Este jueves 21 de noviembre a las 21 La venganza será terrible desembarca una vez más en el Teatro Coliseo Podestá de nuestra ciudad. Con Alejandro Dolina a la cabeza, el exitoso programa de radio ya lleva tres décadas al aire y continúa igual de convocante, llenando todas las salas en donde se presentan semana a semana, no solo en el país sino en Europa. En diálogo con 0221.com.ar, otra de las piezas fundamentales de esta creación -el multifacético Gillespi- intenta explicar la vigencia de toda esta historia que lo hace feliz, en su eterno camino hacia la libertad artística. La música, el paso del tiempo, sus proyectos, sus enojos y la incógnita de lo que se viene a manos de Alberto Fernández y Axel Kicillof.
"Yo no tengo el objetivo de comprarme una trompeta de oro ni de tocar con Shakira, no pienso en esos términos; sí lo que busco es la libertad, ir construyendo cada vez un modo de vivir en donde tenga cada vez más libertad. En el caso de los artistas, de los que nos gusta lo artístico, ese es el enemigo, la falta de libertad. Todo el tiempo el entorno trata de que uno no tenga la libertad", define.
A Marcelo Rodríguez todos lo conocemos como Gillespi, el nombre que lo acompaña en cada uno de sus numerosos proyectos en las distintas variantes repletas de talento: sus discos, sus personajes humorísticos en radio y televisión y sus libros. Mientras se prepara para dar a conocer un disco en vivo que resume sus presentaciones de los miércoles en Bebop Club, continúa componiendo en su guarida de Monte Grande y dándose el gusto de divagar con su trompeta junto a Dolina por las noches en La venganza será terrible.
"Es difícil encontrar un solo motivo que explique la vigencia de LVST, esa es la gran pregunta", piensa. "Es muy difícil hacer un programa de dos horas que no tenga nada de actualidad, en donde de repente el Negro busque data de la Grecia antigua y que la gente lo escuche. Hay público de todo tipo que se mezcla en las presentaciones. Casos como el de Dolina son muy atípicos", agrega en ese sentido.
Gillespi tiene muchos años de trayectoria artística y en su recorrido se fue codeando con pesos pesados del mundo de los medios, la música y la literatura. Solo por nombrar algunos, tocó y grabó con Sumo, Soda Stereo, Divididos, Las Pelotas, Luis Salinas, Javier Malosetti, Charly García y Pedro Aznar, entre tantos otros. Su experiencia lo transformó en un tipo que busca la felicidad en la simpleza de trabajar en calma con amigos. Ingenioso y de buen humor, es de esos seres humanos que parece que nunca se enojan. "Trato de estar todo el tiempo rodeado de una atmósfera buena. Las cosas que me hacen enojar son generalmente las de la vida cotidiana, cuando perdés un poco el control, por ejemplo cuando andás de acá para allá, te pasás dos cuadras y que esa cuadra esté cortada y que empieces a desviarte", explica.
"A mí me gusta mucho hablar con mis amigos cuando se plantea un tema y a veces los atajos intelectuales en el discurso me embolan; esa cosa de tirar muchos eslóganes que se ven en las redes sociales cuando hablás de política. A veces nos reímos en LVST de cosas que son exageradas pero que pertenecen a esto que digo: que por ejemplo hay gente buena y mala -el perro es un animal bueno, el tigre es malo, el cornalito es bueno, el tiburón es malo-, esa idea de que las cosas son así y punto. Esa cosa un poco me saca. Se ve mucho en el ambiente artístico: vos decís que Jorge Rial es malo, Luis Novaresio es bueno ¿pero cómo, no tienen algo de bueno y malo todos?", reflexiona.
