Acompañados por efectivos policiales, agentes municipales accedieron a la casa donde el odontólogo Ricardo Barreda asesinó a sus dos hijas, su esposa y su suegra, para limpiarla, desinfectarla y eliminar la invasión de roedores que había en el lugar. Los trabajos se realizaron gracias a un permiso judicial y tras las denuncias de los frentistas de la zona por el abandono en que se encuentra la vivienda.
Fue tras haber recibido el permiso de la jueza Marcela Garmedia que los funcionarios ingresaron a la casa, ubicada en 48 entre 11 y 12, para realizar las tareas de limpieza.
El lugar donde ocurrió el cuádruple crimen se encuentra detenido en el tiempo, con un notable deterioro producto del abandono y en pleno proceso de expropiación a partir de una iniciativa para utilizarla como centro dedicado a la prevención de violencia de género.