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Tuvieron cáncer, reman para evitar secuelas y concientizar: la lucha de las Dragones Rosas

Son 18 remeras que superaron el cáncer de mama y entrenan todos los sábados en el Club Náutico de Berisso, donde ya comenzaron a usar el bote chino que esperaron por tanto tiempo. En el Mes del Cáncer de Mama, dan testimonio sobre el valor de este deporte como una experiencia favorable en la recuperación y motivación para otras pacientes. La importancia de la detección temprana.

Todo se inicia con una ceremonia china. Se coloca una gran cabeza de dragón en la proa y la cola del mítico animal en la popa. Luego, una mujer que empieza a tocar el tambor mientras otras a remar de manera sincronizada, guiadas por la que oficia de timonel. Una marea que avanza coordinada por el Río de La Plata, como lo hacen las Dragones Rosas, el grupo de remeras que vencieron el cáncer de mama y hacen este deporte para recuperarse de las secuelas, sino también para alentar a otras personas que luchan contra la enfermedad y concientizar sobre la detección temprana. Tras conseguir el bote que esperaron durante varios años, hablaron con 0221.com.ar sobre la asociación.

Ninguna de las 18 mujeres de entre 40 y 70 años que conforman el grupo había agarrado un remo en su vida y tampoco se había subido a una canoa o a un kayak. Pero sí sabían cómo afrontar el riesgo. “Me enteré a través de la psicooncóloga que me trataba en la clínica donde hice el tratamiento y me dijo que se estaba armando un grupo. Empecé a participar y ahora soy la presidenta. Todas hemos pasado en distintas circunstancias por el mismo diagnóstico”, cuenta Jenny Bolatti, que preside el espacio. Y remarca sobre la actividad: “Está bueno porque además la pasamos muy bien”.

La idea surgió en 2013, primero como mujeres con esa misma historia. “La iniciativa la trajo Adriana Bártoli, una platense que vive en Canadá. Tuvo cáncer de mama allá y se contactó con un grupo que se llama ‘Abreast in a boat’, que rema para recuperarse de las secuelas que puedan dejar la operación o el tratamiento. Entonces, quiso traer la idea a su ciudad natal”, recuerda.

Esta disciplina de origen chino tiene dos mil años de historia y es practicada por millones de personas en todo el mundo. En tanto, la movida a nivel internacional surgió hace casi tres décadas, de la mano del estudio del médico Donald Mc Kenzie, que demostró los beneficios de este deporte náutico.

Demostró que el remo disminuía todas aquellas secuelas, sobre todo el linfedema, el edema del brazo que provoca la cirugía del cáncer de mama o las complicaciones posteriores en las cirugías. Él trabajó con 20 mujeres en un gimnasio y demostró que remando se removían todas esas secuelas y generaba una actitud muy positiva físicamente. Estas 20 mujeres –de la que hoy solo vive una– quisieron seguir remando juntas y encontraron en este bote chino milenario un lugar donde hacerlo. Esto fue creciendo en el mundo y llegó a nuestro país”, detalla Jenny.

Y agrega: “Todo está nucleado en la Comisión Internacional de Remeras contra el Cáncer de Mama (IBCPC). Son 226 equipos de 24 países. En Argentina empezó prácticamente con nosotras y hay grupos en Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Neuquén, Río Negro, Tierra del Fuego. De argentina son nueve los equipos federados internacionalmente”.

En 2016 consiguieron la personería jurídica como asociación sin fines de lucro y cambiaron su nombre a Dragones Rosas. Inmediatamente empezaron a juntar fondos para poder comprar el ‘dragon boat’. Pero no fue fácil. “Para la sociedad la palabra cáncer es una palabra temida. Tuvimos cabida en algunos lugares, pero recaudar dinero fue de las cosas más complicadas, porque la gente no se abrió demasiado a colaborar por este temor. No hay un rechazo, pero sí un resquemor”, resalta la titular del grupo de remeras.

Después de tres años y 40 días de viaje, la primera parte del sueño se cumplió. El 4 de septiembre llegó el bote desde China y lo usaron por primera vez el 7. “Remamos en el canal paralelo a la calle Génova, saliendo del Club Náutico de Berisso. No se dan una idea lo que fue para nosotras, después de tanto tiempo de esperar tantas cosas. Nos costó muchísimo. Cuando me subí me dio una cosa tan rara, una mezcla entre emoción, alegría, disfrute”, dice Jenny con una gran emoción. Hasta ese momento, entrenaban en canoas y kayaks.

Las Dragones Rosas fueron distinguidas en todos los ámbitos y son reconocidas por su labor social. En julio de 2018 participaron del Dragon Boat Festival que se hizo en Florencia, Italia, mientras que a fines de junio de este año dos de las integrantes tomaron un curso de timonel y tamborillera en Brasil.

“El bote mide 12,4 metros de largo sin la cabeza y la cola. Adelante va un tamborillero, que tampoco tenemos aún todavía. La persona que va a ser tamborillera se tiene que entrenar, porque no es solamente golpear el tambor. Yo fui a hacer el curso de timonel. Es un bote de timonea de un solo lado y tiene movimientos y maniobras muy particulares. Hay que llevar un bote de 12 metros con 20 personas”, remarca Jenny.

Noviembre será otra fecha clave. Participarán del encuentro “Latinoamérica en Rosa” que se hará en Neuquén y que contará con la presencia del mismísimo Donald Mc Kenzie, además de Mary Gibson, la presidenta de la IBCPC y de los principales equipos del mundo.

Mientras se preparan para esas jornadas, entrenan todos los sábados de 13 a 15 en Berisso, bajo las órdenes de la profesora María Laura Libardoni. “Lo que queremos demostrar con nuestra actividad es que se puede vivir plenamente después de haber atravesado un cáncer. Justamente lo que hay que hacer es eso. Diagnosticarlo temprano y atravesarlo. Curarse y salir. Ese es nuestro lema fundamental”, subraya. Ése es otro de los pilares de la asociación: “A la par concientizamos, para atraer gente. Que se acerquen, que le pierdan el miedo a la palabra cáncer”.

Por ahora reman en el canal desde el que sale la lancha comunitaria hacia la Isla Paulino, al menos hasta tomar más experiencia, confianza y poder empezar a alejarse un poco por el Saladero, en la zona del depósito de containers nuevo. Están totalmente convencidas que ahí se va a agolpar la gente para verlas llegar. “Es muy llamativo, más cuando le pongamos la cola y la cabeza. Se hace después de una ceremonia que se llama el ‘despertar del dragón’, que es china. Cuando el equipo está preparado al 100% para navegarlo, se hace la ceremonia, se le pone la cabeza y la cola y se lo lanza al agua y el equipo rema”, adelanta. Y cierra: “Es realmente fascinante. Lo hablo y se me pone la piel de gallina. Remar así juntas, sentís que sos una sola cosa con tus compañeras y eso es muy fuerte”.

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