LA MÚSICA
Volviendo a la cuestión de la búsqueda de la libertad como objetivo personal, Gillespi cuenta que "cuando vos te profesionalizás en la música, cada avance tuyo hacia el éxito o la consagración es una concesión que vos vas teniendo que hacer. El día que te sentás frente al presidente de la Sony Music para hacer el gran contrato de tu vida, el tipo te trae un contrato de cuarenta hojas en donde ellos te piden todo lo que tenés que hacer, no dice 'contrato, punto 1, haga lo que quiera, punto 2, sea feliz tocando'. No, no, lo que dice es 'punto 1, a discográfica bla bla bla, punto 2, el artista se compromete a bla bla bla'. Todo el tiempo vas perdiendo un poco".
Por eso disfruta de componer y grabar a su tiempo, intentando adaptarse a un contexto en donde todo parece ser efímero. "Yo soy de la época del disco físico. Para mí un disco se agarra con la mano pero hoy no sé quién lo puede escuchar, algo que también sucede con el vinilo. Es muy lindo pero si le regalás un vinilo a un tipo te dice '¿y esto dónde lo escucho?'. Es algo raro. Yo sigo pensando en el concepto de un disco que tenga determinada cantidad de canciones y que haya una especie de hilo conductor. Yo no me imagino estar en un sistema random en donde el oyente escuche un tema mío, después venga uno de Piñón Fijo y luego la Sinfonía 5 de Beethoven", se planta.
Y en ese sentido va más allá y manifiesta su batalla contra la lógica del mundo virtual y las redes sociales: "Yo me niego a publicar un tema, aunque bueno, eso tal vez es el signo de estos tiempos y uno tiene que ser así, porque hoy por hoy lo que trasciende es esta cosa medio viral de un videíto del perrito que salva a una paloma y no una película de dos horas de Hitchcock. Por ahí habrá que hacer ese tipo de música, una melodía de 30 segundos y listo, lo tirás a internet. Pero bueno, por más que pueda tener Spotify y mis hijos escuchen música de ahora y yo también haga música y mezclas en la tablet, yo de alguna manera le soy fiel a mi historia, quiero adaptarlo todo y llevarlo a mi modo, y por supuesto que no soy un tipo retrógrado".
EL PERONISMO Y LA IZQUIERDA ROMÁNTICA
"Me resulta muy difícil encontrar claridad entre todo lo que pasa; algunas cosas las conocemos y otras no. La realidad es más compleja", es lo primero que responde el creador de Aníbal Hugo cuando este portal le pregunta cómo analiza la situación social y económica argentina.
"El país está re complicado; es un país que hace muchos años viene entre tratar de sacar la cabeza de la línea de flotación y hundirse. No es un país decididamente rico, al contrario, siempre está por debajo de países en vías de desarrollo o del tercer mundo, como quieras decirle. Hay que ver cómo podemos zafar todos, no en el sentido de llenarnos de plata: es como estar en un barco en donde tenemos treinta latas de atún y dos botellones de cinco litros de agua ¿cómo hacemos? Acá celebro al peronismo, aunque yo soy más de la idea de la izquierda romántica, de la época de la facultad. Pero bueno, no existe eso, es muy inviable, hay que ir a lo concreto", agrega.
Y haciendo referencia al cambio de Gobierno que se viene en diciembre, Gillespi se muestra "muy expectante de ver lo que encuentran Alberto Fernández y Axel Kicillof. Quiero ver qué balance hacen de entrada. Yo no creo más nada, ponés un programa y te dicen que Vidal es la mejor gobernadora que existió sin darte una cifra de nada. Necesito ver en qué situación real estamos" y cita y recomienda el documental de Netflix Cambridge Analytica. "A mí me sirvió mucho verlo".
Este jueves 21 vuelve a pisar La Plata, como tantas otras veces. Ciudad que para él es "un semillero natural, quizás por la gran movida de jóvenes, porque es una capital de estudio. A mí me resulta además muy linda, ir a La Plata es un placer. Es una ciudad distinta, tiene una estirpe especial, se respira otro aire y tiene una gran movida nocturna: yo en una época tocaba mucho con la banda". La cita es en 10 entre 46 y 47 desde las 21, en donde buscará una vez más intentar entender el por qué del éxito y la vigencia de la creación de Dolina.