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Delegar: una salida al laberinto de calle 12

17 de enero de 2019

Cerca de un millón de habitantes distribuidos en 23 localidades que ocupan más de novecientos kilómetros cuadrados de superficie. Creer que se puede gobernar una ciudad de esas características desde el Palacio de calle 12 es una idea por lo menos descabellada. Por eso es decisivo que los platenses reeditemos el debate sobre el rol que deben cumplir las delegaciones municipales, hoy sin recursos, sin tecnología y convertidas en una suerte de receptorías de reclamos vecinales que mueren cajoneados sin respuesta.

Con una tasa de crecimiento superior a la media de la Argentina, y frente al desembarco inminente de nuevos y polémicos desarrollos urbanísticos que sumarán nuevas necesidades, la ciudad requiere ahora más que nunca redefinir el rol de las delegaciones municipales para brindar respuestas rápidas y concretas a cada una de las inquietudes y demandas vecinales.

El año pasado llevamos al Concejo Deliberante más de un centenar de reclamos. Eran casos de vecinos que ya habían reclamado sin éxito en sus respectivas delegaciones. Vecinos que habían llegado al hartazgo frente a la desidia de señores delegados que repetían "no tenemos recursos", como un disco rayado.

Que el Concejo Deliberante trate expedientes sobre la reparación de una luminaria quemada o una zanja tapada habla del fracaso rotundo y absoluto de la administración municipal en los barrios. A punto tal que hoy los vecinos eligen publicar sus reclamos en las redes sociales a intentar una respuesta de sus propios delegados.

Es inaceptable y vergonzoso que los vecinos tengan que perder un día de trabajo para presentar una queja en el Palacio Municipal, y obtener así la única y poco certera garantía de un sello de mesa de entradas. Es inaceptable y vergonzoso que esto ocurra en tiempos de "gobiernos electrónicos" e intendentes que dicen estar "chochos con las Apps".

En fin, frente a una administración que no logra dar respuestas, y ante lo que se perfila como un "colapso vecinal", descentralizar el gobierno y dotar de recursos propios a los barrios es clave para la etapa que viene.

Hoy son miles los vecinos encerrados en el laberinto municipal. Piden algo básico: una contraprestación; es decir el servicio que tiene que brindar el estado municipal a sus propios contribuyentes.

Un ejemplo puede servir para graficar el drama de quienes viven atrapados en el laberinto de la desidia: Irma y Héctor son jubilados, viven en pleno corazón de Gonnet y desde hace seis meses vienen reclamando sin suerte por un pozo repleto de materia fecal en la puerta de su casa. Como si fuera poco, pagan cerca de mil pesos por mes de ABSA por agua que no es apta para el consumo humano. ¿Respuesta por parte de la Delegación? ¿Por parte del Municipio? Ninguna. "Estamos cansados; cansados del ‘siempre lo mismo’", dicen.

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