“Los hinchas de Estudiantes y también los de Gimnasia, me reconocen cuando vienen y muchos se sorprenden de verme acá”, cuenta Rubén Agüero, más conocido como el Negro, a 0221.com.ar, sentado detrás de un improvisado mostrador, donde exhibe distintos tipos de viandas en uno de los transitados pasillos del ministerio de Educación. Así, el querido exdefensor y técnico albirrojo, pasa sus mediodías ofreciendo ricas ensaladas, sándwiches de milanesas y porciones de tarta.
Integrante del emblemático equipo del Pincha campeón en el torneo Nacional de 1983 y habiendo defendido la camiseta de la Selección argentina, el exfutbolista mendocino demuestra su sencillez y bajo perfil, atendiendo un emprendimiento que tiene como objetivo principal fines solidarios. “Estoy acá dándole una mano a mi sobrina. Ella ayuda a la Iglesia del Perpetuo Socorro y a las acciones del Padre Mario, quien está pasando por un momento delicado de salud y como yo soy muy agradecido a él, los ayudo”, explica Agüero, lamentando al mismo tiempo estar lejos del verde césped.
El Negro llegó a Estudiantes para aquel recordado certamen del 83’, en donde era dirigido por Eduardo Manera y compartía la defensa con el Tata Brown, Julián Camino y Claudio Gugnali, con quienes mantiene una excelente relación. “Lamento mucho lo que está pasando con el Tata, pero no me sorprende porque los que estamos cerca suyo sabíamos de esta enfermedad”, fueron las palabras que expresó sobre el estado de salud de su amigo y compañero de zaga de mucho tiempo. Otro con el que habla permanente es con Sabella: “Con Alejandro tenemos diálogo y él está recuperándose porque quiere volver. Quizás no sea como DT, pero si para estar dentro del fútbol”.
Vestido con pantalón deportivo y remera oscura, las canas que se apoderan de la cabellera de Agüero, algo que deja en evidencia sus 59 años de edad. Luego de jugar dos años por el 20% en el Pincha, en 1990 decidió partir a Lanús, donde estuvo junto a Miguel Russo, descendiendo con el Granate y logró volver a Primera inmediatamente. Ya en el 93’ tuvo un fugaz paso por el fútbol ecuatoriano y volvió al país para dirigir en las inferiores albirrojas, tras haber culminado con el curso de técnico. “Al poco tiempo que estaba trabajando en el club agarró Córdoba como entrenador y yo fui como su ayudante de campo. Luego de más de dos temporadas me largué solo y pasé 21 años dirigiendo”, detalla el recordado ex jugador del León, sin perder de vista las viandas y atento ante la llegada de los potenciales compradores que caminan de una oficina a otra.
El verlo lejos de una número 5 o de una cancha de fútbol, sorprende a aquellos memoriosos hinchas que lo ven, le compran y lo recuerdan anticipando o quitándole la pelota a un rival. Siendo parte de una de las etapas más gloriosas de Estudiantes, la pregunta de por qué no se encuentra trabajando en el club, es recurrente y a la cual contesta: “Tengo una excelente relación con Sebastián y me dijo que me acercara al club cuando quisiera. La verdad es que yo a esta altura siento que no estoy para pedir limosnas o algo por el estilo, por lo tanto saben muy bien que si me necesitan, que me llamen y yo voy a estar”.
Lo del expendio de comida en el ministerio de Educación es algo circunstancial para Rubén Agüero, que hace poco vendió un polirubro en Los Hornos para volver a dedicarse de lleno a su carrera como entrenador. “Hoy está complicado conseguir club porque en el ambiente del fútbol argentino se mueven siempre alrededor de los mismos nombres. A eso sumale que en el ascenso hay menos categorías en el interior y las instituciones no salen a buscar técnicos de afuera”, sostiene el Negro, asegurando que su mira está apuntada hacia Ecuador o Perú, donde ya tiene algunas ofertas.
Con humildad, sencillez, gratitud y calidez, el hombre que supo obtener un campeonato con Estudiantes y jugar 6 encuentros con la Selección argentina, hoy ofrece exquisitas ensaladas y sándwiches, para ayudar a su familia y con fines benéficos. El mendocino que llegó a La Plata y se enamoró del Pincha, asegura que no le falta nada, pero tampoco le sobra mucho. Se aferra a las cosas sencillas, agradece haber inculcado en sus hijos el amor por el León y poder ver cómo crece uno de sus nietos. Sin embargo ahora lo único que busca es volver al ruedo, dejar las viandas de lado y seguir engrosando su currículum como DT.