lunes 13 de abril de 2026

Condenaron a perpetua a cuatro genocidas del Batallón de Comando 601 de City Bell

Fueron juzgados cinco exmilitares del Batallón de Comunicaciones de Comando 601 de City Bell por los delitos de lesa humanidad de "homicidio, privación ilegal de la libertad y tormentos" aplicados a una nena de 12 años, además de la "sustracción, retención y ocultamiento" de su hermano de 10 y su hermana de 18 meses. El Ministerio Público Fiscal había pedido prisión perpetua para todos los acusados.

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Este lunes fueron condenados a cadena perpetua el entonces segundo jefe del Batallón de City Bell, Carlos Alberto Bazán; el exoficial de Inteligencia de esa misma unidad, Francisco Ángel Fleba; el exoficial de Operaciones, Eduardo Arturo Laciar; y el exjefe de la Compañía B, Daniel Eduardo Lucero. En tanto que el exsubteniente de la Compañía B, Eduardo Enrique Barreiro; fue absuelto y se ordenó su liberación.

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Los altos jefes del Batallón fueron juzgados por los hechos cometidos en la mañana del 6 de septiembre de 1977. En base a los testimonios de exconscriptos, la fiscalía indicó que fueron parte del operativo las compañías "A", "B" y la de Comando y Servicio, con todos los oficiales de alto, mediano y bajo rango, incluidos los soldados conscriptos. En ese marco, la Justicia dio por acreditado durante la investigación que participaron entre 900 y 1000 oficiales y soldados.

Aquella jornada, María Nicasia Rodríguez, de 34 años, y Arturo Alejandrino Jaimez, de 22, fueron asesinados con múltiples disparos de armas de fuego. Ambos militaban en Montoneros, pero Rodríguez, además, era mamá de una nena que por entonces tenía 12 años, de un varón de 10 y de la beba de un año y medio que fueron hallados en el baño de la casa atacada. Los tres pequeños fueron secuestrados y la mayor de ellos fue introducida al circuito de centros clandestinos de detención, donde fue abusada sexualmente, torturada y obligada a identificar a los compañeros de militancia de su mamá.

El resto de los hermanitos estuvo desaparecido durante ocho días, tiempo durante el que pasaron por diferentes dependencias policiales hasta ser devueltos a su familia.

El cuerpo de Rodríguez fue recuperado en 2007 por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en una tumba sin nombre en el cementerio de la ciudad, mientras que el de Jaimez aún sigue desaparecido y no hay rastros de él.

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