La noche del 29 de junio de 2017, Analía había vuelto a su casa después de rendir un parcial. Mientras ella y su hijo menor de 3 años cenaban, su esposo en ese momento, C.A.T., se preparaba para ir a un velorio de un compañero bombero de la estación de Ensenada, donde se desempeñaba -y sigue haciéndolo- como oficial jerárquico. El nene terminó su helado y Analía le dijo que vaya a saludar a su papá -aunque no lo era biológicamente, estaban juntos desde el embarazo.
Las palabras del nene la dejaron en shock:
-No, mamá, porque si le doy un beso papá me baja el pantalón y me toca la cola.
"Quedé helada. No sé cuántos minutos pasaron hasta que pude reaccionar. Y fui y lo encaré. Él se empezó a agarrar la cabeza y caminaba por toda la habitación. Ponía excusas, decía que seguramente se habría confundido porque cuando jugaban a las cosquillas lo pellizcaba ahí", cuenta Vanesa a 0221.com.ar casi dos años después. Su intuición, además de ciertos indicios, hicieron que le crea al nene. No estaba equivocada: después de radicar la denuncia penal ese mismo día, sus otras dos hijas -una nena de por entonces 9 y otra de 18- le confesaron que también habían sufrido abusos de parte del padrastro.
La pareja se había conocido en 2012 mientras Analía realizaba sus estudios para ser bombera. "Es un depredador, busca víctimas en el lugar donde él trabaja. En ese momento yo no tenía para comer y estaba embarazada, era muy vulnerable. Esto me doy cuenta ahora, porque en el momento pensé que era mi príncipe azul: se había hecho cargo de mi hijo, que no era el suyo", dice con pesar. El idilio duró justamente hasta junio del 2017, cuando después de la denuncia de su hijo menor, las otras contaron sus vivencias. De hecho, la nena de 9 -que ahora tiene 11- declaró en cámara Gesell y aportó prueba en la causa, que investiga el fiscal platense Álvaro Garganta (IPP 24918/17).
C.A.T. debió cumplir desde ese momento una perimetral, que lo obliga a estar a más de 200 metros de Analía y sus hijas. Se trata de una medida judicial que se va renovando cada determinados meses, pero que aun así el denunciado se niega sistemáticamente a cumplir. "Sé que la justicia es lenta, de hecho la causa va adelantada porque vengo todos los días. La idea es que la apuren un poco", pide la mujer, que radicó al menos dos denuncias en lo que va del año por violación de la perimetral.
"Él incumple todas las perimetrales y la policía de Ensenada no se lo lleva. Él los conoce a todos, ese es el tema. Incluso el año pasado me acerqué a Bomberos Voluntarios para comentarles la situación, porque ellos se consideran una institución honorable. Les fui a pedir ayuda para que él no esté en las calles , evitar cruzármelo, no solo por mí sino por el resguardo de mis hijos. Fui el 3 de enero de 2018 a las 19.20 y me firmaron un papel diciendo que ellos me iban a dar una solución. Pero sigue en bomberos y va a todos los actos como el gran bombero siendo oficial. Es totalmente injusto", manifiesta Analía a este medio.
El 19 de febrero del año pasado, Analía y sus hijos estaban en el corsódromo de Ensenada cuando C.A.T. volvió a acercarse, otra vez a pesar de la perimetral: toda la familia tuvo que irse del lugar. El 5 de febrero de este año, la mujer y sus hijas se presentaron con el corso en Bavio y él las volvió a seguir. "Como no estaba en jurisdicción, aunque tenía la perimetral en el micro, hice la denuncia acá unos días después", cuenta. Pero el 12 de este mes, apenas una semana después de ese episodio, el hombre la siguió hasta el local de una amiga de ella, que está en pleno centro de la ciudad.
"Vi que estaba a 3 o 4 negocios y también estaba la Policía Local. Las agentes que estaban ahí llamaron a otros policías, que aparentemente lo conocían. Me pidieron datos y uno de ellos dijo que a él no le saltaba nada en el sistema, aunque yo les estaba mostrando la medida perimetral en papel ahí mismo. Me dijo que vaya y lo hablé con la jueza", dice Analía con bronca. Terminó yendo a hacer la denuncia a la Comisaría de la Mujer, donde ninguno de los oficiales quiso darle el nombre de los dos agentes que le habían negado ayuda.
"Debería haber ido aprehendido, la misma mujer policía me lo dijo. Pero tampoco quiso darme demasiada información porque podía perder el trabajo. Yo quiero denunciar esto en los medios porque si me pasa algo a mí o a mis hijos, él y la Justicia van a ser los únicos responsables. Yo participo de los corsos pero me daba miedo salir, vivimos encerrados y él hace lo que quiera. Pero este año voy a salir igual", relató la mujer. Su temor, para nada infundado, es que tanto los Bomberos como la Policía lo estén protegiendo hasta que la Justicia resuelva medidas.
Mientras tanto, este medio pudo saber que la Fiscalía realizará pericias en las próximas semanas que buscarán determinar la situación psiquiátrica del acusado.