Hace apenas unos días, la Asociación de Academias de la Lengua presentó la 23ª edición del Diccionario de la Lengua Española que incluye 1.100 modificaciones entre enmiendas, acepciones y nuevos vocablos. El director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, la definió como "renovadora, casi revolucionaria".
Según informó la periodista de TN Silvana Stabielli, la responsabilidad por las correcciones e inclusiones está en manos de las 23 academias de la lengua que se han ocupado de recolectar, durante mucho tiempo, las "peticiones" de los hablantes en distintos puntos del planeta. Los encargados de presentar el trabajo explicaron que para las modificaciones se basaron en la cantidad de consultas y menciones. La lista de palabras recientemente incluidas escala a un total de 88.
Mensajear es una de ellas. Se trata de un verbo -neologismo- que se formó a partir del sustantivo "mensaje" y que refleja el espíritu económico del lenguaje: por qué usar dos palabras si podemos usar una. Se trata de la forma elegida por los hablantes frente a la sugerida por la RAE, que hasta ahora era "enviar un mensaje".
Otra invención popular, ahora aceptada, es "cumplemés", otro neologismo. En tiempos de relaciones líquidas, vale la pena un brindis cada treinta días y lo festejamos con esta palabra. La tercera, en la misma línea, es "antitaurino", definida en el nuevo diccionario como lo "contrario a las corridas de toros o a otros espectáculos en los que intervienen estos animales".
EXTRANJERISMOS
El rechazo a los extranjerismos ha sido una constante sostenida por las academias. Pero a pesar de la perseverancia por intentar castellanizarlo todo, la realidad es que las formas se cristalizan según la elección de quienes usan la lengua. En Argentina, por ejemplo, nadie dice "ratón" en lugar de mouse y pocos optaron por "correo electrónico" frente a la palabra inglesa "mail".
En esta revisión, los especialistas se rindieron frente a la evidencia y aceptaron tres formas foráneas: "brunch", la combinación de breakfast y lunch, para definir desayunos copiosos tardíos; "brioche", el nombre francés para el bollo redondo dulce típico de la patisserie française; y "brochure", que corresponde a lo que nosotros conocemos como un folleto impreso sobre un determinado tema o producto.
Además, en esta edición renovada aparecerá por primera vez el término "beatlemanía" para aludir a la "afición acusada por la música y la estética de los Beatles". En este caso particular, las divergencias surgían por la dificultad para admitir un término formado por una parte en inglés y la otra en castellano. Este conflicto no se les planteó a los fanáticos de los ídolos de Liverpool que crearon este término para describir una pasión que no hubiera podido ser nombrada de otra manera.
Frente a esta inclusión que tardó tanto en llegar al diccionario, asombra la celeridad con que se imponen los términos relacionados con el daño que la humanidad provoca al medioambiente. Ecocidio o microplásticos -palabra del año para Fundéu en 2018- son dos ejemplos de cómo el drama del cambio climático irrumpe en la lengua. En esta nueva edición, se incluyó "arboricidio", de arbori- y -cidio, para ponerle nombre al crimen de la tala injustificada de árboles.
Tal como explicó Stabielli, las palabras dan cuenta de una visión del mundo. Aparecen para inventariar nuevas realidades, nuevos conflictos y nuevos hábitos sociales, esa es la función fundamental. Llegar al diccionario es un destino posible y deseable, pero es un proceso largo que no entiende de urgencias.