 mensuales y entre todos los servicios (luz, gas y electricidad) no llegaba a gastar el 4% de lo recaudado. Hoy, con la misma cantidad de socios y una cuota de $150, gasta más del 30% en el pago de esos servicios, así vemos que la vida económica de las instituciones está en peligro. Pero esta realidad se agrava en muchas de las instituciones del conurbano e interior de la provincia ya que ese porcentaje llega, en muchos casos, a superar el 70 %. A esto se le debe sumar los aumentos de los aportes laborales, ART y seguros.

Los inconvenientes económicos y la falta de respuesta del Estado en todos sus niveles en esta materia son evidentes. Se llegó al extremo de tal gravedad que raya con el desinterés de las autoridades responsables.

Los clubes cumplen una función social preponderante en el entretejido social de los barrios, las localidades o los pueblos. Son parte importante para la construcción de una sociedad sana, solidaria, participativa, integradora, democrática.

Los clubes de barrios, como las instituciones intermedias en general, nacieron como lugar de reunión de los grupos sociales que se establecían en los alrededores de las mismas, por eso tuvieron años de crecimiento a nivel estructural, edilicia y socialmente. Las crisis económicas recurrentes en el país han hecho que muchas de ellas hayan desaparecido o utilizadas para la explotación comercial sin ningún beneficio para la comunidad organizada.

En La Plata, en particular, decenas de clubes se han establecidos antes que el vecindario que conforman sus barrios de influencia y muchos de ellos fueron el lugar fundacional de éstos.

Los clubes pasaron de ser lugares esparcimiento o reunión social, a centros de contención social junto con los demás actores de la sociedad civil y, en muchos casos, el único referente social del lugar donde están afincados.

Las instituciones intermedias (clubes, bibliotecas, centros de fomentos, juntas vecinales) son actores sociales que mediante un abanico de propuestas deportivas, educativas, formativas, culturales y sociales, en su mayoría, plasman las características sociales y vecinales del lugar.

Mientras las instituciones de la comunidad organizada son golpeadas por el tarifazo en paralelo a la pérdida de masa societaria por la anemia salarial de las familias platenses, las empresas se sirven de recursos en un banquete al que los ciudadanos de a pie no fueron invitados. Bolsillos magros deben enfrentar aumentos leoninos que engrosan las ganancias desmedidas de las empresas de servicios públicos privatizadas que hasta se regodean en la burla a la justicia, ya que tampoco acatan las sentencias de los jueces. Una pelea en desnivel donde el Estado árbitro brilla por su ausencia.

Las vidriosas reglas de juego a las que están sometidos los centros de reuniones sociales que contienen a todas las franjas etarias de la comunidad con sus diversas actividades, ponen en jaque su continuidad. No maten a los clubes, ya no queda casi tiempo para revertir la situación, las soluciones deben llegar de inmediato y tienen que emanar desde la gestión con auxilio de la política. Soplan vientos fríos que pueden helar lo poco que queda en pie.

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