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Desafíos globales y demandas locales

26 de febrero de 2019

El mundo en el que vivimos nos enfrenta a grandes cambios y desafíos, muchos de ellos motivados por la gran crisis del capitalismo contemporáneo que se vuelca cada vez más hacia un modelo rentista y excluyente, sumado a las consecuencias de un desarrollo no controlado que profundizan y aceleran los riesgos del cambio climático.

Algunos especialistas afirman que este escenario refleja una situación de desigualdad ambiental que crece en paralelo a la desigualdad socioeconómica, ya que la nueva distribución internacional del trabajo y del capital desplaza la mayor cantidad y peligrosidad de conflictos ambientales hacia las zonas donde residen las poblaciones más pobres y vulnerables.

En nuestro país, esta situación afecta tanto a las áreas rurales como a las grandes urbes, donde se concentra el 90% de la población. Nuestra región La Plata presenta serias deficiencias en este sentido ya que ha crecido, notablemente, sin ningún tipo de planificación y exponiendo a muchos vecinos a vivir en condiciones de riesgo e insalubridad.

En este contexto, se abren interrogantes sobre la función que las ciudades y los gobiernos locales deben cumplir en el control y preservación de sus territorios. Es necesario que el Municipio cumpla un rol activo en la mejor utilización de los recursos públicos para gestionar la ciudad de manera inclusiva, eficiente y sustentable.

Históricamente, La Plata ha sido una ciudad distinguida en el país y en el mundo por su diseño, su urbanización y por ser cuna del desarrollo y del conocimiento. Sin embargo, desde hace 40 años, esta definición ha cambiado drásticamente. Hoy vemos cómo la región se expande sin medir consecuencias ni calcular costos sociales y económicos, mientras que nuestros recursos formados para la productividad y la planificación son desaprovechados.

En este tema existe una premisa básica: para gestionar y mejorar las ciudades, es necesario conocer lo que sucede en ellas, sus particularidades, lo que sus habitantes viven, sufren, piensan y sueñan con respecto a su lugar. Para ello nada mejor que recurrir a las incubadoras de conocimiento y profesionales locales, como en nuestro caso la UNLP que, lamentablemente, pocas veces es tenida en cuenta por parte de la gestión municipal en los procesos de decisión y transformación.

Las ciudades que se proponen funcionar mejor se orientan cada vez más hacia modelos de ciudades inteligentes que abordan sus problemas de forma abierta, interconectada y participativa. Y, por nuestras características intrínsecas, existen numerosos temas que los platenses debiéramos afrontar de forma estratégica si queremos darles una solución efectiva.

Por ejemplo, en la cuestión de la movilidad urbana, en los últimos años, nuestra región se caracteriza por tener el mayor récord de accidentes fatales de tránsito del país. Por otro lado, el sistema de transporte público es completamente deficiente y ya son conocidos los reclamos constantes por el incumplimiento de frecuencias, el estado de las unidades y la falta de acceso a muchos barrios.

En este sentido, junto a la UNLP y organizaciones involucradas en el tema, venimos proponiendo la necesidad de debatir y consensuar un Sistema de Movilidad Urbana eficiente, no contaminante y accesible a todos. Que optimice medidas preventivas como el control de tránsito, el mejoramiento de las calles, la luminaria, la señalización y la educación vial. Y que también modernice el transporte de pasajeros, incorporando medios alternativos como bicisendas, circuitos peatonales, tranvía o trolebus.

Otra cuestión que representa uno de los grandes problemas ambientales de nuestra región es la de los servicios públicos. La infraestructura de agua potable, cloacas, desagües, suministro eléctrico y gas, está colapsada por la construcción desmedida y la falta de inversiones, expansión y mantenimiento. Como consecuencia, nos vemos expuestos a vivir en un estado de alerta permanente y, muchas veces, en condiciones insalubres y poco dignas.

En el ámbito de los municipios, esa tarea requiere un compromiso con la sostenibilidad urbana por medio de la promoción de acciones estructurantes y articuladas con las empresas proveedoras de servicios. Es fundamental tomar la iniciativa en la elaboración de planes de obras integrales, así como en inversión en tecnologías de reutilización y creación de políticas de incentivo al uso consciente y eficiente de los recursos.

La gestión de los residuos urbanos es otro tema preocupante con impacto directo en la salud, el medio ambiente y la calidad de vida. Debemos ir hacia un Sistema de Gestión Integral de los desechos que incluya desde la prevención en la fase de generación de basura y la separación en origen hasta el reaprovechamiento, reciclado y tratamiento adecuado de cada tipo de residuo. Tenemos que dejar de perder tiempo y recursos en esta cuestión con sistemas que radican en la difusión de slogans publicitarios y no arrojan resultados reales y controlables.

Son muchas las cuestiones que se pueden abordar desde la gestión local para reducir las desigualdades ambientales que mencionábamos al principio y garantizar el bienestar de todos. Entre ellas, podemos seguir enumerando: el problema del uso de agroquímicos en el cordón frutihortícola sin control ni regulación, que afecta tanto la salud de los productores, como la de los consumidores y vecinos de las zonas de cultivos; la previsión del riesgo hídrico y el desarrollo de un sistema de alerta temprana en un territorio inundable como el nuestro; la promoción de una política de educación ambiental que impulse la valoración de los bienes comunes y las conductas sustentables; entre otros.

En definitiva, La Plata tiene un gran capital humano formado, posee el cordón frutihortícola más importante del país. Ha logrado desarrollar un polo científico-tecnológico con altísimo potencial, y cuenta además con un reconocido patrimonio histórico e importantes servicios gastronómicos y culturales. Aprovechemos al máximo estas fortalezas para convertirnos en una ciudad inteligente que dé respuestas eficientes, inclusivas y equitativas a los nuevos desafíos del mundo y a las demandas de nuestros vecinos. Ese es el compromiso que debemos asumir, cada uno aportando desde su lugar.

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